1 Simulación: “Es sabido que es peligroso decir siempre la verdad” reflexionaba Raffaella Carrà. En el documental Strange Powers: Stephin Merritt and The Magnetic Fields (Kerthy Fix & Gail O’Hara, 2010) coincidían con la cantante italiana. A saber: existe una idea generalizada sobre la motivación del arte. Se suele creer que la producción de un elemento artístico proviene mayoritariamente de los sentimientos, experiencias y/o emociones del creador. De la búsqueda de la verdad.
Pero Stephin Merritt [1] discrepaba.
Las canciones se producen menos en el confesionario que en el laboratorio. Así, el cantante puede adoptar un número variado de voces, sin que necesariamente coincidan con su propia opinión sobre el tema tratado. Toda una variedad de personajes caben en The Magnetic Fields, el grupo fundado por el compositor neoyorquino. Cierto que la mayoría tiende a la melancolía, pero quizás eso sea el principal ingrediente de todo cancionero popular. La manera más precisa para develar personalidades no parece ser la honestidad absoluta, o por lo menos no en todos los casos. La simulación de personajes, pese al ejercicio artificial, soporta mejor las virtudes (sin santificarlas) y ablanda los defectos (sin demonizarlos). La declaración desde la intimidad puede ser la más engañosa de todas, pues cae en un conflicto difícil de asumir: uno no siempre tiene la razón.
Hay una frase atribuida a Kurt Cobain que dice: “Prefiero que me odien por lo que soy a que me amen por lo que no soy”. Es plausible la candidez, pero Merritt posiblemente disentiría de esa apología a la franqueza, que desdeña la opinión externa con tanta fuerza como se cierra en su propia versión de verdad (si los demás te quieren por algo que tú no logras reconocer en ti y los desprecias, ¿los estás sermoneando sobre lo que tienen que sentir o no?). The Magnetic Fields le respondería “Nadie te va a querer honestamente / nadie te va a querer por tu honestidad” como le reclama a su pareja la voz de “No one will ever loves you”. Meterse en la mente de los otros es imposible y la sinceridad no es siempre admirable. Es bueno, en ocasiones, intentar ocultar los pensamientos o disimularlos, pues no todos son dignos de orgullo. Como en “I wish I had an evil twin”, donde el narrador sueña con un gemelo que haga todos los crímenes que él no se atreve. Podrá sonar cruel y cínico, pero esas frases parecen advertirnos que si nos comportáramos de acuerdo a quienes somos realmente (concepto en sí discutible), el mundo se volvería insoportable. Para vivir en sociedad, nos dicen estas canciones, debemos construir la mejor personalidad que se nos ocurra para lidiar con las dificultades; de lo contrario, si encontrásemos nuestro yo interior y lo exhibiésemos abiertamente, el mundo se volvería una hueste dothraki o un templo budista. Honestidad pura, brutal y aburrida.
2 Variedad: además de The Magnetic Fields, Stephin Merritt se las arregla para inventar otros proyectos. Están también los Future Bible Heroes con sus sintetizadores obreros de la pista de baile o The Gothic Archies, el disfraz que el compositor ocupa en la banda sonora para la versión en audio de los libros Una serie de eventos desafortunados, que suenan como si el primer Nick Cave escribiese canciones infantiles.
Pero siempre vuelve a su grupo original. Además del cantautor en voz, ukelele, banjo y guitarra, el grupo también lo integran Claudia Gonson (piano y voz), John Woo (guitarra y banjo) y Sam Davol (chelo). Más o menos estable es también la participación de la cantante Shirley Simms. Esta es la formación en vivo, que no varía salvo algún invitado de vez en cuando. En estudio, sin embargo, la instrumentalización cambia completamente. El primer disco por ejemplo, Distant plastic trees (1991) es totalmente electrónico (y 21 años después vuelven a repetir la experiencia con Love at the bottom of the sea, del 2012). Cosa distinta pasa en Distortion (2008) donde los acoples de guitarras eléctricas son la base de las canciones.
Stephin Merritt no le hace asco a ningún género musical. Incluso comenta, no sabemos si es en serio, que tiene una inédita canción heavy metal. El único estilo que no le gusta es el hip-hop. Pero en los demás, se expande como muy pocos músicos. Una de las tantas gracias es la mezcla dentro de la misma canción: muchas veces la melodía de la voz es completamente distinta al estilo de la música. Algunos ejemplos: country con bases electropop[2], ritmos latinos con arreglos de electrónica lo-fi[3], blues contrabandeado por parlantes retorcidos[4], pop tristón semi-adolescente con letras sobre adultez nostálgica[5]. A veces The Magnetic Fields se asemeja a una orquesta de vodevil trasnochada[6]; en otras, es una suerte de Beach Boys afanados en el shoegaze[7]. Las combinaciones están filtradas por el buen gusto y, si bien arriesgadas e innovadoras, nunca pierden la compostura de una buena melodía popular. La voz grave del cantante es versátil y reconocible al mismo tiempo. A veces suena como un Serge Gainsbourg bailable, otras como Johnny Cash perdido en el melodrama. Los admiradores no se pueden quejar de monotonía.
3 Concepto: hay tantos gustos musicales como gente disponible a recomendarlos. Un género que se presta a interpretaciones divergentes es el rock progresivo. Para algunos una forma de producir vanguardia en composiciones difíciles que requieran una curiosidad mayor a la de los hits radiales, para otros no es más que una aburrida muestra de onanismo musical sin más mérito que la pirotecnia innecesaria. Es un género que tiende a la conceptualidad, entendida como una forma de abarcar una idea que sea mayor a la suma de canciones, que contenga un ánimo y una trascendencia especial, más allá de la sucesión de tracks. En The Magnetic Fields hay espacio para los conceptos, pero de forma menos solemne. Distortion (2008)por ejemplo, se compuso pensando en simular el sonido de The Jesus and Mary Chain. El disco i (2004), como su nombre puede notificar, se basa en temas que comiencen con esa letra. Pero sin duda alguna el grupo es conocido por su obra más extensa, el triple 69 love songs (1999). El Disco Blanco de los 90[8] es una maravillosa acumulación cualitativa de sorprendentes ocurrencias musicales. El espectro de la música romántica extraído desde la médula hasta sus últimas consecuencias, exprimido y condensado para su consumo, en todos los ánimos y todos los géneros que sean posibles. Mujeres que esperan a sus novias de vuelta a casa, sabiendo y aceptando el inevitable engaño; viajeros melancólicos de la Norteamérica profunda, invadidos por recuerdos de una infancia entre rodeos y músicos[9]; pobres abandonados que no creen en el sol; viudas que aun aman a sus esposos muertos; parejas sadomasoquistas y/o felices por las razones más curiosas, que se lastiman y/o odian por las razones más curiosas; amantes perdidos entre rencores y resentimientos. Guitarras acústicas, bases programas, deformación eléctrica, pianos nostálgicos, acordeones, mandolinas, percusiones de todo tipo incluyendo juguetes, todo ordenado cuidadosamente en una producción pulcra y detallista. 69 love songs también es el regalo obligatorio para todo el que guste de la calidad concentrada, pues al contrario de la egolatría dilatada del rock progresivo, la mayor parte de los temas no supera los tres minutos (a veces ni dos), convencidas de haber encontrado en la brevedad una poderosa compañía.
4 Romanticismo: a.- “Lo único que realmente he sentido / no puedo creer que no sea cierto / todo lo que sale de tu boca no son más que mentiras / oh, querida, tú sí que sabes como despedirte” (“How to say goodbye”). No poder retener el amor “ni por todo el té de China (…) ni por el Norte de Carolina” (“All my little words”). “Todos saben menos yo / adonde vas cuando te sientes libre / todos saben menos yo” (“Very funny”). Versos así abundan en el imaginario de The Magnetic Fields. Imágenes que se rebalsan, declaraciones floridas y recargadas.
b.- Tan floridas y recargadas son, que no es difícil notar la artificialidad con que están construidas. “Espero que nadie se las trague como confesiones íntimas”, nos parecen decir.
c.- Ahí está el principal truco: a pesar –o gracias a– que el barroquismo se delata, es posible asumir una identificación con las letras. No abiertamente, pero tampoco escondida del todo. Nadie es tan especial como para sentir cosas que nadie más ha sentido. Los tópicos no pierden efectividad por muy repetidos que estén, y si están tan repetidos es porque alguna sabiduría guardan. “Sé que es un cliché / pero te amo”[10] es la clase de versos explicativos que Merritt da sobre el asunto.
5 Humor: toda la tragedia del romance conduciría directamente al hospital si se tomara muy en serio. La distancia más evidente entre las letras del cantautor y el resto de los compositores de su generación es su enorme sentido del humor, que lo transporta con sofisticado ingenio a terrenos menos severos de la música. Quizás una negra causticidad merece mayor reconocimiento que el visceralismo del grunge por ejemplo, pues el chiste preciso requiere sin duda más talento y entusiasmo que el lloriqueo adolescente. En ocasiones como contrapeso a los pasajes más dramáticos, muchas veces burlesco y trágico al mismo tiempo, las muestras de ironía maliciosa se multiplican por todos los discos de The Magnetic Fields. Así, Merritt reparte saludables consejos: “sobrio, eres feo y viejo / borracho, ¿quién necesita un espejo?”[11], hace comparaciones poéticas de corrección política inapropiada cuando afirma que en el cielo de Coney Island hay más estrellas “que prostitutas en Tailandia”[12] o revisa el sistema judicial a su manera: “Mi madre debió asesinarme / ¿qué juzgado la habría declarado culpable?”[13]. Los temas del 69 love songs son puntualmente ilustrativos de este sentido del humor: hay sutiles propuestas románticas para “fingir que somos conejitos / y hacerlo todo el día”[14] o descriptivas apreciaciones de una reina salvaje que se alimenta de otras reinas, mas “es muy religiosa”[15]. Una canción especialmente divertida[16] habla de un compositor que se encuentra con el semiólogo Ferdinand de Saussure (!), lo interpela sobre el significado del amor, y al no obtener una respuesta aceptable (su academicismo no le sirve, “es como ocupar una retroexcavadora para el estudio de las orquídeas”), no tiene más remedio que dispararle. En el documental Strange Powers…, las últimas palabras de Stephin Merritt son de la misma estofa: “No tengo una particular necesidad de ser reconocido. A veces en la calle me gritan ‘¡69!’. Me doy vuelta, miro y digo ‘no, gracias’, y sigo mi camino”. Le preguntan sobre sus expectativas a futuro. Responde con suma seriedad: “Que me griten en la calle ‘¡69!’, me dé vuelta, mire y pueda decir ‘ok’”.
[1] Stephin Raymond Merritt, 1966, Nueva York (por adopción), hijo del cantante folk Scott Fagan (a quien nunca conoció. “Solo lo vería si fuera en el programa de Oprah”), criado por su madre hippie “pero no hippie radical, nunca dejamos de tener electricidad… por más de un mes”. Las citas son del documental.
[2] “Two characters in search of a country song”. The Charm of the highway strip (1994)
[3] “Absolutely cuckoo”. 69 love songs (1999).
[4] “Underwear”. 69 love songs (1999). De los pocos ejemplos que se me ocurren de canción bisexual.
[5] “When you’re old and lonely”, Get Lost (1995). Una de mis favoritas. “Cuando estés vieja y sola / la efervescencia de la vida haya pasado / los días se hagan lentos / y los años pasen rápido”
[6] “I’m tong-tied”. i (2004).
[7] “California girls”. Distortion (2008)
[8] Tentadora resulta la analogía y tentador suena comentar que 69 love songs es mejor incluso que el Disco Blanco, pero es imposible hacer comparaciones debido a que entre ambos trabajos hay una cronología y legados muy distintos. Pero en 50 años más quién sabe.
[9] “Papa was a rodeo”. 69 love songs (1999). Una de sus mejores canciones. La tristeza del vagabundeo por las carreteras y bares de mala muerte, donde “el hogar es cualquier parte donde conseguir gasolina” y “el amor es la mano de un camionero”.
[10] “Forever and a day”, Obscurities (2011), firmado solo como Stephin Merritt.
[11] “Too drunk to dream”, Distortion (2008). Otros buenos versos: “Sobrio, la vida es una prisión / borracho, es una bendición / sobrio, nadie te quiere / borracho, están todos piluchos”
[12] “Strange powers”, Holiday (1994).
[13] “Boa constrictor”, 69 love songs (1999)
[14] “Let’s pretend we’re bunny rabbits”, 69 love songs (1999). Canción engañosa, emocional y divertida al mismo tiempo. Esa es la mayor gracia de la vertiente “chistosa”: en ningún caso se cae en la comicidad explícita tipo The Lonely Island. Siguen siendo composiciones “serias”, nunca parodias o farsas.
[15] “Queen of the savages”, 69 love songs (1999). Fantasía en ukelele que, sospecho, algún vínculo secreto debe tener con el cuento “Oona, la alegre mujer de las cavernas” de Patricia Highsmith. O quizás divago.
[16] “The death of Ferdinand de Saussure”, 69 love songs (1999)

















Foto por Diego Herrera
Foto por Javiera Naranjo


















