Si aún dudas de ver la Tercera Temporada de Black Mirror: Aquí muchas razones

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Escrito por Roberto Benavente

Ha pasado un poco desde el estreno de la tercera temporada de la gran serie británica “Black Mirror”. Seis capítulos amparados por Netflix, que de alguna u otra forma la masificó. Esta propuesta desde sus inicios ha sido sólida, llegando a consolidarse como parte de lo mejor que se ofrece en cuanto a series se trate. Más allá de las críticas hacia estos nuevos episodios y su inevitable comparación respecto a las temporadas anteriores, es necesario destacar que junto a su buena calidad, la serie tiene algo que decir y no se queda en la simple entretención sin reflexión alguna.

Desde un comienzo, esta propuesta construyó una atmósfera con aires fatales, vinculando el actuar de los humanos y la presencia de lo tecnológico. Sí, lo último es un elemento dentro de la mezcla pero no por eso el más importante, no estamos ante un simple universo tecnófobo y apocalíptico, hay más. Recordemos que la tecnología es una herramienta que está al servicio de las personas, por lo tanto el uso y abuso de ésta es de exclusiva responsabilidad del usuario, aquí se establece la base para comprender el concepto de “espejo negro”, el espejo viene a reflejar nuestras problemáticas humanas en un ambiente donde el avance o progreso de la tecnología reina, las pantallas negras (computadores, celulares, televisores, etc) dominan nuestro diario vivir.

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Es gracias a lo antes dicho, que logramos identificar temáticas como trabajo, política, sexo, recreación y muchos más que se van abordando en cada episodio con espacio para incluir las propias invenciones tecnológicas del ser humano, algo que funciona de forma perfecta en una sociedad posmoderna como la nuestra y de ahí su éxito crítico hacia la audiencia que desnuda o expone la esencia propia de nuestra especie. Es fácil culpar a la tecnología de nuestros males, pero no olvidemos que los que se esconden detrás de una pantalla somos nosotros y es por esta misma razón que muchas veces el final de un capítulo nos deja mal y nos preguntamos, ¿qué tan lejos está nuestra realidad de lo que vemos en Black Mirror?

Tomemos como ejemplo el primer capítulo de esta última temporada, “Nosedive” nos introduce en un lugar en el que lo más importante es la visión que tengan los demás sobre mí, a través de una red social la gente puede ir calificando a las personas y en virtud de estos números se estructura la población, lo que transforma las notas en una exigencia acorde al estrato social. Si usted tiene una nota alta recibe ciertos privilegios, mientras que las notas bajas están relegadas; es decir todo funciona en base a un ranking. Nos parece conocido ¿no?, en el orden de hoy sería: más likes demuestran que eres mejor y menos lo contrario. Con un esquema que muestra una sociedad patética que lleva al colapso a una de sus participantes, este episodio nos muestra cómo la gente es capaz de dar en el gusto a los demás y guardar silencio frente a lo que realmente quieren decir, construyendo una apariencia falsa en la que lo real poco importa. Finalmente, la liberación de la protagonista termina tras las rejas, algo que dice mucho más respecto al actuar de la sociedad y sus individuos en vez de lo tecnológico.

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Si bien, lo fatal se mantiene de forma implícita en otros capítulos es más notorio, ahí está el caso de “Playtest” que toma un tema muy vigente como la realidad virtual o el caso de “Hated In The Nation” que considera dentro de sus ideas el peso de la opinión dentro de las redes sociales o el control de la información en un espacio que la privacidad no existe y bueno, “Men Against Fire” también muestra el control que se puede ejercer entre personas gracias a la tecnología. Sin embargo, existe una gran inyección de novedad a la estructura propia de la serie como la presencia de sus giros y en esta línea es necesario destacar el desempeño de lo que logra “Shut Up And Dance” seguido de “San Junipero”. El primer nombrado es el que más se apega a nuestro mundo, exponiendo una situación que podría pasar gentileza de los justicieros hackers, pero esto no es todo y junto al cambio que sufre el protagonista lo más inesperado es el giro revelador, ese momento que te transforma a la torturada víctima en un criminal que escondía mucho más detrás de la masturbación propia del adolescente y de hecho el cierre genera mucho más dolor gracias a la musicalización dramática de Radiohead.

Finalmente, el 4to episodio es el mejor de la temporada, una historia de amor que destruye lo tradicional y que en el fondo captura la vida que no se vivió. Llegado el momento, descubrimos que esta relación entre mujeres no es más que la proyección de la vida que tienen 2 ancianas llegando al final de sus días, pero San Junipero les ofrece una segunda oportunidad para superar la muerte en un lugar que permite habitar diferentes épocas sin las ataduras de lo que alguna vez experimentaron. Esto abre la puerta a interpretaciones, por un lado existe un “final feliz” ya que las protagonistas superan la muerte gracias a la tecnología y pueden continuar con su vida, pero al mismo tiempo existe una renuncia a lo que define de forma absoluta al ser humano: la mortalidad. Ahí se aprecia en su máximo esplendor la fortaleza de este capítulo que gracias a su notable ejecución, esconde mucho más de lo que se aprecia en la superficie del romance.

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Con una gran calidad la nueva temporada de la versión posmoderna “The Twilight Zone” forma parte de las mejores series que ha ofrecido el 2016, pese a que algunos episodios estén bajo el nivel de los puntos más altos se mantienen por sobre la media en comparación a otras propuestas y eso es muy valorable, sobre todo por la invitación a reflexionar; la tecnología no es un fenómeno aislado, su peligro no es inherente se materializa gracias a la utilidad que le de el humano.

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