Joven y Alocada

Hace ya algunas semanas que se ha estrenado Joven y Alocada (2012), la ópera prima de Marialy Rivas, quien se hizo conocida dentro del circuito de festivales nacionales e internacionales con su corto “Blokes”, inspirado en un texto del afamado Pedro Lemebel. Ciertamente Joven y Alocada ha causado gran revuelo, sobretodo luego de recibir el premio a Mejor Guión en el festival de Sundance y una menos comentada selección en el Festival de Berlín (específicamente en la sección Berlinale Generation).

¿De qué se trata? Pues la cinta se basa en un Blog –real, de la periodista Camila Gutierrez- en donde la joven protagonista, Daniela (Alicia Rodríguez), una adolescente de unos dieciséis años, publica su prohibida vida sexual por la Internet, a la sombra de su evangélica, conservadora y cuicota familia. La muchacha, tras ser expulsada de su colegio por haber fornicado con un alumno menor –un colegio conservador también-, es enviada en castigo a trabajar en un canal cristiano. Es en este lugar en donde Daniela dará, a veces intencionadamente y otras no tanto, rienda suelta a su choriflai en llamas, metiéndose en un enredo amoroso con uno de sus compañeros de trabajo y lo que viene a complejizar aún más la situación: el surgimiento de su primer amor homosexual.

 

Siempre resulta un poco triste –y vaya que el cine nacional nos ha acostumbrado a ello- cuando una película intenta ser algo que no es, cuando se disfraza de profunda y reflexiva siendo, en realidad, pura banalidad. Joven y Alocada es precisamente el caso opuesto: un film fresco, sin pretensiones de ser una obra maestra y que termina siendo, casi intencionalmente, una película memorable y que no solo marca toda una época en el cine chileno –pues toma en serio la temática de la identidad sexual, contrastando casi por naturaleza con otros ejercicios poco afortunados como “Lokas” de Justiniano- sino que se transforma en una película capaz de identificar, muy probablemente, a toda una generación.

Y es que lo magnifico, a mi parecer, de la ópera prima de Marialy Rivas, es la sencillez de la escritura, esto sin desmedro de la eficacia del relato. El dramaturgo chileno Juan Radrigán dijo alguna vez que la única clave para escribir bien era ser honesto, y es precisamente ese el ingrediente que hace que Joven y Alocada resulte un film tremendamente frontal y profundamente auténtico, aun cuando muchas de las actuaciones –la mayoría- no den en la talla.

 

La mala noticia –y que no es nueva- es que no hay mucho qué decir a favor ni de la fotografía, ni del sonido –sobre todo en este último. En el aspecto visual la película se plantea desde el inicio una propuesta desprolija, sin embargo se quedaría quedar uno con la sensación de que pasa el delicado límite entre el efecto y el defecto, cito por ejemplo la escena donde madre e hija vuelven a casa después del primer día de trabajo en el canal de Daniela, dentro del vehículo el manejo de la cámara, para mi gusto es excesivamente temblorosa, tanto así que distrae y juega en un límite bastante peligroso. En el plano sonoro el problema se pone más serio, pues es difícil entender muchas veces lo que se dice, y otras pareciera estar desincronizado con la imagen, incluso no quedando claro en algunos pasajes si nos están pasando una voz en off o es efectivamente un audio diegético. A pesar de todo, estos problemas técnicos, que a ratos son bastante severos, no logran empañar el desarrollo del film, pero insisto que es una lástima que sean de esta naturaleza los problemas de una producción que podría alcanzar estándares bastante más altos, pues su guión y a ratos la dirección están a la altura. En fin, es esa la realidad en Chile, muchas veces los recursos no acompañan a los talentos, y no es de extrañarse, si cuando sucede que la industria cinematográfica va en alza, es precisamente cuando menor apoyo financiero reciben estas realizaciones y, ciertamente, se terminan en una suerte de cine casi de trinchera.

Pese a estos defectos técnicos, que resultan difíciles de obviar, Joven y Alocada tiene de fresco y de trasgresor por partes iguales, todo puesto en una propuesta “livianita”, diferente y sin embargo, más que familiar. Vale la pena verla, sin duda.