Inuyashiki: buscar lo que nos hace humanos

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Hiroya Oku, el célebre creador de Gantz, estrenó el 2014 su nueva obra: el manga Inuyashiki, el cual sería publicado en la revista bisemanal Evening (Yugo, Shamo, Sanzoku Diary) de Kodansha. Tenía la popular estética de Oku, con llamativos personajes y gran cantidad de escenas impactantes a doble página, pero con una particularidad: el protagonista era un adulto de casi 60 años. El manga terminaría 3 años después, con 10 tomos y un anime que adaptaría la serie por completo en 11 capítulos. Además, un live action fue anunciado y está en proceso. A pesar de que el manga no tuvo las ventas que se esperaban, no se puede decir que la recepción fue mala. Sin duda, hubo algo que cautivó a gran público de esta particular historia, pero ¿qué fue?

Ichiro Inuyashiki tiene 58 años, un hijo joven, una hija adolescente y una esposa. Quiere lo mejor para su familia, pero pareciese que esta no le da mucha importancia. Sin amistades a las que recurrir, decide adoptar a Hanako, una perrita de un hogar de animales. Siempre intenta mantener la esperanza de que las cosas pueden estar bien, pero una noticia lo golpea: tiene cáncer y no mucho tiempo de vida. Angustiado y sin encontrar una forma de contarle a su familia, viéndose de alguna manera rechazado, se aproblema con el cómo continuar su vida. Las presiones se vuelven cada vez más pesadas. El cuerpo no resiste.

En un paseo que da junto a Hanako, cansado y apenado, de repente es impactado por un meteorito. Extraterrestres habitaban en el y se dan cuenta de que mataron a dos personas. Al ver que no podían salvarlas, dejan unas copias robóticas y abandonan el planeta, con una extraña sensación de miedo. Como si hubiese tenido una siesta, Ichiro se levanta y vuelve a casa. Poco a poco empieza notar cosas extrañas consigo mismo, hasta que se da cuenta de la verdad: él no es Ichiro Inuyashiki, solo es una copia con sus memorias. Con este pie, desarrollado a través de todo el primer tomo, nos insertamos en su mente y el cómo enfrenta su día a día de una nueva forma, volviéndose cada vez más atrevido, descubriendo poco a poco el por qué está vivo y el qué puede hacer siendo ahora una máquina con distintas habilidades.

Como contraparte, está Hiro Shishigami, un adolescente medianamente normal con comportamientos de tendencia sociópata. El se encontraba en el mismo parque del impacto y fue afectado de la misma forma, pero su reacción fue distinta. A lo largo de su experiencia, descubre que lo único que lo hace sentir humano, después de este cambio, es matar. Inuyashiki, habiendo descubierto que ahora puede ayudar y proteger a la gente, se encuentra inevitablemente con Shishigami y el conflicto inicia. Sentirse humano al ver que puedes ayudar a la gente, entregarles felicidad y ser de utilidad, contra sentirse humano al ver que puedes arrebatarle la vida a alguien y tener control absoluto. Cada uno había encontrado su propia respuesta a la nueva e inesperada situación en la que se encontraron.

El manga está lleno de despampanantes escenas de acción, bastante bien ejecutadas y con mucha tensión, pero sin duda el gran brillo de esta obra es el como poco a poco nos va mostrando los personajes, como estos se van descubriendo y relacionándose con su entorno y la gente que va encontrando, mostrando el lado retorcido de la humanidad junto a la necesidad de proteger y entregarse a una misión.  Aunque nos sentimos en áreas similares del tipo de ciencia ficción que suele hacer Hiroya Oku, logra presentarnos, de todas formas, escenarios frescos e interesantes, con personajes a los que podemos entender y con motivos psicológicos con los cuales podemos empatizar fácilmente, sin estos ser burdos.

Sin ir más lejos, a pesar de que la temática de hombre vs máquina y hombre-máquina persigue al arte desde hace mucho tiempo, la contextualización que hace Oku no deja de ser interesante, ágil y entretenida. Aunque Inuyashiki no llega a los extremos surreales de Gantz y es mucho más simple en esencia, no es para nada inferior. Meramente es diferente, pues su tarea es distinta. Como obra, es mucho más directa en mostrar sus motivos y en presentarnos su mundo. En una época en donde hay una sobreproducción de media que consumir, es agradable encontrare con un trabajo pulcro como este. No todo lo que hace Hiroya es oro, Me~teru no Kimochi me parece un gran ejemplo de ello, pero sin duda hay que seguir poniéndole atención a sus próximos trabajos.