Recomendamos: 10 películas para comenzar a enamorarse del cine asiático y romper con la tradición de occidente

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Dentro del mismo cine existen varios géneros y estilos que presentan giros dependiendo de la zona geográfica, la sociedad y sus tradiciones. Con una gran riqueza audiovisual, los autores asiáticos se destacan debido a que rompen con lo normal y nos transportan a otros mundos, cuyas realidades cambian por completo con lo que acostumbramos ver e incluso experimentar.

Por Roberto Benavente.

Sympathy For Lady Vengeance – Dir. Park Chan-wook (Corea del Sur)

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Oldboy es una gran película y es la que normalmente se tiende a recomendar cuando se habla de Park Chan-wook, su realizador. Pero dentro de la “Trilogía de la Venganza” existe otra pieza que merecen mayor atención, una que da cierre a esta agrupación temática vengativa :“Lady Vengeance”. La película muestra una minuciosa preocupación estética que va acorde a su narrativa, en donde cómo se pueden imaginar, el hilo central es la búsqueda de venganza con una construcción poética, ya que el verdadero objetivo es hacer justicia, elaborando por años un plan para lograr este objetivo. Como dato anexo, existe un corte “Fade To Black and White” de la película que ofrece la versión y visión del director.


Audition
– Dir. Takashi Miike (Japón)

 

Takashi Miike es un director transgresor, violento, polémico y radical. Quizás algunas de estas palabras pueda capturar  algo de su esencia, pero es sin dudas un realizador prolífico que siempre se mantiene haciendo cine. Audition es la puerta de entrada a su extraña mente, una cinta misteriosa, como su personaje femenino central, dueño de una delicadeza perturbadora. Miike juega con las expectativas, sin caer en el típico relato de terror. Va empujando los límites de lo que es real, generando una situación que en su comienzo se edifica como una nueva oportunidad para el amor, y luego te lleva a dar un paseo por espacios oscuros o traumáticos.

 


3-Iron
– Dir. Kim Ki-duk (Corea del Sur)

Similar al caso de Park Chan-wook, para comenzar con Kim Ki-duk lo habitual sería sugerir “Primavera, verano, otoño, invierno…y otra vez primavera”, cinta que figura dentro de las 100 mejores películas del siglo XXI y se lo merece. Pero “Hierro 3” es un gran ejemplo del verdadero poder que posee el lenguaje audiovisual, ya que no existe diálogo entre los dos personajes centrales del relato. Con un tratamiento delicado y que no requiere palabras, la historia unifica a dos personas que no caben en este mundo, siendo sus vidas  prácticamente fantasmales. Es este punto en común en que las acerca.

 

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Memories Of Murder – Dir. Bong Joon-ho (Corea del Sur)

En base a la investigación de una joven asesinada y el despertar de una oleada de crímenes, Memories of murder se construye como un “crescendo” que destaca de manera dramática el proceso de búsqueda para dar con el asesino. Además, sigue los pasos de los detectives involucrados, reflejando la impotencia u obsesión que sufren cuando el caso se complica o cambia de rumbo. Con esta parte humana expuesta, la obra de Joon-ho exhibe la mirada de lo local y, al mismo tiempo, la contrasta con alguien ajeno a esta realidad. Esto provoca el quiebre entre los límites de lo rural ante lo urbano, dando énfasis en la importancia del contexto social y político.

 

 

Yojimbo – Dir. Akira Kurosawa (Japón)

Es casi imposible no hablar sobre el maestro Akira Kurosawa cuando el tema es cine asiático. A tal punto llega su talento, que es complejo recomendar una película en particular, y es que dentro de su carrera son varias las cintas que destacan. Dejando de lado grandes películas como Rashomon, Seven Samurai o The Hidden Fortress hay que atesorar Yojimbo, un filme que renovó e impulsó nuevamente el cine de samuráis y que además caló hondo en las bases de otros géneros cinematográficos, como el Western. Centrada en una figura que cae dentro del anti-héroe como arquetipo, un ronin (interpretado por el gran Toshiro Mifune) queda al medio de un conflicto entre dos bandas que se disputan el territorio, ya que ambas fuerzas buscan contratarlo como mercenario.

 

 

Tokyo Story – Yasujirō Ozu (Japón)

Junto a Kurosawa, Ozu es otro de los realizadores clásicos dentro del cine nipón, y Tokyo Story es en particular una de sus obras más memorables e incluso significativas para el país. La cinta se enfoca en la relación de unos padres, ya ancianos, y el vínculo con sus hijos, todo esto en un escenario que surge después de la segunda guerra mundial. En este contexto, el filme se transforma en la radiografía de un país que está cambiando gracias a la llegada de la vida moderna, aumentando la brecha que existe entre lo rural y lo urbano, sumándose el distanciamiento entre generaciones y el peso de las tradiciones familiares como factor cultural.

Zatoichi – Takeshi Kitano (Japón)

Protagonizada, escrita y dirigida por Beat Takeshi, la cinta es una gran muestra del talento por parte del realizador, tanto por su actuación como su labor detrás de cámara. Zatoichi es un vagabundo ciego, jugador de dados que se gana la vida dando masajes, pero que, detrás de ese aspecto, esconde una gran habilidad con la espada. Este espadachín ciego es un personaje icónico dentro de la cultura japonesa, ha tenido series de televisión y un enorme listado de películas, comenzando por la original en 1962. Pero lo interesante de esta revisión por Kitano está en los toques de humor y en el despliegue visual que ambienta las aventuras del errante antihéroe.

Tetsuo: The Iron Man – Shinya Tsukamoto (Japón)

Dentro del marco del terror e incluso el cyberpunk, Tetsuo es una obra clave dentro de la ciencia ficción japonesa y que, pese al bajo presupuesto que evidencian sus efectos, es una película que ha logrado trascender a un estatus de culto. La cinta de Tsukamoto es una representación literal de la deshumanización gracias a la presencia o invasión tecnológica en las vidas humanas, y el subtexto establece una clara referencia al crecimiento del Japón industrial. Todo gracias al retrato de una obsesión y metamorfosis que sufre un hombre cuyo cuerpo se va vuelve de acero.

Himizu – Sion Sono (Japón)

Sono se mantiene en la base de ser un realizador rupturista, haciendo un cine extravagante que puede no gustar a todos, pero que sin dudas entrega una visión propia de autor. Basada en el manga del mismo nombre, el filme explora el drama existencial de un joven 14 años que, pese a las difíciles circunstancias que le entrega la vida, quiere vivir normalmente. Pero ¿hasta qué punto se puede tolerar la frustración, cuando se está a punto de colapsar en un país que, además, fue azotado recientemente por un tsunami?. La poesía audiovisual es desgarradora, triste, violenta pero busca constantemente un atisbo esperanzador.

The Raid y The Raid 2: Berandal – Gareth Evans (Indonesia)

Pese a que el argumento es simple en la primera cinta (un grupo de policías se prepara para hacer una redada en un edificio lleno de criminales), el director se las ingenia para que esto no sea una limitante. Es más: lo convierte una virtud de la película, entregando un ritmo que jamás se detiene, gracias a las peleas con coreografías perfectas y claustrofóbicas secuencias de acción en las que los movimientos de cámara te sumergen. Pero Evans no se conforma sólo con esto, ya que en la secuela el realizador se supera a sí mismo, expandiendo los límites de lo antes planteado. En la segunda parte la trama incluye escenarios exteriores, debido a la infiltración de un agente en una organización criminal.