Gladys, escrita y dirigida por Elisa Zulueta

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Por Jorge González San Martín

            En el cuento La mano de Patricia Highsmith, un joven le pide a un padre la mano de su hija. El padre le entrega la mano izquierda en una caja.

La literalidad como norma dominante es la película de horror en el mundo del lenguaje. Es una práctica que inmoviliza, pues no deja espacio para segundas lecturas. Sin embargo, el sujeto con este inconveniente puede adoptar alternativas y encontrar otra manera de expresarse, más personal e intuitiva.

             La obra de teatro Gladys empieza con una familia que celebra la Pascua de Reyes. Tenemos al padre, Ander (Sergio Hernández), sus hijos Ian (Álvaro Viguera), Lucía (Ignacia Baeza) y Uxue (Antonia Santa María), además de la hermana de Ander, Ane (Coca Guazzini). Ian quiere sorprender a la familia invitando a Gladys (Catalina Saavedra), hermana del padre y la tía, quien ha pasado mucho tiempo en Estados Unidos. La visita da paso al conflicto entre los personajes.

             Uxue, al igual que Gladys, tiene síndrome de Asperger, asunto que obstaculiza su interacción social. Las personas con este rasgo tienden a ser obsesivas con las rutinas y se inquietan cuando los imprevistos los sacan del orden acordado. Es por eso que repiten comportamientos y monólogos constantemente. Otra de sus características es la dificultad para comprender las sutilezas del lenguaje, lo que los lleva a tomar al pie de la letra metáforas y a confundirse con las inflexiones en el tono de las voces. Pero a pesar de eso, suelen tener muy buena memoria y es improbable que mientan, y cuando lo pretenden se delatan fácilmente.

Elenco de Gladys

             En Gladys, el padre y la tía guardan secretos en diferentes niveles, los que pueden ser entendidos como la habitual costumbre de una protección malentendida, aferrada al compromiso de encubrir para amparar y eludir respuestas para mantener el equilibrio. Es ahí donde se separan brutalmente las dos visiones de mundo entre Ander-Ane y Uxue-Gladys: los primeros prefieren ocultar el discurso, mientras que las segundas construyen nuevas formas de comunicación.

             Una de las principales virtudes de la obra es la acertada representación de los personajes con Asperger. No tiene similitud ni con el proselitismo moralista ni con la caricatura irreverente de otros acercamientos al tema. Son personajes individualizados, con sus propias virtudes y defectos, independientes de las características que el síndrome les otorga intrínsicamente. Es así como Uxue presenta un gusto por los juguetes musicales, mientras que Gladys hace de su experiencia trabajando en un zoológico de San Diego su manera más inmediata para darse a entender.

Música y animales, entonces, son los signos de un método lingüístico con el que pueden matizar las ideas que en  palabras cotidianas no pueden expresar. Las melodías ensayadas constantemente y la descripción de curiosidades animales son formas de articular un discurso complejo, un abecedario propio, más tosco e impreciso que el tradicional y por lo mismo, más rico interpretativamente. Gladys narra una anécdota: su jefa le había contado que cuando abrazara a un panda bebé, podría morir tranquila. Ella estaba inquieta, ya que nunca había abrazado a un panda bebé y pensaba que no moriría tranquila -literalidad como horror-. Pero, mientras comía, Gladys comienza a frotarse los dientes con la servilleta. Es una costumbre que se les aplica a ciertos vacunos para quitarles el apetito, comenta. Para Ane era repulsivo. Para Gladys era práctico y le acomodaba. Inventaba un nuevo lenguaje que podía adaptar y dominar.

             El caso de Ander y Ane es todo lo contrario. Ocultan un pasado que los incomoda, que los hace sentir culpables, logrando con eso un nivel de orden funcional que les parece competente. Niegan el discurso, el silencio lo utilizan como valor. Lucía e Ian, por su parte, son las víctimas de este orden tácito. La hermana, como la hija prodigio, se descubre perpleja y distante ante un comportamiento de sus figuras de autoridad que no imaginaba, mientras que el hermano, la oveja negra, el disidente, obtiene con tristeza la confirmación de sus sospechas.

El problema más grave, el que se confiesa, es de relevancia no sólo para estos parientes, sino para toda una comunidad entera, que prefiere la omisión del pasado monstruoso a enfrentarlo. Pero el texto también es lo bastante astuto como para incluir otros conflictos solapadamente, que van a permanecer sin revelar: la auto-represión de la identidad sexual, la fascinación tortuosa por la endogamia, el desprecio institucional a la diferencia.

             En tiempo real, Gladys enfrenta problemas de lenguaje, secretos y frustraciones a través de uno de los desafíos sociales más difíciles de encarar: la reunión familiar.

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Gladys, del 4 al 15 de enero, Festival Internacional Stgo. a Mil. Más información en Teatrodelpuente.cl