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¿Alguien se acuerda del Zelda de Play 1? Una retrospectiva a Brave Fencer Musashi

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Supongo que a varios les pasa de vez en cuando; están un día en nada y una memoria muy vaga les hace cariñito en la cabeza con un juego del que con suerte se acuerdan del protagonista. Les baja la nostalgia, forzándolos a meterse a buscar “espadachín pelo azul play juego” en Google, hasta encontrar el nombre de su nuevo objeto de deseo al fondo de un foro que no recibe actividad hace varios años. No pasan ni 5 minutos y  ya estás instalándolo con el emulador como si fuese la última joya del PS4. Ya, eso me paso la semana pasada con Brave Fencer Musashi, un juego de aventura de los años dorados de Squaresoft, que pasó muy desapercibido a la sombra de otras aventuras del final de los 90s. Déjenme contarles por qué este juego es una joyita de leyendas y usted, quien lee, debería jugarlo.

Tratando de hacerla corta, el juego se trata de Musashi, un héroe “legendario” que es invocado por la princesa Fillet del reino Allucaneat (Sí, pun intended) para que retire una espada legendaria y los cinco pergaminos elementales, que permitirían salvar al pueblo del imperio con quien está en guerra. Mientras Musashi encuentra en la cima de una torre a Lumina, la espada legendaria, la princesa es raptada por un gordito steampunk, lo que da el puntapié a nuestra aventura.

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El juego funciona de la siguiente forma; Musashi tiene dos espadas que le permiten hacer una serie de combos que se pueden ir desbloqueando, uno que otro ataque especial asociado a los pergaminos y además el poder de absorber las habilidades de los enemigos para luego usarlos en su contra o para resolver los puzzles que hay en cada etapa. BFM mezclaba el appeal de varios géneros en una amalgama de mecánicas que incluían puzzles al estilo de Zelda, desafíos de plataformas, side-quests asociados a los personajes del pueblo y crecimiento de protagonista a través de sistemas clásicos de RPG. Es en verdad un juego muy redondo y con bastante contenido, que nunca pasa de ser desafiante y que no recae en llevar al jugador de la mano para que éste actúe sin desviarse del camino principal.

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Cuando no se está peleando contra la legión de robots-lego-megamanísticos y uno que otro monstruo clásico de RPG, se pasa la mayoría del tiempo recorriendo el pueblo que hace de “centro de operaciones”. La interacción con los NPC se suelen basar en diálogos asociados a ventanas de tiempo, donde un día transcurre en 15 minutos IRL, lo que le agrega otra dimensión interesante a la narrativa del juego. En conversaciones livianas y chistosas, desarrollan de a poco la historia de Musashi, el reino, y la razón de la guerra, además de explicar de mejor forma el objetivo del juego.

Como es clásico de los juegos de Squaresoft, la música es espectacular, haciéndole justa compañía a cada escenario y etapa; apuro a las partes más tensas y relajo a las secciones del pueblo. Asimismo, no solo en esto se luce el sonido, sino que además casi todos los personajes son doblados con espléndido cariño, agregando un montón al tono medio cómico y sarcástico del juego, especialmente a Musashi y los principales enemigos.

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BFM, a pesar de ser opacado, según el ojo público, por la infinidad de JPRGs y juegos de ese género, se levanta sólo como uno de los juegos más refrescantes del final del milenio y es otro fuerte ejemplo de la capacidad que tiene Squaresoft como desarrollador .Si aún así no logro convencerlos, solo les pido que jueguen el primer nivel, que es posiblemente una de las mejores primeras etapas que he visto, logrando ilustrar perfectamente lo que uno puede esperar del juego: acción, comedia y sobretodo, encanto. No nos olvidemos de estas maravillas que nos dejó la PS1 en el ocaso de su vida.