Sukeban: las pandillas femeninas y la subcultura japonesa de los 70

Sukeban: las pandillas femeninas y la subcultura japonesa de los 70

Ilustración por Courtney Wirth.

Los 60 son reconocidos principalmente por su vibra hippie, su rock psicodélico y sus distintas revueltas alrededor del mundo, marcándola como una de las décadas más importantes de la contracultura. Pero, después del Mayo francés y los days of rage estadounidenses, los ánimos no estaban muy altivos y la gente estaba dispersa. Las esperanzas iban en decaimiento, algo que podemos ver en la representación que realizo Antonioni, Zabriskie Point, donde se refleja el último respiro de este movimiento en una película la cual nos reta a no quedarnos dormidos. En 1970, la juventud japonesa tomaría su propio camino.

En los ’70 ya podemos ver un Japón que ha adoptado gran cantidad de atributos occidentales, generándose grandes cambios a nivel cultural. Influenciada por esto, la juventud japonesa estaba en busca de una nueva identidad que supiese hacer confluir sus raíces con esta nueva visión del mundo. No por nada a los delincuentes juveniles se les llamaba yanki, pues combinaban la estética de Grease con iconografía japonesa y una nueva rebeldía que intentaba desafiar a las figuras de autoridad. Entre estos distintos grupos, nacieron las Sukeban.

En las pandillas yanki se excluía a las mujeres y en las bôsôzuku, las pandillas de motociclistas japonesas (como la de la película God Speed You! Black Emperor, que inspiró el nombre de ya saben qué banda), relegaba normalmente a las mujeres a sentarse detrás de los hombres. Cansadas de esta situación, las chicas decidieron reunirse entre ellas y vivir bajo sus propias reglas. La actitud pendenciera era acompañada de uniformes que ellas mismas alteraban, con larguísimas faldas y poleras recortadas que mostraban el ombligo, jugando con la sexualización de la escolar japonesa que, para sorpresa de nadie, existía en la época.

Era normal que se dedicasen a robar en supermercados, causaran problemas en las escuelas y que se enfrentasen en peleas, por lo que solían llevar navajas, cadenas y otras armas entre la ropa, además de bates, y al igual que los yakuza, tenían su propio código moral. Eran unidas, pero castigaban a quienes incurrían en infracciones, como relacionarse con gente de grupos rivales, robarle el novio a alguien de la pandilla, con castigos que iban desde quemaduras con un cigarro hasta el linchamiento. A pesar de todo esto, muchas, al crecer, no terminaban en una vida dedicada a la delincuencia.

Juntas, buscaban crear su propio concepto de feminidad, evitando el maquillaje y con la apropiación de un estilo normalmente asociado a lo masculino, formando así una estética particular que pronto captaría la atención de los medios japoneses. Más de alguna vez han visto alguna sukeban en el anime y el manga, y es ahí donde tuvieron una de sus primeras apariciones. Sukeban Deka, manga shôjo creador por Shinji Wada, cuenta la historia de una delincuente juvenil capturada por la policía y obligada a ayudar como infiltrada deteniendo actividades ilegales, usando un yo-yo metálico como arma. El manga inspiró doramas, películas live-actions y una corta serie de anime.

Otra forma en que se vieron mostradas fue a través de las películas Pinky Violence, las cuales se desprendían del pinku eiga (cine rosa), películas de bajo presupuesto y propenso a la violencia y los desnudos. El concepto de las sukeban se ampliaba al público japonés, al cual le parecía atractivo, pues se enfrentaba a la visión normalizada de la mujer japonesa sumisa. Distintas noveles y series se hicieron, además de, como era de esperarse, porno.

No todo era maravillas, claro. Muchas chicas ajenas a estos grupos sufrieron acoso por parte de las sukeban en las escuelas y probablemente no les haría gracia el verlas glorificadas, pero no se puede quitar el hecho de que crearon una nueva forma de expresión para la juventud japonesa en la época, y que la imagen de ellas tuvo un impacto en la subculutra nipona y mundial (como se ve en Kill Bill). Chicas de todo el mundo puede tomar inspiración de estas jóvenes que intentaron hacerse paso en un mundo dominado por hombres, agrupándose. Conociendo su historia, se podría crear una reinterpretación positiva, evitando caer en un juego abusivo de poder.