Un fuego que ardió toda la noche: Así fue el debut de Neurosis en Chile

Un fuego que ardió toda la noche: Así fue el debut de Neurosis en Chile

Fotos por Diego Cancino.

Fanáticos del metal en general, incluyendo también del crust-punk y lo experimental, se agruparon en la Blondie para un suceso esperado hace mucho, la llegada de Neurosis a Chile. Con más de 30 años de carrera y con una influencia importantísima para bandas como Mastodon, Converge y Zao, su llegada era algo que los cientos de fanáticos presentes agradecían enormemente y que aquellos que no pudieron asistir lamentarían profundamente. Red House se las jugó con varios artistas de peso este año y en el último mes había que lanzarse con unos gigantes. Y si de post-metal hablamos, los compañeros perfectos para la noche eran los potentes de La Bestia De Gevaudan.

Actualmente se encuentran cercanos a presentar su nuevo trabajo, Kintsukuroi, y recientemente se han presentado en lugares como Bar Loreto y Matucana 100, además de haber liberado un disco con distintos lados b, entre otras cosas dentro de un movido año. Consistencia e historia no le falta a La Bestia y a lo largo del tiempo han ido solidificando aún más su sonido. Tanto, que a mi parecer cuesta mucho mostrar la crudeza que tienen en vivo en sus discos de estudio. Esto es algo que en este show nuevamente se notó. Con temas que abarcan toda su carrera, como Fig. 5 y Diecisiete Seis Cuatro, el grupo mostró su amplia gama sonora, que apostaba por impresionar de frente a un público exigente, el cual respondió de manera positiva a los retumbantes bajos y las baterías frenéticas. Aunque he quedado maravillado -y con lo oído pitando- con sus sets incluso en espacios pequeños como Bar 1, en Blondie hicieron retumbar todo. Pocas antesalas habían calzado de forma tan perfecta. Después de presenciar el set, que duró unos 40 minutos, con distintos procesamientos vocales, texturas de fondo y interludios electrónicos, Neurosis podía arremeter con todo. Estábamos preparados.

Puede parecer un detalle pequeño, pero algo que me encantó fue ver a los mismos músicos ahí afinando los últimos detalles, viéndole las caras a los presentes un poco antes de comenzar. También, el hecho de que tocaran de corrido, sin encore. Sin el jueguito del rockstar que espera a que le aclamen para volver. Neurosis eran directos y se agradecía.

El ambiente estaba listo y poco a poco nos empezamos a encontrar con Lost, primer tema de la noche, que penetraba gentilmente de la mano del bajo de Dave Edwardson, y con la voz de Steve Von Till guiándonos a través de la canción, hasta encontrarnos con una verdadera explosión. A esta canción del disco Enemy of the Sun (1993), le siguió The Web, de su aclamado Souls At Zero (1992), mucho más cruda y confrontacional. La gente movía los brazos y movía la cabeza con fuerza ante los ritmos de la banda. Sin duda era un agrado saber que a pesar de que promocionaban su disco del 2016, Fires Within Fires -del cual escuchamos como tercer tema del set A Shadow Memory-, sabían que estaban en deuda por los años de ausencia en estas tierras y que estábamos todos ansiosos por escuchar canciones de todas sus épocas. Y sabíamos que había mucho por escuchar, distintos sonidos y matices por presenciar.

Nos fuimos a 1996 con Locust Star de su disco Through Silver in Blood, una época en donde su trabajo se acerca de mejor forma a un sonido de influencia industrial y en donde se incorporó Noah Landis, que ese día correctamente vestía una polera de Killing Joke. Riffs y cortes de un metal pesado y feedback resonante hacían acumular la tensión más y más en el recinto.

Con un sonido igual de potente, pero quizá menos chirriante y con mucho más groove, se introducía Fire Is The End Lesson, uno de los 5 temas de su último disco y el segundo de los 4 que tocaron. Si bien había una distancia reconocible entre los dos temas, se sabía que tenían la marca de la banda, al igual que Water Is Not Enough, de su disco Given to the Rising (2007), canción que siguió. Brokenground y Takeahnase ayudaron a continuar el contraste de épocas, con un salto de casi 25 años entre ambos temas. Sin duda, el público era tan variado como los géneros de los que se alimentaban. En un momento, entre canciones, incluso unos gritos de “¡Valparaiso! ¡Antifascista!” se escucharon.

Siguieron At The End Of The Road y Bending Light, extendiendo el show cada vez más cerca a la hora y media de duración, sin ninguna señal de agotamiento en los músicos. Cada acorde, bending y beat golpeaba con precisión y potencia. Para cerrar la jornada, presentaban dos canciones de dos discos que aún no hacían aparición en el setlist: Stones From The Sky de A Sun That Never Sets (2001) y The Doorway de Times of Grace (1999). El fin había llegado y era para no creerlo. Quizá los años de espera habían dejado a muchos con expectativas que jamás se cumplirían por completo, pero decir que el show no estuvo al nivel de una banda con semejante trayectoria sería faltar a la verdad. El sólido show de Neurosis hacía que el hecho de que el Transantiago no quisiese parar en el paradero 3 de Unión Latinoamericana repetidas veces no fuese tan amargo. Había bastante que procesar.