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Logan, la perfecta despedida de nuestro viejo mutante solitario

Escrito por Roberto Benavente

En el año 2000 se lanzó la primera adaptación cinematográfica de los “X-Men”, alejada del boom superheroico que vivimos hoy en día, la cinta empujaría la interpretación de Hugh Jackman en la piel de Wolverine por 17 años; un ciclo que junto a la explotación del equipo amparado por Charles Xavier, permitiría la creación de películas centradas absolutamente en el mutante canadiense. Es cierto que “X-Men Origins: Wolverine” no abrió el camino en los mejores términos, de hecho es una mala película, pero 4 años más tarde aparecería “The Wolverine” para mejorar algo en cuanto a calidad y ahora el estreno de Logan viene a coronar el recorrido. Desde el comienzo de su promoción, sabíamos que esta sería la última cinta de Jackman como James Howlett, por lo tanto, no es ningún spoiler el mencionar que este proyecto dirigido por James Mangold es la despedida y cierre.

En un futuro desolador para los mutantes, un Wolverine hastiado vela por la salud de un enfermo Profesor X en un escondite en la frontera mexicana. Pero los intentos de Logan por ocultarse del mundo y el peso de su historia terminan con la aparición de una joven mutante, perseguida por fuerzas misteriosas. Básicamente y de forma simple a esto se reduce el fundamento de la cinta, una historia pequeña de carácter personal, que permite un completo acercamiento al personaje de forma novedosa, tomando el riesgo de ser absolutamente diferente a lo que nos tienen acostumbrado las entregas “episódicas”, de lo que hoy conocemos como universos cohesionados. La propuesta es fresca, a tal punto que en su riesgo, encuentra su principal fortaleza.

Gentileza de su oscura historia, se desencadena la violencia explícita y la consideración de algunos puntos presentes en “Old Man Logan”, ya que ojo, no estamos ante una adaptación calcada de la obra escrita por Mark Millar. Sabido esto, se comienza a gestar una fusión que utiliza los códigos que definen al Western y en especial el que se vincula con una figura crepuscular en el centro del relato, ese héroe desencantado que busca un escape, pero por ciertas circunstancias debe enfrentarse a una última misión en la que no puede negar su naturaleza o pasado. Mangold jamás oculta sus grandes referentes, es más, existe una referencia clara al interior del filme que toma fuerza y un sentido especial gracias a su conexión con el camino que se recorre en Logan, al interior de esta construcción tiene una gran implicancia la existencia del William Munny de Clint Eastwood, el trabajo de John Ford junto a John Wayne y también pesa la obra del realizador Sam Peckinpah.

Añadiendo algo de road movie, se da espacio para rescatar la melancolía de Johnny Cash y es gracias a toda esta suma de elementos que el director logró al fin encontrar la esencia Wolverine, un ejercicio que expande los alcances de las películas de superhéroes fuera de lo típico, tema que hoy en día podríamos denominar como un género cinematográfico más. Nada de lo antes dicho es ajeno al realizador, en su filmografía figuran proyectos como el bien logrado remake del western “3:10 To Yuma”, junto a la biopic de Cash y June Carter, “Walk The Line”.

Volviendo a la cinta, hay una dedicación especial en las secuencias de acción y se nota por el ritmo que inyectan, incluso los momentos de tensión brillan, existe un gran cuidado a la hora de presentar situaciones que emocionan, escenas en las que se logra conmover al espectador, dentro de este rango las actuaciones de Hugh Jackman, Sir Patrick Stewart y Dafne Keen destacan bastante, en especial los últimos dos, el debut de Keen en las garras de X-23 es notable, además Jackman entrega la mejor performance como mutante, dos interpretaciones que generan una envidiable dinámica de personajes.

Quizás su único, pero perdonable error en virtud del todo, es su oportuna sobre explicación, pero lo positivo es más, dentro de esto podemos rescatar de forma interpretativa ante el mundo que habita el mutante de las garras, ya que revela otras problemáticas en las que la situación geográfica, racial (en este caso la realidad mutante) y el interés corporativo tienen mucho que decir. Ahora, desde la óptica más técnica, la música de Marco Beltrami recuerda mucho el alma western lo que se mezcla con la fotografía de John Mathieson formando un compuesto inseparable, algo que termina alimentando la base crepuscular del relato.

Finalmente, con cada uno de los elementos mencionados, se logra crear una amalgama que escapa de lo común, un western crepuscular con tintes de ciencia ficción distópica basado en un personaje de comic, termina entregando como resultado la mejor cinta del mutante con factor curativo en solitario e incluso me atrevo a decir, que estamos ante una de las mejores películas de la saga X-Men, no olvidemos la gran X2 del ahora distante 2003. Su calidad es el premio que recibe gracias a la valentía de mostrar algo nuevo, razón por la cual se justifica totalmente el tono de su historia, si bien respeta perfectamente la base que define al personaje, no se queda en eso, si no que va más lejos añadiendo cualidades externas para alimentar el mito, en este caso particular la identidad de las historias del viejo oeste calzan de forma precisa en el ADN mutante de Wolverine y de esta forma se logran expandir los límites de lo que ofrece el género superheroico actualmente, algo que hace mucha falta hoy en día. Pero sin dudas lo más importante, es su atrevimiento a la hora de cerrar un ciclo y aquí Logan, es pionera por hacerlo bien, logrando redimir el negativo comienzo del viaje.

Equipo LOUD.cl

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