Por si no lo habías hecho: 5 discos de shoegaze japonés que tienes que escuchar

Por si no lo habías hecho: 5 discos de shoegaze japonés que tienes que escuchar

Por Juan Morales

Como olvidarnos de ese sonido noventero que surgió del indie-rock británico, caracterizado por la distorsión a partir de efectos, con riffs plagados de flanger, reverb o chorus, y unas guitarras ruidosas que nos dejaban con ese muro de sonido tan armonioso como a la vez potente. Acabado poco pulido, melodías claras y con la voz a bajo volumen, disfrazada al fondo de todas estas capas. Todo esto eran los elementos que nos permitían definir este movimiento, que, si bien, nunca alcanzó la popularidad de su principal rival, el britpop, si que nos dejó unas cuantas joyitas (y lo sigue haciendo).

Es por eso, que queremos que conozcas todos los rincones de este sonido, y qué mejor forma de hacerlo que con los japoneses, que, como es usual, siempre toman los elementos occidentales y los innovan, creando contenidos increíbles. El shoegaze no es la excepción:

1. Coaltar of the Deepers – Yukari Telepath (2007)

Mezclas de música electrónica, metal progresivo y, claro, shoegaze puro. Este disco nos sumerge desde principio a fin en un denso ambiente caracterizado por ser intenso, oscuro y algo triste, a la vez que puede llegar a ser bello, tranquilo y etéreo. Cada nota es potente y cada sonido distintivo; nos escapamos dentro de una barrera sonora que nos abre el paso a las emocionales vocales del cantautor, Narasaki, contrastadas con uno que otro gutural.

De la paz al caos, Yukari Telepath nos lleva, con su vanguardista mezcla, a territorios novedosos dentro del espectro shoegaze.

2. Honeydip – Portable Audio Science (1999)

Balance ideal entre el noise pop noventero y el shoegaze post 2010, además de un leve toque post-punk. Este LP, también, tiene influencias claras de Slowdive y Echo & The Bunnymen; se nos sitúa dentro de un espectro dreamy algo nebuloso, donde apreciamos melodías y vocales que destacan por ser tanto livianas como cautivadoras. Todo esto escondido tras una barrera de sonido que se agudiza/suaviza a medida que escuchamos, sin orden particular.

El resultado; un breve y calmo escape, ese mismo que nos causó escuchar Souvlaki o Just For A Day.

3. Cruyff in the Bedroom – Perfect Silence (2002)

Popularmente conocidos por varios como los “reyes del shoegazing japonés”. Esta banda nos entrega la clásica mezcla shoegaze/alt-rock en la que Ride destacó tiempo atrás con Nowhere. Además, está casi completamente cantado en inglés, y sus raíces musicales oscilan más hacia el lado “no-asiático” de las cosas; con riffs y vocales que recuerdan el rock alternativo de los noventa, además de momentos con tonalidades post y jazz rock.

El espacio más “occidentalizado” de esta lista.

4. Tokyo Shoegazer (東京酒吐座) – Crystallize (2011)

My Bloody Valentine vendió en Japón. Así, la popularidad del shoegaze y su influencia se expandió por todo el territorio asiático. Crystallize, de Tokyo Shoegazer, es la expresión más clara de tributo que le ha hecho la tierra nipona a MBV, pues todo lo que evoca este LP es una traducción de lo que proyectó la banda de Kevin Shields en su momento. Es decir, un noise rock y dream pop que evocaban en sus densas barreras de sonido energía, melancolía y etereidad.

En fin, este álbum es un viaje por melodías profundas y vocales suaves, que rinde honores a las raíces de un genero nacido en el occidente, conservando sus características orientales.

5. Asobi Seksu – Citrus (2006)

El lado más alegre del shoegaze japonés. Ésta entrega no destaca tanto por barreras de sonido que esconden melancólicas melodías (como uno podría estigmatizar el género), como lo hace con un pop edificante, alentador y feliz. Aquí nos encontramos en primer plano la carismática voz de Yuki Chikudate, que sobrelleva sonidos y melodías plagadas de efectos.

Tenemos frente nosotros a una experiencia alegre y popera, que inserta en su estilo variados rasgos del dream/noise pop.

Cabe destacar finalmente: Estos NO necesariamente son lo mejor que el shoegaze japonés tiene que ofrecer, pero sí son una buena muestra de lo mucho que posee.