Revisamos: Violeta se fue a los cielos (2011)

img

Escrito por Fernando Karamazov

Por fin llegó de la mano de Andrés Wood (que tiene a su haber con una basta y exitosa trayectoria cinematográfica dentro de la que cuentan “La fiebre del Loco”, “Machuca”, “La buena Vida” entre otras) una de las cintas chilenas más esperadas. El pasado 11 de agosto se estrenó el film “Violeta se fue a los cielos”, basado en el libro homónimo de Ángel Parra que narra la vida de la cantautora más celebre de nuestro país. La verdad es que desde hace ya algún tiempo se hablaba de la etapa de producción de éste film y ciertamente el cine nacional tenía una deuda inmensa con la historia de esta mujer que dejó una huella indeleble en la historia del arte chileno.

¿De qué se trata? Pues muestra una buena parte de la vida de Violeta, desde algunos capítulos de su infancia en los alrededores de Chillán, pasando por su juventud en Santiago, Polonia y Francia, hasta su etapa adulta de vuelta en Santiago de Chile y su célebre carpa en La Reina.

Grande era el desafío que tenía Wood al intentar resumir en casi dos horas de película la vida entera de tremenda mujer. La forma de abordar el guión parece bastante audaz, desde una entrevista el autor nos muestra los recuerdos de la vida de Violeta, sus dolores, su padre borracho, su apetito insaciable por mostrar su cultura al mundo, por rescatar las raíces de un pueblo que se olvida de sí mismo, sus amores a medio amar y un sinfín de experiencias que conformaron y transformaron a la Violeta en quien hoy recordamos.

Las películas biográficas de personajes como Violeta, que están tan fuertemente arraigados en el inconsciente colectivo, presentan un obstáculo importante. Crecimos en gran medida con una afirmación errónea en trono al cine, afirmación que pelis como ésta vienen a desmentir: “si el final no es sorpresivo, si no mantiene intriga no funciona”. En “Violeta se fue a los cielos” importa poco el hecho que sepamos de antemano que Violeta termina suicidándose de un tiro en su carpa de La Reina, y el motivo es que cada minuto del film se torna tan sabroso, tan vívido, tan rebosante de Chile, de arte, de Violeta que no hay tiempo para pensar en lo que viene; el ambiente es recreado con tanta fidelidad que casi podrías oler la tierra, el barro, la humedad, la mierda de vaca, el pasto, los árboles, el humo, el campo.

¿Y qué hay de las actuaciones? Impacta Francisca Gavilán desde la primera mirada, su parecido físico con Violeta Parra es tan grande que a ratos pareciera ver a la Violeta real (sobretodo en algunas imágenes tratadas como película antigua que dan un aspecto documental). Luego el impacto llega por la reinterpretación que hizo la actriz de la música (junto a un staff de músicos), la forma de tocar la guitarra, su voz queda y medio rasposa, melancólica y llena de dolor que hace que se ericen los pelos de la piel. En tercera instancia estremece la interpretación del personaje, una Violeta tan bruta como genial ¡si se parece hasta en la forma en que recita las décimas! Es casi perturbadora la capacidad mimética con que revive a la difunta Parra y la trae ante nuestros ojos, esta vez en colores.

En definitiva, y por si no quedara claro con lo ya expuesto, me parece una película excelente, tanto así que me atrevería a decir que es la mejor película chilena de todos los tiempos a mi parecer, o al menos la mejor que yo haya visto. Corra a verla si es amante de la música de Violeta Parra, o si le carga, o si es de izquierda, o de derecha, o le da igual, o si es chileno, o si es extranjero, o si es hombre, o mujer, o si respira… ¡IMPERDIBLE!