La experiencia de Westworld solo se vive una vez: inteligencia artificial en el medio oeste

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Durante los últimos años las series de televisión han experimentado una gran explosión, hecho que ha generado una amplia variedad de novedosas producciones de gran nivel. Esto ha llevado que reconocidos actores y desarrolladores den un salto hacia la pantalla chica, ya que en ciertas épocas del año el catálogo que ofrece la tv o servicios de streaming, es mucho más atractivo que lo expuesto por el cine. Dentro de este escenario, se da a luz el nuevo proyecto de HBO que busca ser el sucesor de Game Of Thrones: Westworld, una propuesta de ciencia ficción compleja y mucho más profunda, sin ofender a GoT que tiene un muy buen manejo de lo dramático. Quizás WW no mantiene el legado espiritual de la popular serie en cuanto a su tono, pero su principal fortaleza está en la construcción paciente y misteriosa de su historia, un relato pausado que despierta cuestionamientos en el espectador, creando un laberinto mental de introspección que a la vez juega con la audiencia.

Escrito por Roberto Benavente

Basada en una película de 1973 con el mismo nombre, que gracias a su pionera visión influenció la ciencia ficción moderna planteando un tema tan interesante como la inteligencia artificial (la creaciones de androides al servicio de los placeres humanos), pero que en el camino y sobre todo en su recta final se transformaba en cualquier cosa, con un giro digno de una persecución a lo slasher. Retomando los planteamientos o preguntas que nunca se lograron resolver, quedando en la superficie del filme de Michael Crichton, Jonathan Nolan y Lisa Joy crean esta “nueva” serie que expande los alcances de la antigua cinta para profundizar en ellos, tomando como principal foco la experiencia de los mismos androides versus la presencia de los humanos. Pero ¿de qué va Westworld? el punto de partida es simple: existe un parque en el que los androides, llamados anfitriones, están a merced de los más oscuros deseos que tengan los visitantes, todo esto ambientado en el viejo oeste, algo que tiene sentido considerando que la justicia era bastante subjetiva gracias a la presencia de armas y finalmente se imponía a punta de disparos.

En esta mezcla de ciencia ficción y western, la amplia libertad de actuar que reciben los humanos podría revelar lo que se oculta bajo la piel, dando luz a la verdadera identidad de las personas, y pese a que en la superficie todo es “entretención”, el parque esconde cosas mucho más potentes. Básicamente con esto se impulsa el relato. Además, un frente importante es la mirada que se le da a la vida de los androides, qué es lo que experimentan al formar parte de un loop que tiende al infinito, una repetición que carece de sentido más allá de ser parte de un servicio otorgado al visitante, en esta oscura área que se genera gracias al vínculo asimétrico que establecen visitantes con anfitriones. Se da espacio para explorar la esencia de lo que llamamos humanidad, dónde encontramos lo que nos define y qué es eso que creemos nos hace tan especiales, algo que al mismo tiempo nos diferencia de los androides. Ojo, que no es casualidad que dos personajes centrales sean femeninos. La ciencia ficción vinculada a lo que es inteligencia artificial tiene una gran deuda con el género, siendo pocas las producciones que escapan a la noción de mujer-objeto considerando que, en primer lugar, los androides se crean para satisfacer necesidades de todo tipo, y es por esto que Westworld provoca un quiebre: empoderando a sus protagonistas, pero su transformación todavía no llega a un final.

Al interior de esta gran construcción, también podemos encontrar la visión que tienen los creadores de inteligencia y las diferencias que se crean con el interés corporativo. Este es otro punto importante, ya que el parque aparte de ser innovador, es un negocio. Cubriendo las diversas dimensiones, sin descuidar el foco central, los anfitriones, se plantea un camino en el que los androides son capaces de recordar y presentar ciertas reacciones ante la memoria, gracias a su capacidad de juzgar, incluso sentir que el pasado adquiere conciencia. Tomando un elemento base de la vida humana, comienza el cuestionamiento del status quo del parque dando paso a un levantamiento, argumento que ya ha sido explorado por autores como Isaac Asimov (creador de las 3 leyes de la robótica). Lo que tenemos más presente en la retina es la adaptación de la obra de Philip K. Dick como Blade Runner, cinta de culto en la que los replicantes cuestionan su mortalidad, iniciando una búsqueda de su Padre que inevitablemente termina con la muerte del creador, en una alegoría cinematográfica a la muerte de dios por Nietzsche.

Pero volver sobre esa idea no le resta méritos a la serie. La cinta dirigida por Ridley Scott incluso habla también de la deshumanización que hemos sufrido y la transformación cultural del mundo como aldea global, pero, más allá de esto, la propuesta amparada por HBO no busca simplemente señalar los aspectos negativos o positivos de la humanidad. La búsqueda se extiende a un punto en el que el rol y la capacidad creadora de las personas adquiere un carácter deificado, Robert Ford es Dios. La narrativa de Westworld es tramposa, nos cuenta más de una historia y en diferentes líneas de tiempo. Esto se debe a que incluso su propia estructura es una exploración de lo que llamamos ‘‘con  ciencia’’, clarificando este punto, comprendemos la existencia del laberinto para los anfitriones, lo que  conecta directamente con el don del libre albedrío que le otorga el creador a su obra, una idea que no se contradice frente a la gracia divina del catolicismo. Esta relación entre el Padre y sus creaciones, nos permite comprender el sacrificio que realiza Dios en virtud de su pueblo, dejando clara la referencia de lo que se aprecia en la biblia. Dolores es el hijo, el mesías, el nuevo vehículo de esperanza para los anfitriones (ahora conscientes) que buscan la liberación de un pueblo anteriormente diezmado, y reconociendo este cierre, todo el ciclo adquiere un sentido. Ahora comprendemos el contraste entre ambas líneas temporales, junto con el rol que juega cada personaje en relación de una interpretación orientada a lo bíblico.


Los puntos de análisis son variados. Podemos encontrar interpretaciones que nos conecten con diversas ideas, y esa es la magia de la profundidad que tiene la serie. Ahí está su conexión con ‘‘Un Mundo Feliz’’, las ideas platónicas, el pesimismo, la condición posmoderna, etc. Pero pese a todas las lecturas que rescatemos, la idea que más resalta en el relato es el peso de la conciencia junto con el cuestionamiento de la realidad, ser consciente es liberador, te otorga poder sobre tu vida, pero al mismo tiempo le quita el velo a la superficie, arrojándote a la condena de la existencia. He aquí el significado que desprende del dolor, angustia y soledad que experimentan las protagonistas.