Cuántas veces nos habrá tocado estar en una fiesta aniversario del colegio, peña, bingo, en un pub o en algún carrete de evento cultural, escuchando bandas tributos de Metallica, Rage Against The Machine, Red hot Chilli Peppers o Nirvana. En cierta parte es agradable escuchar las canciones insignes del rock en nuestra cercanía y resulta un enorme placebo calmar esa angustia de no haber presenciado a tu banda por lucas, su separación o cambio generacional.
Más de alguna vez ha estado en el Andén de su paradero de Metro favorito y ver la cantidad de flyers de bandas tributos que tienen en el Mural correspondiente. No lo culpo por ser mediocre o conformista, si esto lo hace feliz…pero ¿Se da cuenta que los sustitutos le quitan posibilidad a bandas con propias creaciones? ¿El tributo, coarta la creatividad y originalidad? ¿Es mas seguro generar lucas con algo conocido, que arriesgarse a tener éxito propio?. Vamos a resolver esta intriga de por qué las bandas tributos son un cáncer y ponen en extinción a la banda original.
¿Por qué nacen los tributos?

Me puedo asegurar las lucas tocando sus temas de Gun’s Roses, sin que me linchen y no morirme
Es innegable la sensación de euforia y éxtasis que nos genera la música, ya sea por el hecho de solamente comprarnos una polera, usar un wallpaper o divagar en las redes sociales nuestro fanatismo. Para muchos es nuestra primera droga y atracción fatal, antes o sin la necesidad de aplicarse sakes, cortitos de tequila o volvernos maniáticos sexuales. La música distrae, olvida, doblega a la realidad en ciertos aspectos y nos influye en nuestra manera de ver las cosas. Entonces, aquí se derivan tres vertientes: Ser fan, ser un medio de cabida musical o ser músico. Esta última requiere constancia y un esfuerzo, del cual se divide en 2 más: Crear canciones originales en base a la influencia o replicar nuestra admiración La primera es el poder del enamoramiento en reflejar el aprendizaje y la segunda es el amor en su estado máximo, de donde quieres contarle al mundo lo bien que te hace la banda.
Tomando la admiración de tu banda, la replicas y te ves, cantas o tocas como ellos. Cómo se asimilan tanto y el esfuerzo de quizás tocar igual a una banda como Dream Theater, Deftones o Nine Inch Nails es un mérito, no van a faltar las oportunidades de poder tocar en algún lugar. Aún más, si estamos enredados en un mundo donde las entradas para los conciertos son caras, existe poca cultura de consumir música en formato original (físico u original), y hasta tu banda no venga nunca por ser poco rentable ¿Cómo no va ser posible que este tipo de bandas existan? Es un círculo vicioso, que va a privilegiar la oportunidad de escuchar clásicos en vivo, sea de quien sea y mientras se parezcan; no estar escuchándola de tu mp3 y por sobre todo algo muy importante: El público no arriesgará su tiempo en conocer una banda a la loca y el músico no arriesgara lucas en “la suerte de sus propias creaciones”. Hay que alimentarse de algún lugar cabros.
PERO: Si son tan capaces de poder verterse en canciones de sus ídolos, siendo socios con mucho talento y virtuosismo ¿Cómo no les nace el bichito de ser tan capos en crear sus canciones? El talento está, los instrumentos están y las ganas también. Gente, la vida es para arriesgarse y sin hacerlo, jamás sabrán si les fue mal o bien.
¿Por qué los tributos son un cáncer?

Pubs que amarran gente con bandas tocando temas exitosos de la historia. Pubs y oportunidades que matan la ocasión de presentar temas propios.
La oportunidad de poder sacar lucas a costa de canciones que son exitosas, traerán público seguro, que querrá alimentar sus ganas de escuchar sus canciones favoritas en vivo. La culpa es más de consecuencias que de causas. Imaginen, si un pub o local quiere plata segura, sin error y arriesgos, es obvio que se le dará la posibilidad a un tributo. Monetariamente no rinden los temas de un desconocido, no hay gancho comercial, ni mucho menos un eco previo de si será un éxito o fracaso la convocatoria y las ganancias. Este mismo vicio es el cual da de comer a los primeros y les mata la circunstancia de tener algún lugar de donde presentarse a las bandas con creaciones propias.
Por un lado, triste la vida de esa gente que tiene la obsesión de igualarse a sus ídolos y no tiene amor propio. Pero no se puede hacer nada y es netamente una decisión personal. Claro está, que no hay una costumbre de generarte ánimos de ir a conocer cosas nuevas, en favor del facilismo de enganchar. No se crea instancia o sensaciones imperantes de ir sin pensarlo a nuevos panoramas, por el hecho de que estarán los tributos tocando calados, sin morirse de hambre y perdiendo parte de su dignidad. Ah, ellos son los parecidos a; él es el Patton Chileno; ¿Cómo se llama el socio que canta? Ni ídea.
Conclusión: La orda de tributos no estimula el bichito de la creación propia. No te regala amor propio ni te arraiga una identidad. Puedes ser el tributo millón de la banda y ella ni idea de tu persona. La gente te verá como un Doppelanger.
Acá no buscamos menospreciarlo o martirizarlo por preferir a los tributos. Son sus gustos y decisiones y por tanto son válidas y respetables. Así como el mundo está lleno de tributos buenos y malos, existen bandas con canciones horribles, que mejor no hagan nunca más música. Eso sí, avalamos la oportunidad de que haga canciones propias y sienta el mérito del esfuerzo y su creatividad, como un logro de vida. Arriésguese, sea dueño de su propia suerte o desgracia.













































