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Lollapalooza 2017: Mucho más que música

Escrito por Josué Navarrete 

Fotos x Hisashi Tanida

DÍA 1

Llegó el día y desperté temprano. sabiendo lo que me esperaba: uno de los festivales más importantes y masivos del país. Uno que esta vez mostró un line up un poco raro, encabezado por los legendarios de Metallica, la energía de Strokes,a quien pasa por su mejor momento, The Weeknd, y el regreso a los escenarios de The XX.

Ya en el trayecto por la Línea 2 del metro pude ver mucha gente que iba emocionada, con más de alguna polera de una banda que se presentaba ese día, y con su pulsera en la muñeca. Todos se bajaron en el metro Parque Ohiggins, creando algo de congestión, y que contrastaba tanto al ver los vagones del metro casi desérticos luego del cierre de puertas y su puesta en marcha.

Al salir de la estación, me topé con lo habitual en este tipo de eventos: un gentío enorme que esperaba ansioso poder entrar y disfrutar, mientras la fila por Av. Matta crecía y crecía al acercarse las 12. Opté por esperar a que pasase la mayor cantidad de gente posible y así entrar mucho más relajado. La gran presencia de guardias y carabineros controló de buena manera la situación y el entrar fue ordenado y relativamente rápido. Pasado unos minutos, la masa de gente bajó un poco y, pese a unos inconvenientes, logré entrar.

Llegué a ver la mitad del show de Weichafe, mientras tocaban ‘La Fuerza Viene De La Tierra’ con una energía mil veces mayor en comparación a la versión de estudio. Mientras la presentación avanzaba, la marcada presencia de covers y consignas me fue algo mezquina, pero disfrutable a la vez. Un buen comienzo para lo que se avecinaba.

Pasados unos pocos minutos, partió Lucybell en el VTR stage, siendo la primera banda que llenó aquel escenario. Aseguraron su presentación con hits y una que otra canción más nueva. Obviamente al tocar ‘Mataz’ o ‘sólo crees por primera vez’ todos bailaron y corearon, firmando sutileza y energía que a ratos, se veía opacado por un mal manejo del sonido, sobre todo en la batería y el bajo.

Al terminar Lucybell, aproveché de comer algo para aguantar la tarde. Los precios de la comida en el festival eran bastante altos (Un choripan costaba 2.500, para que se hagan una idea), sin embargo, por fortuna había comida por mi cuenta para ahorrar unas monedas. Justo y necesario. Cuento aparte eran los bebestibles, que estaban en un precio más o menos razonable, y, además, estaba la opción del vaso reutilizable, que prácticamente todo asistente tenía y que demostraba un poco el espíritu verde del evento. Una merienda liviana y harta agua en la aldea verde fue suficiente para llenarme de energías y para dar cara a lo que venía a continuación.

¿Que me esperaba? Glass Animals, que terminó siendo de los mejores debuts del festival, ya que lograron cautivar gran parte del público que pasaba con sus sonidos tan característicos y pegajosos. El entusiasmo fue aumentando, siempre lo hacía, e hipnotizaba a ratos. “Black Mambo” hizo saltar a todos sin importar el gran calor que, me atrevería a decir, favoreció al ambiente que generó el concierto, uno de mucho ritmo y calidez, recordandome a la onda de Django Django. Seguramente ganaron muchos fans esa tarde.

Siendo las 17:15, Cage The Elephant eran los siguientes y, seguramente, fue la banda que más sorpresa dió en el día, y en el festival entero. Fue siempre creciente la llegada de gente que, cautivada y con un cabeceo constante, se acercaba al escenario en el cual los Estadounidenses brillaban. Lo que se comió todo fue el vocalista, que con una energía increíble se paseaba por todo el escenario con un carisma increíble. Sumemos a eso, unas guitarras impecables y poderosas, que en canciones como ‘Spiderhead’ y ‘Punchin’ Bag’ remecieron todo el Parque O’higgins. Fue un cúmulo de factores los que hicieron que esa presentación fuese, por una parte, muy exitosa, llenando el escenario que albergaría a Metallica en unas horas, y por otra, ganándose muchos fans, incluyéndome.

Después de esa inyección de rock, mi cuerpo me pedía equilibrio, y partí a ver a Don Diablo al movistar arena, pero mis ganas se quedaron en eso, ya que estaba tan repleto que la gente llegaba hasta las puertas de la Arena, y los guardias no dejaban entrar más gente a la cancha general. Bueno, tampoco es que Don Diablo me guste, pero quería probar y ver que tal. Cómo no pude verlo, aproveche de descansar un poco mientras cargaba el celular en unos tipos de tótems repartidos por ahí, y, de paso, conversar con distintas personas para saber que les ha parecido la primera jornada. No recibí comentario negativo alguno, destacando a Cage The Elephant, Bomba Estéreo (Ahora que lo pienso, debí verlos) y Glass Animals, aparte de que (como era obvio) todos querían ver a Metallica. “Es de esos shows que se deben ver al menos una vez en la vida”, fue la constante al preguntar porque tanta ansia de thrash metal… y yo que quería ver a Diplo.

Ya pasado el descanso, debía partir corriendo hacia el Acer Stage porque empezaba Tove Lo. Llegué apenas empezaba a cantar ‘Lady Wood’. Llenando todo y tocando casi todo su último disco con una vestimenta sensual, hizo eco mediático debido a un pequeño topless que realizó mientras cantaba, saltaba, y saltaba, porque saltó mucho. Otra grata sorpresa sumaba el festival.

Ya eran las 8 de la noche y faltaban minutos para uno de los headliners del festival: The XX. A estas alturas todos sabemos de qué va la pomada del grupo: minimalismo groovy que apela a tus feels más intensos. La versión que dió Romy de ‘Performance’, canción del nuevo disco, fué maravillosa: sólo ella, su voz y guitarra, con un temple casi angelical sostenida por una luz vertical hacia ella: eso es el espíritu XX, y vaya que es bonito. Si bien no me gustó mucho su último disco, debo decir que en vivo suena mucho mejor, sobre todo ‘say something loving’ y ‘Dangerous’. Obviamente dejaron para el final ‘Intro’, una bestialidad sutil que dejó en trance a todos para acabar con su canción más conocida: ‘Angels’. Si ya amaba The XX, ahora el sentimiento hacia el trío de músicos es mucho más fuerte.

Ahora, no me maten por esto, pero no fui a ver a Metallica, si no a Diplo. Llegué al escenario dispuesto a terminar el primer día con el vacile de mi vida.

Diplo tiene un estilo característico al mezclar: muchas, pero muchas canciones y una que otra sorpresa en el setlist que descoloca a todos. Obviamente puso material de su nombre solista, Major Lazer y Jack Ü, aparte de mucho remixes reggaeton y Trap de canciones suyas o de colegas. También pinchó cosas de Kendrick lamar, Kanye West, Munchi, Rl Grime, Hudson Mohawake, Daddy Yankee, Whitney Houston y, ya como tema final, ‘estrechez de corazón‘ de Los Prisioneros. Lo que generó esa canción  fue desconcierto y/o asombro de parte de todos que terminó mutando hacia un baile y coreo al unísono de la legendaria canción. Sin dudas Diplo es un maestro de las tornamesas, y no pudo quedar mejor parado en ese momento. Lástima que no pude ir a su sideshow, quizá fue más impredecible o largo. Hay Diplo para rato aún.

Pasado eso, partí a mi casa mientras escuchaba los últimos riffs de Metallica, para no pillarme el gentío y el atochamiento que se venía apenas terminaba el show de la banda Metalera.

¿Cómo quedé después del primer día? Satisfecho, sin duda. Dormí muy bien y ansioso, porque me esperaba otro día más de música.

Equipo LOUD.cl

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