
Artículo anterior: El fenómeno “Lana del Rey”: ¿Hype miediático o Talento innato?
Lana del Rey es el producto con mayor alcance que nos han tratado de vender. Las formulas se van gastando y ya no es suficiente llenar el vacío pop con dobles de Madonna como Lady Gaga. Tenían que procesar un estereotipo musical que abordara tanto al público consumidor de sonidos masivos y al espectador oyente de trabajos más elaborados, cosa de poder vender algo de calidad y de alto calibre, transversalmente.
De aquí nació la idea de levantar a un artista a niveles de ícono; de belleza exhuberante; voz hipnótica y con el poder del revival de los 50′s. Elizabeth Grant en meses y un gran marketing, se levanta como la artista con mayor hype en la historia de la musica. Me pregunto: ¿Tanta atención a un par de singles, serviran para mantenerla en carrera? Con un poco de atención y un par de escuchas, llegamos a la siguiente conclusión.
Born To Die posee un orden estratégico y una separación entre temas redonditos y el relleno soporífero. En primera parte, las cualidades de las canciones, tales como Born To Die, Off The Races, Blue Jeans y Videogames presentan al disco como algo épico; canciones atmósfericas, que hablan por sí solas, y pronuncian la esencia de “Elizabeth Grant” , en ese aire de tono en sepia, cargas de nostalgia, las cuales nos cuentan sobre promesas de amor y conflictos de gangsters.
Luego viene la parte casi media, establecida por las canciones: Diet Mountain Dew, Radio, Carmen y Million Dollar Man, las cuales estiran un chicle que pierde el sabor, es decir, ya tienes la idea de que sucederá y adivinas esa intención, como si supieramos de antemano, que ella mostrará el escote, con la idea de provocarte placer, de manera fácil y efectiva. Ojo que en esta conjentura o rácimo de canciones, se salva National Anthem, posible futuro single, que promete sonar el próximo 4 de Julio en todas las casas de Estados Unidos.
A cuentas, no me sorprende el nivel intermedio que posee el disco; se ayudo mucho al single y poco al paisaje que compone el disco. Se siente balanceado, pero a niveles muy extremos. Por una parte, te llena de cliches, promesas y juega a ser Nancy Sinatra, Hope Sandoval; te drena el espíritu de Lolita y se aventura a una diva con sentimientos espirales a lo David Lynch. Por otra parte, tanto dulce y melosidad, te puede llegar a saturar, como sí te estuvieses comiendo un algodón de azucar por casi una hora.
¿Nuestro veredicto? Singles buenos, opacados por un producto incompleto, sin forma ni la suficiente fuerza. Total, al fánatico le dará igual, tal cual el de Britney, que solo se escucha los singles.