Pablo Sheng, la voz de un inmigrante en Chile

Pablo Sheng, la voz de un inmigrante en Chile

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La narrativa nacional está dando nombres que surgen al hablar del panorama actual de las letras, tales como Camila Gutiérrez (Joven y Alocada) y Paulina Flores. Sin embargo, se están gestando nuevos nombres, es el caso de Pablo Apablaza (Santiago, 1995), conocido como Pablo Sheng. El estudiante de Letras Hispánicas en la Universidad Católica publicó este año su primera novela, titulada ‘Charapo’.

Espero en estación Irarrázaval, sentado leyendo un libro de Germán Marín cuando veo una figura de alrededor un metro ochenta, vestida de negra; es Pablo. Nos saludamos y comenzamos a caminar hasta José Luis Araneda, buscando algún lugar donde conversar. Damos con una picada, agua mineral y un schop de Cristal para comenzar.

¿Cómo surgió la idea detrás ‘Charapo’?

Primero, creo que la migración actualmente en el mundo, en Chile es un tema urgente. Creo que a veces, uno logra buscar ciertos espacios en la escritura y sobre todo cuando uno se propone publicar. Más allá de hablar sobre el fondo y esas cosas que no son (…), están muy alejadas de lo que es la forma y lo que a mí me interesa, me interesaba esgrimir en primera instancia un texto que no fuera panfletario, que tuviera un lenguaje más bien trunco; que pensara estas relaciones con el espacio y con la sobreviviencia. Entonces, buscando lo que me interesaba en ese tiempo (2014), pensé en lo más cercano, el barrio Patronato, Independencia; el centro, los lugares donde cohabitan los inmigrantes y comencé a delinear a este personaje.

La figura de Camacho es súper particular como personaje. Cuéntame de dónde surge la idea de su moral, el trasfondo de sus decisiones.

Más que ser un personaje didáctico o que intente dejar una enseñanza, no tiene nada de eso. Creo que como personaje, uno termina empatizando con esa maldad de algún modo. Eso es lo que me interesa, generar incomodidad, tristeza incluso antes que delinear algo positivo o solidario. Puede que las relaciones de los inmigrantes no sean así, puede que sean solidarias. En esta desventura, el único plano moral que le queda es sobrevivir.

¿Estás leyendo a otros autores de tu edad?

Obvio que sí. Me interesa mucho el trabajo de taller, siempre los talleres los terminamos organizando entre amigos o coincidencia de espacios. Por ejemplo, asistí al taller Al Pulso de la Letra, todos teníamos entre la misma edad, 20 a 25 años. Todos somos muy jóvenes, así que leía ahí.

¿Crees que existe un vació generacional de escritores en la actualidad?

No sé si un vacío, antes sí. En los noventas, con Fuguet, Fontaine o hasta de Contreras. Pero ahora no, desde el 2005 con Zambra, Bisama, Zúñiga y Wilson ha habido más movimiento literario, es muy rico. Además, hay un resurgimiento de la editorial independiente, probablemente estén publicando la mejor literatura chilena en el momento.

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Háblame de tus influencias. Menciona tres, independiente del medio/formato.

Uno tiene libros que siempre va releyendo, Zama, de Antonio Di Benedetto. Me gusta mucho la obra de Levrero, es muy versátil, de la trilogía involuntaria, hasta La Novela Luminosa. En poesía, me gusta lo de Arturo Carrera.

Apartado de los tópicos triviales; Sheng y su libro

Existen ciertas voces de la narrativa que están tomando una posición esencial dentro del panorama actual de la literatura nacional.  Es el caso del estudiante de Letras Hispánicas, Pablo Apablaza (Santiago, 1995), más conocido como Pablo Sheng, quien en su primera novela titulada “Charapo”, se atrevió a retratar la perspectiva de un inmigrante en Santiago. El escritor nos cuenta su experiencia.

Mientras leo a Germán Marín, espero en metro Irarrázaval a la reciente propuesta de la Editorial Cuneta. Al subir la vista distraídamente veo que se acerca una persona alta; es Pablo, viste de negro. Luego caminos hasta calle Araneda, por fin llegamos a una picada. Sobre la mesa pusimos un agua mineral y una cerveza; dimos por iniciada la conversación.

¿Qué idea tenías en torno a escribir sobre un “Charapo”?

Creo que la migración actualmente en el mundo, en Chile, es un tema urgente. Me importaba esgrimir un texto que no fuera panfletario, que tuviera un lenguaje más bien trunco; que  relacionara el espacio con la sobrevivencia. Entonces, buscando lo que me interesaba en ese tiempo, pensé en lo más cercano, el barrio Patronato, Independencia; el centro, los lugares donde cohabitan los inmigrantes, y así comencé a delinear a este personaje.

Camacho tiene muchas particularidades como personaje. Cuéntame, de dónde surge la idea de su moral, el trasfondo de sus decisiones.

Más que ser un personaje didáctico o que intente dejar una enseñanza, no es nada de eso. Creo que como personaje uno termina empatizando con esa maldad de algún modo. Eso es lo que me interesa, generar incomodidad, tristeza, incluso antes que delinear algo positivo o solidario. Puede que las relaciones de los inmigrantes no sean así, puede que sean solidarias. En esta desventura, el único plano moral que le queda es sobrevivir.

A tus 21 años ¿Estás interesado en otros autores de tu edad?

Obvio que sí. Me interesa mucho el trabajo de taller, siempre estas instancias las terminamos organizando entre amigos o coincidencia de espacios. Por ejemplo, asistí al taller Al Pulso de la Letra, todos teníamos entre la misma edad, 20 a 25 años. Todos somos muy jóvenes, así que leía ahí.

Una foto publicada por Pablo D. Sheng (@p.dsheng) el

¿Crees que hubo un vacío generacional respecto a la actualidad?

Antes sí. En los noventas, con Fuguet, Fontaine o hasta de Contreras. Pero ahora no, desde el 2005 con Zambra, Bisama, Zúñiga y Wilson ha habido más movimiento literario, es muy rico. Además, hay un resurgimiento de la editorial independiente, probablemente estén publicando la mejor literatura chilena en este momento.

Háblame de tus influencias. Menciona tres, independiente del medio/formato.

Uno tiene libros que siempre va releyendo, Zama, de Antonio Di Benedetto. Me gusta mucho la obra de Levrero, es muy versátil, de la trilogía involuntaria, hasta La Novela Luminosa. Y en poesía, me gusta lo de Arturo Carrera.