El Año del Tigre de Sebastián Lelio

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El Año del tigre es una película chilena de 2011, dirigida por Sebastián Lelio. Basta con conocer el repertorio de Lelio para identificar su mano inconfundible, la misma que nos entregó películas memorables como “La Sagrada Familia” y “Navidad”.La historia toma lugar en Chile durante el terremoto del 27 de febrero de 2010, y trata sobre Manuel (Luis Dubó), un interno de una cárcel en el sur del país –todo parece indicar que se trata de Concepción y sus alrededores- quién escapa durante la catástrofe. Manuel intenta reincorporarse a la vida en la ciudad, sin embargo el panorama con el que se encuentra es desolador: la fuerza de la naturaleza ha derribado gran parte de la ciudad, los hombres y mujeres deambulan errantes por las calles de un desierto de escombros, los niños lloran, ya nada es lo que recordaba. Sin casa, sin rumbo, sin familia y sin nombre, Manuel entierra su pasado y emprende el camino hacia una paradójica libertad por el infierno que le aguarda en el lugar donde alguna vez vertió sus esperanzas. Durante éste camino el prófugo se encontrará con la contradictoria naturaleza del hombre al que se le ha arrebatado de un zarpazo la civilización.

Primero que nada es necesario aclarar que no hablamos de una película de género, no es una historia sobre el fin del mundo o de catástrofe, sino que es un film íntimo, de personaje, exploratorio, contemplativo y reflexivo, atributos que la transforman en una obra que hace sonrojarse a 2012 o Armagedón. El Año del Tigre es el fruto de un director que alcanza su madurez por completo, que no habla en un código soporífero como esas películas experimentales/autorales con las que se regocija algún shúper. Por el contrario, es una película que arranca con gran audacia, con un primer acto de un metraje perfecto, activo, repleto de detalles, de conflicto, de humanidad. Humanidad que se extiende durante el resto de sus 82 minutos de duración. En mi opinión se trata de una de las grandes películas chilenas de los últimos años, cruda a ratos, pero tratada con tal sutileza que no nos estremece la poca sangre de la pantalla, sino la profundidad del drama de un hombre que se encuentra con la cara más salvaje de la humanidad: sí, el hombre es el lobo del hombre.

  Existen tres elementos que se transforman, en el origen de la potencia fílmica que posee El Año del tigre: Primero, la impecable actuación de Luis Dubó – Así como la de Sergio Hernández-, que nunca decepciona en el rol que se le asigna, un tremendo artista que sabe hacer lo que todo buen actor debe saber hacer: desnudar al personaje que necesita retratar en todo su espectro, sin idealizaciones, sin afecciones impropias o preconcebidas a las que malamente nos acostumbran algunas piezas chilenas. Segundo, a un guión de una limpieza inexpresable, de una pureza que sólo logra alguien que no busca lucirse, sino contar una historia sólida de principio a fin, es allí donde se reconoce la mano del buen escritor, en donde jamás notamos que existe un guión, en esa magia que produce el cine al hacernos pensar que lo que estamos viendo sucede aquí y ahora y jamás se pensó antes siquiera. El tercer elemento es claramente la mano del director, que sabe narrar sin prisas ni dilataciones, dejar a sus personajes respirar, vivir las emociones, masticarlas y entregarlas. De la misma mano viene lo que, para mí, constituye un mérito artístico loable: El Año del Tigre logra incorporar imágenes que, aisladas, parecerían de un surrealismo exuberante, a una trama perfectamente lógica, lo que hizo que me llevara esa impresión de un sueño medio vivido o de una vida medio soñada, y eso es para mí lo que logra un cineasta que conoce su arte.

Presentada recientemente en el Festival de Cine B y premiada en diferentes festivales internacionales de renombre como el Festival de Toronto, El Año del Tigre espera su llegada a las salas comerciales nacionales. Sin embargo creo que esta película (como muchas otras) no se volverá un éxito en la taquilla –lamentablemente- pero sí puedo asegurar que todo aquel que aprecie los elementos que la constituyen, disfrutará sin peros y saldrá agradeciendo a Lelio entregar filmes como éste al arte cinematográfico nacional.