The Casualties – Resistance, vuelta a los orígenes

TheCasualties_Resistance

Una inyección a la penúltima escuela de hardcore punk con todo lo que eso conlleva: screams, potentes guitarras, rápidas baterías y (muy probablemente) drogas y alcohol al por mayor (a la mierda lo Straight Edge!). Eso es lo que nos entrega la última placa de la banda noventera oriunda de Nueva York, The Casualties.

Hay bandas que modifican su sonido a lo largo del tiempo, pero sólo de una manera técnica. De las guitarras y bajos de 50 lucas, baterías parchadas, malos micrófonos y cassetteras a la hora de grabar a estudios multipista profesionales, con tecnología de punta. Eso es lo que se nota al escuchar el último LP de The Casualties, Resistance, un disco eminentemente punk que parece haber sido compuesto y escrito de vuelta en los ’70, en el auge del punk como movimiento contra-cultural. Disconformidad social, racismo, inmigración, son los temas comunes de las letras del punk, de los cuales Resistance no se salva, abordándolos de la manera más políticamente incorrecta posible.

Encontramos multitud de patrones y figuras a lo largo de este disco. Furiosos y potentes coros de parte de toda la banda como vocalistas de apoyo son una constante que le dan al disco más crudeza, como en las canciones Behind Barbed Wire (donde la consigna de sus letras se resume en la frase del coro del éxito de The Smashing Pumpkins, Bullet With Butterfly Wings: “a pesar de toda mi rabia, aún soy sólo una rata en una jaula”), Modern Day Slaves (que habla acerca de cómo el sistema capitalista convierte a sus trabajadores en entes sin libertad mediante un estilo más cercano al crossover hardcore thrash) y Warriors Of The Road, que da inicio con un distorsionado solo de bajo para dar la entrada a un rápido ritmo, con un claro y distintivo sonido del bombo que hipnotiza a la cabeza y la hace moverse. Canciones como Always Walk Alone (que contiene armonías en terceras a las que le sigue una batería ecualizada más alta en la mezcla, jugando con los toms más graves y recargando las frecuencias bajas) y, Morality Police (con un pequeño solo de guitarra acompañado por un built-in de toda la banda) y Life On The Line contienen un elemento externo en sus introducciones, haciéndolas de una tendencia más al metal que al punk, situación donde la balanza vuelve al lado punk después de un tiempo.

Una sorpresa notable se nos aparece en el tema n° 14, Corazones Intoxicados. Con una introducción de un solo de guitarra eléctrica muy distorsionada tocando una melodía de características andinas para luego tornar hacia una canción de hardcore muy melódica cantada en español (y cómo no, si el vocalista Jorge Herrera es ecuatoriano). Jorge Herrera se deshace en screams en este tema, cantándolo desde el corazón hacia el mundo con su temática social. Una intro igual de melódica es la que tiene la canción It’s Coming Down On You, con una melodía en octavas tocada en la guitarra que luego se oye continuar en el primer coro. Después de eso atrona una gran acción de acordes en quintas, al igual que en canciones como Brick Wall Justice y Constant Struggle.

Qué nos deja este álbum al terminar de escucharlo? Bueno, todas esas frases tageadas en los muros del mundo entero que dicen “punk not dead” están en lo cierto. Las ideas del punk y del hardcore no están desgastadas. Las nuevas tecnologías profesionales han ayudado a la concreción

Dads – Punishment, de lo pro a lo lo-fi

En LOUD somos humanos. El fin de año nos acosa a todos, y en esta ocasión el damnificado fui yo, mis disculpas pertinentes. Estuve muchas semanas rindiendo en todo, llegó una donde no pude más, pero ahí va lo de la semana.

Ya los conocimos en Julio cuando lanzaron su primer LP, American Radass. Una mezcla entre ritmos extraños de corte matemático con crudeza instrumental y letras emo-punk. Eran dos mundos que parecían enemistados de por vida y que se veían hermanados a través de lo que este grupo presentaba como propuesta musical. Así es, nos referimos al dúo oriundo de Nueva Jersey, Dads, que nos traen un nuevo EP a modo de regalo de Navidad luego de un exhaustivo tour de promoción de “American Radass” por todos los Estados Unidos: me refiero a su nueva producción titulada Punishment (Dad’s Punishment, se entiende el chiste? La cagué explicándolo? Bueno jefa, no me eche :c). Una banda que cambia vive, y me alegra ver que cada día las bandas lo entienden mejor, ahora explico por qué.

Punishment es un giro de Dads hacia otro rumbo musical. Dejan de lado los ritmos complejos que les daban el apelativo de emo matemático para lanzarse de lleno a la producción de garage rock, emo y de características de baja fidelidad o lo-fi, con claras influencias del extinto dúo norteamericano The White Stripes en lo desprolijo y simplista de su sonido. Tanto en la guitarra como en la batería se hace también notoria la inspiración del surf rock estadounidense de los ’60 como The Beach Boys y Dick Dale. Sin duda muchas influencias a la vez, pero que Dads saben condensar de manera muy buena a la hora de sacar un EP simple y a la vena, lleno de canciones que en promedio duran minuto y medio (la canción más larga no supera los dos minutos y medio).

Punishment empieza con Two For Six, una canción con reminiscencias navideñas en la melodía guitarrística y vocal (muy ad-hoc a la reciente fecha de lanzamiento de este LP) y una pista de voz con impresión de alguien aburrido cantando sobre guitarras con fuzz que cada tanto se acoplan intencionadamente y baterías simples e intensas. Pasamos de inmediato a Attention Cool Kids, que de entrada muestra un ritmo y groove muy similares al surf rock gringo de fines de los ’60 que se ve acompañado con una línea de guitarra con overdrive y jugando con armonías en quintas, incluso con un pequeño y simple solo cerca de la mitad de la canción. Continuamos con Brendan Fraser que deja ver una producción bastante extraña: una muralla de guitarra rítmica, solista y batería, que apenas deja pasar a la voz con fuertes acordes golpes frenéticos de ride y que hacia el final de la canción presenta un solo de guitarra bastante autodestructivo. Pareciera que un bajo no es algo de lo que necesiten este dúo de Nueva Jersey en una canción como Sweat Pet, donde las guitarras suenan tan llenadoras y expansivas, con un rango de frecuencias tan amplio que hasta dos pistas de guitarra se hace mucho junto a la batería y sus poderosos toms bajos y su bombo. Con un fuzz muy parecido al que se usa en bajos, pasamos a Always Right, una canción de acordes más fáciles y con una estética más cercana a la “canción bonita”, con un poco de distorsión en las guitarras, coros en falsetto y baterías fuertes, en una canción que no se da ni un descanso.

Ya estamos en I Can, un tema de estética “felicista”, con una melodía de guitarra de tono mayor y de corte mucho más pop, en el sentido de más común uso de la palabra. Guitarras limpias y brillantes y melodías vocales mayores nos llevan hasta el final del tema. Empieza a sonar Beans, una pieza algo monótona y sin quiebre ni descansos, aunque con divertidos cambios de acordes y melodías. If I Ever comienza y lo hace de manera lenta y algo melancólica, con un tono de voz algo tristón y una batería mucho más que simple, hasta llegar al coro donde se aprieta el pedal de distorsión y todo adquiere un carácter más depresivo (una sensación extraña, dado que todos los acordes de la canción son mayores). Lo que sigue se llama Master Zordon, una canción fogatera, pero tocada con guitarra eléctrica y batería (y entre medio, un xilófono que aparece de repente), con un deje optimista y melodías de guitarra que acompañan por toda la canción. El track n° 10 es Dumb Cat, una canción más punk y emo que las últimas escuchadas, de tempo más rápido y baterías más apretadas., con una estética a la vez garaje y, extrañamente, grunge, pero con una distorsión mucho más natural y menos potente. Es así como llegamos a I Live In Your Basement, la última canción de ese EP, que contiene un Groove inicial de surf rock junto a una voz algo distorsionada (a lo mejor intencionadamente para darle una estética lo-fi a la canción). Un tema relativamente variado en la batería, donde muchos ritmos y formas convergen junto a un solo de guitarra suave y limpio que da por finalizado el disco.

Sin duda que el cambio hace a la música más interesante. Ver (y escuchar) cómo las bandas cambian, qué dejan atrás, qué rescatan, qué modifican. Afortunadamente Dads hacen eso, cambiando el rumbo completamente, o a lo mejor sólo grabando un EP para divertirse, hacer algo sin presiones, facilista y más o menos simple. Algo que en la gran industria musical está algo mal mirado, pero que a este dúo de Nueva Jersey le importó un comino. Muuuuuy bien por ellos.

Crystal Castles – III, desilusión en la humanidad

Crystal Castles III

Alice y Ethan saltaron a la fama gracias a sus grabaciones “caseras” en MySpace, cuando aún era un buen lugar para descubrir música. III es su (si, adivinaste) 3er disco, sin electropunk y sin 8bit los canadienses vuelven con una renovada desilusión en la humanidad que se percibe a lo largo de las 12 canciones que lo componen.

III bien pudo ser un disco publicado el 2010, al alero del hype witch-house que contagió a loud.cl todo el mundo, pero hagamos un poco de historia y entendamos por qué III es el único complemento posible de su segundo homónimo (2010). Mientras que Crystal Castles (2008) era un grito al aire pidiendo atención en una internet llena de blogs nu-rave, Crystal Castles (2010) fue el paso definitivo a consolidar el sonido nu-techno-dark (inventar estilos es posible) mezclando lo mejor de su repertorio epiléptico (Doe Deer/Mother Knows Best) y los hits instantáneos (Celestica/Baptism), aquí es donde III, sin ser una copia burda, repite la fórmula con éxito gracias al hilo conductor en las letras fijado en la decepción profunda en todo ser humano y el proceso creativo de su grabación.

 “I didn’t think I could lose faith in humanity any more than I already had, but after witnessing some things, it feels like the world is a dystopia where victims don’t get justice and corruption prevails (…)”– AliceGlass adelantando lo que sería III. 

“We wanted the new album to sound like a completely different and new experience (…) any keyboards and pedals used on I or II were traded for different keyboards and pedals so that there would be a new palette of sounds to work with.” — EthanKath sobre el proceso de grabación de III.

A diferencia de sus entregas anteriores que eran claramente divisibles en 3 tipos de canciones (bailables, epilépticas, i wanna die), III solo se divide en 2, por un lado Plague, Kerosene, Insulin y Transgender juegan con las atmósfera de oscuridad al usar reverbs profundos y saturación de sonido, un trip lisérgico perfecto para sumirse en la más profunda de las depresiones y en el otro extremo Pale Flesh, Sad Eyes y Violent Youth (con Ethan Kath en la voz), son los hits necesarios para mantenerse con vida. Finalizando, en Telepath y Child i will Hurt You, nos encontramos con 2 clásicos de los canadienses, un “instrumental” para dar rienda suelta a la electro-creatividad de Ethan y, “Hide all that you could, Done for the greater good,It’s later understood” en los cierres introspectivos de Alice Glass para quedarse pensando en que tan mal está la humanidad (ok, no).

III suena a 2010 en sus reverbs, a 2012 en sus letras y si bien su estructura es parecida a su antecesor no lo es tanto como para tildarlo de copia, es más bien un disco hecho para los fan más incondicionales, capaces de tomar el cambio en la motivación personal de sus autores como elemento novedoso en desmedro de la escasa innovación en su sonido.

PD: Recuerden que Crystal Castles se presentará en Lollapalooza Chile 2013, revisa los detalles del Festival aquí.

Indian Handcrafts – Civil Disobedience for Losers, indie en el Volumen 11

No lo nieguen, a todos nos gusta poner la radio Sonar de repente y mover la cabeza al ritmo de rock más o menos convencional. Para algunos es placer culpable, para otros, estilo de vida. Así como hay bandas que intentan ser lo que el rock denomina algo regular, otras bandas sólo lo usan como un marco de referencia, no modificando sus estructuras básicas y experimentando con los elementos y no las figuras. Es así como llego a una banda de indie metal y Sludge de Inglaterra llamada Indian Handcrafts, formada por el baterista/vocalista Brandyn James Aikins y por el guitarrista/vocalista Daniel Brandon Allen. Recientemente han lanzado su último LP con el provocador título Civil Disobedience for Losers a través del sello californiano Sargent House.

Recientemente Indian Handcrafts tuvieron un severo golpe al ego: la semana pasada iniciarían un tour por los Estados Unidos junto a las bandas Red Fang  y Black Tusk; sin embargo un altercado aparecería en el momento de entrar a EEUU, donde la seguridad norteamericana no dejaría a los británicos a entrar al país de la libertad (oh, the irony). Así y todo, a principios de mes lanzarían su LP debut, Civil Disobedience for Losers, una vuelta de tornillo al rock de masas con tratadas voces, guitarras llenas de fuzz y precisas baterías.

Un gong es lo que abre el disco y el track uno, Bruce Lee, una rockera aventura caracterizada por un riff de estilo old-school y las voces de Allen y Aikins cantando al mismo tiempo y en pistas tratadas y sintetizadas. Luego de un breve solo de guitarra pasado a través del notorio pedal Digitech Whammy, el riff principal vería sus variaciones en la escala pentatónica y una acción más melódica de las voces. Hacia el final todo cambia, volviéndose un track agresivo y rápido. Red Action es lo que sigue, una canción menos pegajosa que la anterior y tal vez no tan lograda, pero con destacable acción vocal por parte del dúo, rememorando cada ciertos momentos la estética de los White Stripes. Continuamos con Starcraft, que luego de unos momentos de improvisación caótica da paso a un quebrado, lento y potente riff, que es creativamente aderezado con el Whammy hasta mutar a una forma más rápida que es acompañada por los rápidos gritos de los músicos que son como metralleta: rápidos e intensos, en las estrofas tienen ciertas reminiscencias a Elvis Presley y en el coro a ciertas bandas de hardcore punk. Sin duda una buena combinación que guía hasta un shreddeado solo de guitarra. Acoples de un acorde menor muy distorsionado es lo que da inicio a Zombies, junto a un pesado y simple riff de inicio, de fachada muy similar a la banda de stoner metal de Austin, The Sword. Una comunión de melodía y gritos es lo que se caracteriza en esta pieza, que te hace mover la cabeza y poner cara de enojado. Un notable vibrato de voz se da justo antes del quiebre que hace todo más calmado por unos momentos, para luego explotar nuevamente con potencia baterística y escalas descendentes.

Worm In My Stomach es lo que sigue, donde la cuerda abierta de una distorsionada guitarra se corresponde de magnífica manera con el bombo de batería, mientras sobre esa base Allen y Aikins parecen entablar un duelo de desgarradores screams en efecto estéreo. Son, luego de un break, las voces las que son pasadas a través del whammy, en un entorno sonoro que sube en intensidad para coronar con pegajosos riffs y más screams por parte de los músicos. Una canción de corte más punk y hardcore es la que viene, llamada Terminal Horse, una canción kuy rápida y con ciertos destiempos, que combina acción gritada y melódica de las voces, pasadas a través de un distorsionador de voces que llevan a todo a un puente de guitarra tocado en octavas. El track n°8 se llama Coming Home, tema con inicios lentos y con una característica línea de guitarra y escuetas baterías. La voz recuerda de un cierto modo a Robert Plant en la forma, obviamente muy distinto, pero en estética muy similar. Un poco después de la mitad las pistas de voz reciben un tratamiento y modificación de forma notable, con ecos y distorsiones que lo llevan todo a la final repetición del riff principal. Lo que sigue es Centauri Teenage Riot, con un lento y pesado riff que recuerda la manera de hacer música más cercana a bandas como Mastodon, de corte más sludge. Numerosos ecos y flangers secundan las voces de Allen y Aikinsen en las estrofas, donde cada tanto forman armonías de screams. Efectos de sonido pueblan la segunda mitad de la canción, donde todo se vuelve más drone y repetido hasta que sólo quedan sonando los efectos.

Seguimos el rumbo con Truck Mouth, pieza instrumental que con una oscura y sombría intro de guitarra arpegiada nos deja en la puerta de una lenta y pesada canción, casi atmosférica a ratos, amenizada por acoples de guitarra de fondo y jugando mientras alternan las partes distorsión/canal limpio. Ya llegamos a The Jerk que da comienzo con una intro de guitarra limpia con delay que se ve escoltada por unos calmos riffs distorsionados de fondo para que entre luego la batería con escuetos golpes de caja y bombo. Las voces en las estrofas recuerdan el fraseo y el timbre característico del vocalista de la banda de dance-punk !!!, excepto en los coros donde los screams y la intensidad se deja sentir. La recta final está dada por Lion At The Door, una pieza que da su inicio con la batería subiendo en intensidad hasta llegar a un riff sombrío y poderoso. Screams de muy alta frecuencia y vibrato plagan las estrofas de esta canción que desde la mitad hacia adelante sufre un brusco cambio de tempo y figuras que lo lleva todo a un nuevo nivel. Divertidas figuras hechas con la guitarra se dejan escuchar cercanos los dos minutos de reproducción, para dejarnos luego en un etéreo solo de guitarra que al verse finalizado se repite la intro algo modificada y con chillones screams y bruscos quiebres para darle fin a este disco.

Moraleja de la historia: Indian Handcrafts nos dejan una enseñanza con su Civil Disobedience for Losers (título que encuentro que calza perfecto con lo que estoy a punto de exponer): ser rebelde musicalmente no es difícil, incluso siguiendo la misma lógica y estructura del rock que se hace hoy en día y que se ha venido haciendo desde varias décadas. Tampoco es necesario quebrarse la cabeza intentando idear una nueva forma de hacer música con distintas marcas de tiempo, otros instrumentos, etc. porque eso de un modo u otro también es regularidad. Lo mejor que se puede hacer es escribir un disco, pasar un buen rato escribiéndolo, grabándolo y tocándolo y hacer oídos sordos de los pseudo-intelectualoides de la música. Cambio y fuera.

Chelsea Wolfe – Unknown Rooms, la cantautora en intimidad

Me pasa algo extraño con Chelsea Wolfe que probablemente sea un sesgo que determine  el curso de este review y ruego a los lectores que vienen a LOUD.cl en búsqueda de objetividad que me perdonen, pero que a la vez se aguanten, porque soy un subjetivo: lisa y llanamente la amo. La textura de su voz es algo que me atrapa y me transporta del lugar en donde estoy a otra dimensión. Esta mujer tiene el poder de sobrecogerme con su minimalismo y simplicidad musical (y eso que igual considero que sé algo de música). Imagínense no ser la pareja de Chelsea Wolfe, pero vivir con Chelsea Wolfe: me pediría su opinión con sus canciones (a las que obviamente no le cambiaría ni criticaría nada), probablemente incluya alguna broma privada acerca de nosotros dos entre las líneas de alguno de sus temas… si me preguntan, es el paraíso. Estoy divagando mucho, volvamos a lo nuestro.

Unknown Rooms es el título de su último álbum, primer disco de Chelsea en lanzado por la discográfica subsidiaria de Rodríguez López Productions, Sargent House. Un disco destinado a poner pública y formalmente canciones acústicas “huérfanas” de Chelsea, que están por todo el mundo virtual del internet pero que simplemente nunca habían sido lanzadas de manera formal en algún disco, encontrándoles un nuevo hogar a las perdidas canciones de la cantautora oriunda de Sacramento.

El disco empieza con “Flatlands“, canción que ya denota la capacidad de ponerse junto a una fogata a escuchar a Chelsea junto a una guitarra, un cajón peruano y su voz, que para efectos de esta canción, se encuentra dobletrackeada y con un dejo a reverb que le da mística a la pieza en su totalidad, escenario idóneo para que Chelsea te cante al oído y te embriague con su tono de voz. desde la mitad hacia adelante, cuerdas se unen a la canción añadiéndole solemnidad a la canción. Seguimos con “The Way We Used To“, un tema que usa como base la misma voz de Chelsea, que, a través de un mecanismo de delay y loop, se convierte en la línea rítmica a la que se une una templada batería para que Chelsea se de sus lujos solistas. “Spinning Centers” es un tema melancólico que en sus inicios se tiñe con la voz operática de Chelsea y cuerdas tocadas con pizzicato acompañando una progresión de acordes en guitarra muy simple. Cuerdas ambientales y con características de meros efectos de sonido acompañan la mayoría de la canción menos el final, donde Chelsea y sus múltiples pistas de voz quedan cantando a cappella. La canción 4 se titula “Appalachia“, una pieza con un ritmo característico que sigue su curso junto a una melodía de cuerdas que se ven opacadas con la presencia de la voz de Wolfe, con un exquisito vibrato y glissandos perfectos. El disco continúa con el pequeño tema “I Died With You“, una canción a cappella donde Chelsea llega a sus notas de registro más agudas en múltiples pistas, para luego unirse a “Boyfriend“, que tienen un inicio con un efecto en la voz de Chelsea que hace que suene de un modo casi espeluznante, junto a unos acordes lúgubres y sombríos que hacen un ambiente propicio. Las influencias de corte más gótico de Chelsea salen a flote en pleno en esta pieza.

Continuamos con “Our Work Was Good“, donde la voz de Chelsea en múltiples octavas nos brindan una canción de estética dark ambient de modo muy acústico, casi incitándote a la mardá misma (1313). Lo que esta cantautora puede hacer con su voz, una guitarra y un bajo es impresionante y, sobre todo, introspectivo. El siguiente tema se llama “Hyper Oz“, con un inicio muy etéreo, con la voz de Chelsea haciendo unamelodía muy alta, unas voces masculinas muy despacio marcando las notas bajas y algo que parece un güiro pero no lo es marcando el ritmo desde detrás. Chelsea se deja llevar encima de este escenario sonoro, haciendo y deshaciendo a su antojo. Lo que sigue es “Sunstorm“, que empieza con un desafinado piano tocando saltarines acordes para que entre la voz de Chelsea en sonido estéreo, una pista por auricular. Una canción con un fluir muy uniforme que desemboca en la siguiente canción, “Virginia Woolf Underwater“, que empieza con sombrías notas de guitarra y un pandero, a las que se les une una igualmente sombría y reverberada voz de Chelsea, que hacia el final nos brinda una inquietante atmósfera de cuerdas que nos dejan en el último tema, “Gold“, donde la guitarra parece sonando a través de una vitrola muy a mal traer por el tiempo, y una pura y brillante voz de Chelsea con un par de ecos y suaves melodías de su misma voz en el “background” de la canción, la cual se va difumando de a poco hasta quedar todo en silencio.

Chelsea ha puesto su nuevo disco para escucha on-line gratuita a través de su bandcamp (más abajo), gestionado también por Sargent House. Un disco tranquilo e íntimo que no les voy a decir para qué pueden ponerlo de fondo, eso lo decide el auditor (me puse bien posmo, ah?). No voy a seguir comentando el disco, porque probablemente me deshaga en halagos para la señorita estadounidense, así que usted juegue:

Matanza – DubAmerica, baila Los Andes

La escena musical chilena hace ya harto rato que se diversificó y salió del viejo paradigma de tener que ser siempre una banda de rock o una cantante pop para poder triunfar o para derechamente hacer música de calidad. Matanza son la clara ejemplificación del quiebre de este arquetipo, un trío de DJs que se ha dedicado a fusionar la cultura electrónica tradicional occidental del house, rave, electrodub y otros, con el legado cultural andino y altiplánico latinoamericano; a modo de acercar al joven chileno alternativo que gusta de lo electro-pop a lo que es nuestro propio bagaje cultural acerca de nuestros pueblos originarios nortinos, su música y sus patrones culturales.

Matanza decide subir su disco debut a lo que llamamos ciberespacio hace unos días, trabajo que se titula DubAmerica y que también es el debut del sello discográfico Levante, un acierto en lo que es el avance de la música chilena y su conexión con el propio folklore latinoamericano. Un sonido forjado sobre una base electrónica da lugar a una performance de variados instrumentos latinoamericanos (que no son ocultados en sus presentaciones en vivo) que, de forma rica y expansiva, se fusiona con los elementos house y la estructura más o menos pop de hacer música electrónica. Una estética muy similar a las presentaciones del colectivo musical-artístico uruguayo-argentino Bajofondo, que mezclan tango tradicional de la zona de Río de la Plata con elementos electro-house.

DubAmerica da inicio al vacilón con “La Partida”, canción que demuestra su crecimiento en intensidad, con un inicio de arpegios sintetizados y loops secuenciados que arman el ritmo de la pieza a medida que se le suman cada vez más elementos sonoros, como un bajo, una tratada y lastimera voz y una brillante quena, característica de la música andina. Innumerables percusiones son el esqueleto de una pieza que fluye impasible como un río hasta su desembocadura en “Ícaro”, un tema que parte con un pegajoso ritmo sincopado al que se le agregan etéreos e inquietantes sintetizadores. Gritos tribales y charangos acompañan a la pieza de corte agresivo y casi como un canto antes de una batalla inter-tribu. “Antigua América” es lo que sigue, que inicia con un loop en repetición de una canción andina a través de un flanger que muta en una base de house con mucho punch para luego reanudar el loop inicial sin repetición, siguiendo el curso natural de la canción original, para luego desencadenar en un solo de quena con multitud de loops percusivos y una base secuenciada, que luego se sigue con solos de piano y guitarra eléctrica. “Chichera” es el tema n°4 y su inicio va en crescendo, empezando con un par de percusiones y unos tenues acordes de sintetizador, que encuentran su ritmo siguiendo de cerca una línea de batería secuenciada. Una quena que se alterna con una phaseada y tratada voz masculina juegan a un pregunta-respuesta mientras todo lo anterior suena detrás hasta que la voz se esclarece y canta a destajo, acompañada de cerca por un charango y una armonía de sí misma. Continuamos con “Tiembla”, una canción que comienza con un lento beat acompañado de una protagónica melodía tocada en zampoña que se ve desplazada por la característica voz de Roberto Márquez, el legendario vocalista de la banda andina chilena, Illapu, que destaca sobre la base y la zampoña con su característico timbre y sus dobletrackeadas armonías.

El disco continúa con la canción titulada “Cuyén”, un tema con un característico beat de fondo y una figura de sintetizador de frecuencia baja que se repite. Una onda sinusoidal intenta emular el sonido de algún instrumento de viento andino cada cierto tiempo, haciéndolo sorprendentemente bien, y luego se ve acompañada de kultrunes y trutrucas mapuches. Lo que sigue se llama precisamente “Los Mapuches”, una pieza que parte con un beat simple de bombo/hi-hat algo lento, al cual se le van sumando numerosos elementos percusivos y que luego se ven opacados por un instrumento de viento y una melodía que se pierde en un largo sustain. Ondas de ruido y aplausos van acompañando a la antigua base, a la cual un solo de quena conduce a un nuevo beat más dancepop. Empieza “Las Indias” con un loop de una tratada voz femenina casi tribal junto a ruidosas ondas y un simple beat de batería electrónica, que es escoltado por melodías de diversas marimbas electrónicas. Cerca de la mitad la batería se torna más secante y agresiva, y una quena hace su aparición estelar en un loop repetido durante un tiempo, para luego mutar en un ritmo más sincopado y cercano al nuevo movimiento de cumbia tribalera. El track n°9 es “Paloma”, que inicia con unas festivas y abundantes percusiones que reflejan las fiestas sincréticas del Norte Grande, que invitan al oyente a hacerse parte del carnaval; luego muta en un ritmo repetitivo muy house. Intermitentes loops de una audiencia rugiendo al unísono aparecen de forma etérea a través de la canción. Entramos en recta final con “Maldición Malinche”, que se caracteriza por un magnético beat que hace que tu cabeza tenga vida propia y empiece a moverse hacia adelante y hacia atrás. Un loop en repetición de lo que parece ser una flauta le da suspenso a la canción hasta que desencadena en un etéreo pasaje que lleva el ritmo con maracas, baterías electrónicas, sintetizadores, quenas y aplausos. Una ritual y dolora voz femenina aparece cerca de la mitad de la canción, que la conduce hacia sus últimos estertores, afirmándola y haciéndola menos etérea y más corpórea, siguiendo el beat hasta su extinción.

Una experimentación que da un resultado exquisito para el oído es lo que nos entregan Matanza en su disco debut, que sin duda alguna puede seguir explotándose, abriendo el abanico de posibilidades de Matanza de seguir experimentando entre otros estilos folklóricos tanto andinos como de otra parte de Latinoamérica. Estaremos expectantes a lo que nos puedan seguir ofreciendo este trío.

Death Grips – No Love Deep Web, rebeldía virtual y musical

La controvertida banda de punk rap experimental de Sacramento, CA formada por Stefan “MC Ride” Burnett, Andy “Flatlander” Morin y Zach Hill vuelve a estar en la polémica. Al lanzar su aclamado disco debut, The Money Store, su casa discográfica, Epic Records declaró que el segundo LP del trío sería lanzado el 23 de Octubre de este mismo año, generando una gran expectación en la fanaticada de la banda. El pasado 1 de Octubre, Epic le daría un espaldarazo a Death Grips y, descartando la pasada fecha, aplazaría el lanzamiento de No Love (el antiguo título del disco) para el año 2013, algo que no le haría ninguna gracia a los músicos, quienes, como tenían el disco grabado, mezclado y producido, ergo, listo para ser lanzado, decidieron filtrar ese mismo día ellos mismos su propio disco, rebautizándolo como No Love Deep Web, causando la ira de la discográfica (que, en represalia, cerraría el sitio web de Death Grips), y llegando a ser el disco más descargado legalmente en BitTorrent, con cerca de 34 millones de descargas.

No Love Deep Web nos muestra una faceta más rebelde (similarmente a su polémico lanzamiento) del sonido de Death Grips y más específicamente en su sonido electrónico; Flatlander quedó con tarea para la casa en su LP debut, y se nota que hizo las tareas a consciencia, entregándonos una sonoridad que se acerca a algo hecho por el dúo electro Autechre, así como también de los pioneros del género Kraftwerk y con influencias musicales del euro-pop y el techno más “chano” de los años ’80 y ’90. Se encuentra presente también la extrema agresividad de los beats de Hill en batería acústica y eléctrica, a diferencia del The Money Store, donde las percusiones fueron secuenciadas. Los críticos se han deshecho en halagos para este disco, aduciendo una nueva forma de la banda y describiendo su sonido como música digna de usar como tortura en Guantánamo.

El trío comienza sus disparos con “Come Up And Get Me“, una muy agresiva y apropiada forma de empezar un disco e ir preparando el oído y la mente para aguantar los golpes de una fuerza de la naturaleza incontrolable, con un riff inicial de sintetizador violento y distorsionado, lleno de destiempos que marcan el ritmo para la entrada de Hill y luego, la de MC Ride, que, como regularmente, se deshace con inhumanos gritos y rappeos que cada cierto tiempo se dobletrackean para dar un efecto envolvente notable. “Li’l Boy“, canción n°2, empieza tranquilamente con una tranquila secuencia de beats electrónicos con un malévolo rap de MC Ride, con un tono que se asemeja a la calma antes de la tormenta. Mi sospecha se hace cierta al incorporarse al espacio sonoro un epiléptico riff de sintetizador que juega con el efecto estéreo. Quiebres llenan toda la canción, dándole una estética esquizofrénica y bipolar. “No Love” es lo que sigue, iniciando con sobrecargados golpeteos, casi boosteando el sonido, y los desquiciados gritos de Ride con un reverb similar al de un cuarto de baño. Con reminiscencias drone en la estructura instrumental y de ritmo lento y pesado, los versos se llenan de las múltiples texturas vocales de Ride y su sello emocional impreso en las palabras que caen de su boca. Continuamos con “Black Dice” que empieza con acordes de sintetizador de reminiscencias muy dancehall y technopop, que por sí solas probablemente serían escuchadas en discotecas de los ’80 hasta el momento en donde la quebrada voz de Ride entra para cambiar la cara amable de la canción y volver las cosas mucho más duras. Hacia el final, los beats de batería empiezan a sonar en reversa mientras muchas pistas de la voz de Ride se homologan hasta que empieza el siguiente tema, “World Of Dogs“, una canción dinámica y rápida donde las primeras líneas de Ride son cortas y explicitas: “it’s all suicide”. Con activos ritmos de batería y coros con delay que acompañan las estrofas, Flatlander deja volar su imaginación en la electrónica, sobrecargando las frecuencias bajas y jugando con glissandos.

Una canción con un título con sabor a advertencia es lo que sigue en el menú de Death Grips: “Lock Your Doors“, una pieza con inicio lento y explosivo, que crea un efecto muy resonador mezclando la distorsión de los sintetizadores de Flatlander y samples de una multitud gritando. Una impresión de exhaustividad e histeria aparecen en la voz de Ride, demostrando su alta capacidad de impregnar emociones creadas y variedad de matices en las letras del monstruo Death Grips. Luego de una canción oscura como Lock Your Doors, somos testigos de la versatilidad de Death Grips en un hiperkinético tema llamado “Whammy“, con una notable acción en la batería electrónica por parte del gran baterista Zach Hill, toda una eminencia a la hora de componer música y tocar batería como nadie. Con disonantes y etéreos acordes de sintetizador sobre la estructura de una batería que te hace mover la cabeza inconscientemente, MC Ride crea inquietantes armonías con su dobletrackeada y boosteada voz. No Love Deep Web sigue su curso con “Hunger Games“, una canción con un inicio a capella por parte de Ride, con una estética muy parecida al hip-hop de calle estadounidense antiguo, que es seguida muy de cerca por la batería electrónica de Zach Hill, que, con múltiples destiempos y extraños sonidos programados en sus plataformas, marcan una pauta sonora que Flatlander sabe seguir apropiada y mesuradamente. Ya estamos a la altura de “Deep Web“, que marca su comienzo con un riff más tripeado que la chucha cresta, de corte muy oscuro y malvado, con la pista de voz de Ride con una sobrecarga de delay y seguida de cerca por acordes tremoleados cortesía de Flatlander y una batería intimista y lenta, haciendo de Ride y Flatlander una batalla campal entre ellos y, a ratos, entre Ride mismo.

El tema n°10 es llamado “Stockton“, que se caracteriza por un estructurado beat de batería de base con ruidos sampleados de soldaduras al arco acompañándolo, para que entre un irregular y quebrado verso, con una impresión de que te acabas de encontrar con MC Ride en su barrio, drogado, y lo has mirado de una mala manera, por lo que te va a sacar la chucha cresta, denotando la estética de barrio que Ride quiere imprimirle a la canción. Seguimos con “Pop“, una rápida y cambiante canción plagada de samples, ruidos como de motocicleta hechos por Flatlander y arpegios de sintetizador. Una inestable batería marca su presencia a lo largo de toda la canción, yendo de la mano con el desquiciado de Ride gritando de forma incansable. “Bass Rattle Stars Out The Sky” es lo siguiente, con una imagen sonora muy feísta, con una barroca y sobrecargada acción electrónica cortesía de Flatlander y una lengua sin trancas por parte de MC Ride, rapeando sin tapujos sobre una frenética batería electrónica de Zach Hill. Momentos de boosteo y ruido creados por Ride conducen a la canción a su muerte, desde donde nace la canción cúlmine del segundo LP de los Sacramenteses, “Artificial Death In The West“, que inicia su marcha con acordes de sintetizador plagados de trémolo, a los cuales se les unen los baquetazos y pies de Hill, impávidos en la adversidad, y la voz de Ride que a cada estrofa encarna una textura de voz y una emoción diferente impresa en los versos, generando un movimiento ascendente en intensidad, hasta que la canción termina igual como empieza.

Sin duda alguna que nos encontramos con un disco más ecléctico, trabajado y difícil de digerir que el LP anterior, The Money Store, y que el debut de Death Grips, el disco de mixtapes Exmilitary. Un sonido más corpóreo, crudo, castigador y a la vez logrado es lo que caracteriza a esta nueva placa del trío, dejando bien en claro que la fuerza potente y simple de Death Grips es algo que tenemos para rato. Si bien la banda ha hecho uso extensivo de las redes sociales para dar a conocer y descargar este nuevo trabajo, su servidor recomienda este link, que fue posteado a través de la cuenta oficial de Twitter de la banda, @deathgripz : http://www.mediafire.com/?mx4g29xqs8915r5

Los Mil Jinetes – Mundo Tan Mal Hecho, Delfín Quispe renace de las cenizas

Cristóbal Briceño no es sólo Ases Falsos y sus covers en su proyecto La Estrella Solitaria. El nacional no sólo se desvive por lo pop de tendencia latinoamericana, también gusta de escuchar y hacer folk, espíritu que ha intentado cristalizar en su grupo Los Mil Jinetes, banda que, integrada junto al multi-instrumentista Andrés Zanetta, lanza su tercera placa titulada Mundo Tan Mal Hecho, donde nuevamente Briceño se luce al tomar un camino musicalmente muy distinto al que ya ha trazado.

Mundo Tan Mal Hecho, disco lanzado para descarga gratuita de forma independiente, nos entrega, además de un fuerte elemento folklore, heredero de los dos anteriores trabajos de Los Mil Jinetes (“Reconoceronte” y “Ándate Cabrita”, ambos discos de aire muy artesanal y campestre), brinda al oyente una poderosa influencia electrónica, resultando a algo similar en forma (y no en contenido) al folklore electrónico de los latinos Wendy Sulca, Delfín Quispe, entre otros; obviamente con resultados y musicalidad incomparables.

Se da comienzo al LP con el tema “El Canto Del Canario”, una canción plagada de samples secuenciados de manera muy rítmica y orgánica en su inicio, donde se pueden apreciar silbidos, jadeos, golpeteos, etc. a los cuales, creciendo en intensidad, se les unen guitarras acústicas armonizadas y bajos que dan entrada a una multitrackeada voz de Cristóbal, haciendo florituras en bellas polifonías a modo de improvisación que concluyen en agudos gritos, dando inicio a la acción electrónica sacada desde otro mundo. Una cita hablada le da el término a la canción para que empiece la siguiente, “A La Violencia”, una canción melancólica plagada de extraños acordes que son acompañados por notas de sintetizador tocadas en pizzicato. Generadores de ruido suenan cada tanto, dándole una estética de red a la estrofa, que luego se encuentra de cara con baterías electrónicas y más notas pasadas por sintetizador, al igual que las implacables y tristes voces de Briceño y Zanetta. Lo que sigue es “La Lagartija”, canción que cuenta la historia de un niño que encuentra parte de sí mismo reflejada en una lagartija que encuentra en su jardín, acogiéndola como su amiga hasta que luego de un descuido esta escapa. Canción de ritmo rápido y donde lo acústico y lo electrónico entablan una batalla campal a lo largo de toda la canción, así como un entretenido bajo. “El Recién Llegado”, canción n°4, empieza con percusiones étnicas y electrónicas, para que luego entre un coro de voces masculinas, muy oscuro, que se opaca al ingresar al espacio sonoro una muralla de sonidos electrónicos y cálidas guitarras eléctricas, que luego se homologan a las acústicas, sometidas a las voces del dúo Zanetta-Briceño.

El disco sigue su curso con “Libres”, una canción acerca de una pareja de ancianos que decide cometer suicidio cuando a la mujer le da el mal de Alzheimer. Una muy triste canción que remece al corazón mediante letras melancólicas, una progresión de acordes precisa para conmover el ambiente y una melodía de sintetizador muy recordable. Los Mil Jinetes vuelven a tocar la fibra más sensible del chileno medio con “Mi Chaqueta De Jeans”, un tema que trata de un joven y la pérdida de su chaqueta de jeans que en su adolescencia representaba una protección muy grande del mundo exterior. Con un inicio eminentemente influenciado por el folclor latinoamericano, la canción es conducida por una lastimera voz de Briceño, sintetizadores suaves y protagónicas guitarras acústicas. “En Nombre De Tus Hijos” es un tema muy influenciado por la canción infantil y la canción romántica latinoamericana, en sus puentes musicales y en el tono juguetón de la voz de Briceño y los instrumentos usados. “Pero Es Una Sola” es la canción n°8 de este disco, que se caracteriza por una acción conjunta entre guitarras eléctricas y sintetizadores distorsionados en la introducción, que luego se apaga en las estrofas para abrir paso al canto de Cristóbal, su guitarra acústica y strings sintetizados. Un pegajoso puente bailable y electrónico precede al coro, simple y con multitud de instrumentos.

Seguimos con “Sol De América”, título en clara referencia al astro de la canción romántica mexicana Luis Miguel. Con una intro bien pelacables, extraña, plagada de loops y cuñas habladas y destiempos, que luego se regulariza y encuentra una estructura más pop, con una atmósfera calma y etérea, perfecta para salir a caminar por el gran Santiago. “Acabo De Mundo” es una pieza muy bailable, con un beat donde se deja sentir de sobremanera el electro-folk andino contemporáneo. Destacan las armonías de las estrofas y coros cantadas por Briceño y el saltarín ritmo. Ya llegamos a “Antes De Dormir”, una canción que encaja perfectamente con su título y con su posición final en el Mundo Tan Mal Hecho. Una línea de teclados va pavimentando la estrofa para que Briceño se desenvuelva de armoniosa manera a través de la canción para terminar con un dramático final que no les voy a contar para que lo escuchen (muajaja qué malote soy).

Nuevamente Cristóbal Briceño rescata lo mejor que encuentra en su mundo, lo filtra a través de su persona y lo trae al mundo según su visión en forma de canciones, de un modo muy acertado. Este año Briceño ha estado musicalmente acertivo y parejito. Ya nos deleitó con el Juventud Americana y ahora nos hace un regalo de corte más íntimo y con otra connotación. El Mundo Tan Mal Hecho está disponible para descarga gratuita y completamente legal en el siguiente link: http://www.mediafire.com/?8y50dema55063d0

Tonto Pero Feo – Nada Bueno Viene de España, humor y seriedad

Hacer punk en Chile tiene opciones. Entre ellas, hacer un producto de punk no-tan-políticamente-punk y hacerlo más un grupo de hueveo o de variante emo-punk (como Los Mox!, Tronic, Gufi,  Glup! en cierto momento, entre otros) y tener la oportunidad de poder expandirse comercialmente, vender discos y toda esa capitalización de la música que debemos tener más que clara. La otra opción, mucho menos viable económicamente para el grupo es hacer un punk hecho y derecho, con letras que problematicen y politicen en la complejidad y contingencia nacional, nuestra idiosincrasia y la vasta extensión de temas que el punk explícitamente comunicaba. Sin embargo, esto en Chile te cierra muchas puertas y es probable que el éxito no sea parte de tus ganancias, a pesar de que ciertas bandas han logrado cierto reconocimiento (sin contar a Los Prisioneros, que son caso aparte dentro de esta lógica), como lo son los Fiskales Ad-Hok, Los Miserables, los olvidados Peores de Chile, etc. Otra variante no contada es mezclar el punk con la cumbia (alternativa viable y muy atractiva estos días), pero eso es harina de otro costal.

Desde el underground vienen pegando fuerte Tonto Pero Feo (conocidos también por el apelativo TPF), autodenominándose la “banda de rock más hueona de todo Chile” y la “banda que hace todo mal”, conformados por Ácido en la guitarra y voces, Milo en la batería y Crepa en el bajo y segundas voces. Con dos discos a su haber, este 2012 lanzan su tercera placa, titulada “Nada Bueno Viene De España”, a modo de respuesta a las críticas de sus detractores que decían que su sonido era eminentemente una copia a las bandas de punk y ska español de los ’80 y ’90 como Kortatu, Eskorbuto, La Polla Records, etc. Con letras insertas en el contexto nacional, su principal blanco de ataque son las multinacionales, los políticos, los estereotipos y, cómo no, la televisión, estos sureños proponen un disco con multitud de guitarras distorsionadas y escuetos solos de guitarra, así como citas habladas humorísticas entre canción y canción.

El disco parte con “Hola, Soy Dios!”, una introducción con una parte hablada de Dios hablando con acento español que da paso a una guitarra eléctrica con influencias flamencas que varía a un riff muy punk y una voz femenina vociferando “mi abuelo me decía que nada bueno viene de España!”, ligado al segundo y agresivo tema titulado “El Mundo Se Va A Acabar”, con una letra que apunta hacia la gente que cree que el mundo se va a acabar este año, creyéndole ciegamente a cualquier tipejo que lo diga en TV pública a modo de sensacionalismo para ocultar noticias de verdad importantes, palabras tiradas a punta de baterías rápidas, guitarras agresivas y pasadas por flanger de vez en cuando, y notables voces armonizadas en el coro. El single que ya está sonando en las radios es la canción n°3, “Pato Yáñez”, una oda al otrora delantero chileno que hubiese empezado su carrera en el Club Deportivo San Luis de Quillota. Un pegajoso coro que al final de la canción muta en un cántico de barra brava es uno de los puntos emocionantes y altos del disco, además de la letra que detalla su historia futbolística. La siguiente pieza, “Er Pichichi” es un extracto de una memorable entrevista a Iván Zamorano donde, meses después de haberse ido a jugar a España por el Sevilla FC, vuelve a Chile hablando con un forzado acento español. “Jipicuica” es lo que sigue, una canción que habla acerca de un hombre normal que se enamora de una mujer encasillada como “hippie-lais” o “hippie-cuica”, gente de alta alcurnia interesada en la moda de corte hippy, y de cómo ella nunca se interesará en él. Musicalmente destaca un bajo de textura saltarina y juguetona y voces dobletrackeadas. “Nos Retan Por Hueones OTRA VEZ!” es otra cita hablada, que se conecta con otra cita contenida en la segunda placa de TPF, El Arte De Estafarte. Lo que sigue se titula “The Ramones Do Pichilemu (Pichilemu Surfin’)”, que cuenta las desventuras de un vagabundo residente de la Meca del surf chileno, Pichilemu, que intenta encontrar un lugar donde vivir y algo para comer. Al oído saltan las influencias vocales de The Ramones y de The Beach Boys, así como un exquisito tono de guitarra y una oportuna acción de hi-hat abierto en el coro y el riff de entrada que se repite a lo largo de la canción.

Piscola (Parte II de “Ella Está Loca”)” es una canción que, con un poderoso y distorsionado bajo de entrada junto a acoples de guitarra, cuenta la historia de un hombre que, feliz de haber terminado una tortuosa relación amorosa, hace lo que todo mortal hace para celebrar: beber alcohol en cantidades salomónicas. Esta canción se encuentra conectada a la canción presente en su disco debut, No Sabes Nada De Ignorancia, que describía a la relación desde adentro. Luego de la cuña de “Era Tan Grande Mi Doló”, viene la canción llamada “Piratas”, dedicada al noble oficio de los piratas digitales, el compartir información (sobre todo música, películas y juegos) por internet y su criminalización, sobre todo por el caso MegaUpload de este último verano. Un ambiente musical ad-hoc conduce a la canción de muy fluida y peculiar manera hacia su fin. “A La Larga, Igual Excita” es la voz femenina del antivirus Avast! diciendo su conocida frase “la base de datos de virus ha sido actualizada”. Continuamos con “Red Antisocial”, una pieza acerca de cómo las redes sociales, en vez de cumplir su objetivo de unir y conectar más a las personas fraternalmente, terminan creando hostilidad y haciendo todo lo contrario a su fin. Conteniendo intensos y simples riffs y una notable acción bajística, la canción finaliza y empieza “Publicidad”, una canción de estética sonora un tanto diferente a la convencional (incluso en TPF mismo) que nos habla acerca del lavado de cerebro legal que es la publicidad y de cómo modela a la gente de manera impensada. Lo que sigue es “Los Gorros Colorados”, un audio del número uno de la colección CuentaCuentos de Salvat, que al terminar da el inicio a “Apocalipsis Zombie”, una crítica a cómo el sistema hace de nosotros, la gente inserta en él, zombies que básicamente usan smartphones, se endeudan, trabajan y estudian, traído a colación por un agresivo riff de entrada y rápidas baterías que en el coro bajan un poco las revoluciones y se tornan más lentas.

La Maravillosa Historia De Vida Casi Resuelta En Parábolas Antagónicas” es el tema n°16 de este disco, una canción carente de letras donde la creatividad se vuelve a la musicalidad, que presenta un simple y pegajoso riff iniciado en el bajo y luego seguido por toda la banda, que a lo largo de su curso va mutando y es acompañado también por la voz de Ácido sin más que usar recursos de scat como la’s y oh’s. “Viendo Tele” es una pieza vocal acompañada por un distorsionado sintetizador que hace la misma melodía que la voz, que trata de cómo la televisión influye en conceptos que deberían ser tan humanos como, en este caso, el amor. “Caña Moral”, la siguiente canción, describe las meditaciones de un hombre promedio en ese aborrecible estado corporal que todos hemos atravesado: la caña. Un notable bajo con slap, las dispersas guitarras como una muralla impenetrable y los poderosos dobles bombos de Milo intentan llevar al oyente al dolor de cabeza que el protagonista sufre. “Jorge”, la siguiente cuña hablada, es una crítica a los usuarios latinos de Youtube que usan Loquendo con acento español, siendo que en Latinoamérica nadie habla con ese acento (paradójicamente, la cuña está hecha en Loquendo). El disco sigue su curso con “Las Fantabulásticas Aventuras De Chabela, El Negro Y La Caña”, una dispersa canción instrumental con un par de riffs bases e improvisaciones por parte de Ácido, unos poderosos acordes en el bajo de Crepa y Milo implacable con las baquetas y bombos. “La Guerra Del Hombre Contra El Lobo” es otra cuña hablada, esta vez del documental “El Hombre y la Tierra”, emitido en la Televisión Española menguada la década de los ’70. Ya estamos en la recta final con “Puro Hueveando”, una ácida crítica al fanatismo político, científico y religioso donde Crepa y su bajo se lucen a la par de Milo y sus rápidos bombos y toms. “El Maldito Rocanrol” da el cierre al NBVDE con un tema estéticamente old-school, con riffs pentatónicos simples y un overdrive bien clásico en la guitarra y una voz influenciada por La Renga. Las letras hablan de la historia primigenia de la banda y de cómo en Chile nadie pesca a las bandas de rock, para terminar en la ya tradicional y clásica pista de cierre de todos los álbumes de Tonto Pero Feo, donde se concluye cuestionando gruesamente una parte del sistema en el que estamos todos insertos.

Tonto Pero Feo parecen no ser tan tontos después de todo, al poner en conjunto ambas variantes de la tradición punk chilena: su buena cuota de consciencia social (con ciertos tintes pesimísticos) y una cabida espaciosa para el hueveo. Puede que esta fórmula sirva, ya que la presencia de “Pato Yáñez” en el escenario radiodifusor chileno es cada vez mayor. Invito también a los lectores a poner oreja a los anteriores discos de TPF, que se encuentran todos en descarga gratuita disponible desde el sitio web oficial de la banda http://tontoperofeo.com .

St. Vincent & David Byrne – Love this Giant (2012)

Dama y Obrero

Por Jorge González San Martín

El álbum anterior de David Byrne —Here lies love, 2010 — resultó una labor que, como dicen los millonarios en las películas cuando necesitan urgencia en algo ilegal, no estimó en gastos. Con un total desprecio por la economía de recursos, junto a Fat Boy Slim armó un indefinible homenaje/ópera pop electrónico/experimento elefantiásico protagonizado argumentalmente por Imelda Marcos, la famosa esposa del dictador filipino Ferdinand Marcos. En este menjurje ambicioso e irregular —Fat Boy Slim no se caracteriza puntualmente por su versatilidad melódica — sobresalía una particularidad virtuosa: cada canción era interpretada por una cantante distinta, que representaba una voz distinta de Imelda. Y entre esas voces, había una que llamaba más la atención, una figura pop que consigue el halago de la crítica especializada en la misma aclamación que el aprecio del auditor agudamente receptivo. Esa colaboración era la de Cindy Lauper.

Ah, y también estaba St. Vincent.

Annie Clark, también conocida como St. Vincent, tiene igualmente un prontuario muy especial de trabajos colectivos. Participó en ese conglomerado llamado Polyphonic Spree, fue guitarrista de Sufjan Stevens, compuso con Bon Iver una canción para la banda sonora de Crepúsculo y ha hecho cameos en series como Portlandia y Gossip Girl. Cuando Annie conoció a David expusieron su mutua admiración profesional, y como ambos no son del tipo de personas que prometen y no cumplen, decidieron hacer un disco juntos que no quedó, afortunadamente, en las puras intenciones. Love this Giant es un trabajo muy entretenido, donde los talentos del fundador de Talking Heads y la cara más adorable de la música independiente juegan, se mezclan, se respetan y se vuelven a mezclar, con la cabeza puesta en el asombro y el desafío, pero siempre con el pop accesible como dirección.

En su primer disco como St. Vincent, Marry Me (2007), la cantante texana había dejado claro su sofisticado gusto por los arreglos musicales de vientos. De la misma forma con que hace parecer tan fácil complicadísimos ejercicios de guitarra, también en las partituras para trompetas o saxofón se cuentan esos mismo malabares que, siempre al servicio de la melodía principal, no se agigantaban en demostrativos alardes torpes. Para su tercer disco, Strange Mercy, la multiinstrumentista confesaba que prácticamente todo su material se componía ahora digitalmente, como un niño que se cansó de su destreza en un juego particular para aventurarse en otros que no domina que pero despiertan de mejor forma su imaginación. Sin embargo, la inquietud no desaparece y esos arreglos juguetones siempre vuelven. Y se llevan muy bien con el sentido del ritmo del inglés, que ha superado hace años el título de world music (ese imprecisa clasificación racista que echa en el mismo saco a toda la música no anglosajona) para manifestarse como un estilo verdaderamente propio, esa búsqueda desprejuiciada de baile latino emprendida por un blanco británico.

En algunas canciones es divertido imaginar a estos dos nativos de países primermundistas intentar moverse de acuerdo a los compases festivos de su música, como en “The one who broke your heart”. De hecho, en el video del primer single promocional, “Who”, ese deseo se cumple y vemos a Byrne intentando enseñarle sus famoso pasos de baile tipo C3PO a Annie, después de tener la poca deferencia de atropellarla por manejar borracho. “Who” es una canción semi-jamaiquina donde Byrne busca alguien con quien compartir el taxi, mientras que Annie se pregunta dónde estará “el hombre honesto”. El tono general del disco tiene en la fascinación por las melodías amables, los arreglos complejos de viento y sutiles pistas electrónicas como principal fuente alimenticia. Cinco de los temas son interpretados por Annie Clark, cuatro por David Byrne y tres en conjunto. “Ice age” y “Optimistic” son las más parecidas a la carrera solista de St. Vincent. Esta última es una melancólica canción que comienza con un órgano evocador a iglesia, sigue con una pista hip-hopera y termina con diversos instrumentos de viento a lo George Martin y guitarras distorsionadas in crescendo. “Lighting” aparece como lo más cercano a un ejercicio de pie forzado, con St. Vincent intentando emular la peculiar forma de cantar del músico escocés. El ex Talking Heads, por su parte, se mueve entre nostalgias funk como “Dinner for two”, influencias mariachis al comienzo de “I am an ape” o divertidas ironías (“I should watch TV”).

Natural resulta que el crío se parezca más al papá que a la mamá. Tanto por una trayectoria que lo eleva entre lo más interesante de la música popular como por el sensible y afectuoso respeto de Clark, las ideas de Byrne prevalecen durante el disco, lo que no significa en ningún caso que el aporte de la joven guitarrista sea accesorio. Mucho más que un ejercicio de mentor/aprendiz, Love this Giant es un disco de dos talentos macizos, que se complementan sin hacerse tropezones. El obrero inglés defensor de los ritmos bailables y la dama inclasificable hacen una bonita pareja.