Aunque pueda chocar a muchos aún: Conversemos sobre Pinku Eiga, el cine erótico japónes

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Desde su apertura al mundo occidental y los innumerables cambios sufridos a causa de la guerra, Japón ha traducido una gran cantidad de prácticas, generado movimientos propios en el cine, la literatura, la música y las artes en general. Ha sabido interpretar y adaptar la cultura ajena, creando así conceptos y obras novedosas, interesantes y muchas veces potentes, pero también sabiendo contextualizarlo con el ritmo de la sociedad japonesa contemporánea. A pesar de la raíz extranjera que pudiese haber, podían llamarlo propio.

El Pinku Eiga (literalmente cine rosa) o eroduction (erotic production) es una corriente cinematográfica iniciada en los años sesenta por varios directores de vanguardia japoneses con una sensibilidad por la transgresión y las nuevas propuestas, además como una respuesta a las leyes de censura del país, lo que los llevó a generar un cine con escenas sexuales o eróticas. Por esto mismo, es complicado encontrar un par occidental, pues este no puede ser simplemente catalogado como cine erótico. Se usó como iniciativa para abrir el camino a la libertad artística, no solo para los directores, también para quienes actuaban. De ahí viene, también, el aspecto psicológico de las tramas y la violencia que muchas veces las envuelve. Aunque es justo decir que les sirvió la exposición de desnudos de forma internacional que logró el cine europeo gracias a directores como Bergman o Malle.

Habiendo explotado en 1960 y teniendo una gran dominancia hasta 1980, se hizo posible catalogar varias características de este cine. Primero, los directores debían filmar de tal manera que pudiesen mostrar escenas explícitas y no ser censurados por las leyes, valiéndose de distintos trucos de cámara y escenario para lograrlo. Las películas solían rondar la duración de 1 hora, siendo grabadas en un tiempo aproximado de una semana y con película de 16 mm o 35 mm. También, se realizaba todo de manera independiente y con un presupuesto bajo. La combinación de estos elementos más la creatividad de los directores derivó en un cine que se diferenciaba de la gastada erótica occidental.

¿Cómo inició todo esto? En 1962 se presentó en los cines japoneses Flesh Market de Satoru Kobayashi, inaugurando oficialmente la entrada de los desnudos y el sexo al cine japonés, por lo que se considera como la primera pinku eiga. Con un presupuesto de 8 millones de yen, consiguió recaudar más de 100 millones, ayudando a construir la carrera de Kobayashi y de Tamaki Katori¸ actriz principal que participaría en gran cantidad de películas de este tipo, ganando el título de “princesa rosa”. Tres años después, Testsuji Takechi tendría problemas legales con su película Black Snow, siendo arrestado y llevado a juicio, lo que derivó en una gran cantidad de publicidad para este tipo de cine. Habiendo ganado, con apoyo de un grupo de intelectuales japoneses, el camino estaba pavimentado.

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Ese mismo año, 1965, también tuvo lugar otro hito importante para el pinku eiga: Koji Wakamatsu, uno de los directores más reconocidos del género, llamado el “abuelo del pinku eiga”, crea Wakamatsu Studios. Sus películas no solo contenían varias escenas sexuales, sino que también utilizaban gran cantidad de violencia e incluían un potente trasfondo político (en los 70 las revueltas estudiantiles eran potentes en Japón y el cine mainstream evitaba estos tópicos), por lo que destacaban por sobre las demás y servirían de influencia para otros directores. Los temas de misoginia y sadismo que trataba en algunas creaban una clara diferenciación y hacía que las escenas quedaran grabadas en las retinas del público. Varios otros directores lograron cierto éxito de forma independiente, por lo que las compañías más grandes no tardarían en sumarse.

En 1970 la corriente principal de cine japonés no podía competir mucho contra el cine estadounidense y la televisión. A pesar de que ya grandes compañías como Nikkatsu Corporation y Schochiku Company habían tenido su acercamiento al pinku eiga, fue Toei quien se lanzó a lo grande a principio de la década, generando una inmensa cantidad de películas y trabajado con gente como el productor Kanji Amao, los directores Shunya Ito y Norifumi Suzuki, actrices como Reiko Oshida y Meiko Kaji, entre otras personas. Pero el éxito no duraría para siempre.

Ya en los 80, con la introducción del VHS y el Adult Video, las ganancias empezaron a bajar. Los problemas crecieron cuando en 1984 las leyes de censura se pusieron más estrictas con las películas que se proyectaran. Al final de la década, el VHS se había transformado en el formato principal de las películas para adultos y con los años la rentabilidad del pinku eiga cayó en picada. En 1993 Nikkatsu declaró bancarrota, símbolo de su gran abatimiento, pero aun cuando su llama estaba más débil, esta corriente nunca desapareció por completo.

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Aunque pueda chocar a muchos aún, este cine tuvo una gran importancia. Supo desafiar a la corriente cinematográfica principal de la época, proponiendo nuevos temas y haciéndose valer con recursos bajos, permitiendo que casi cualquier persona pudiese participar y con libertades artísticas mayores. El cine experimental japonés terminó compartiendo algunas cosas con esta corriente y sus particularidades hacen eco en varias de las películas de directores como Yoshishige Yoshida. Aunque su popularidad ya no es la de antes, todavía se  hacen y las producciones antiguas se investigan como parte importante del desarrollo del cine artístico japonés.