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Exijo una explicación sobre el fenómeno y la fama de Frank Ocean

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El hacerse esperar tiene su recompensa mediática. Desde aquel nuevo clásico de pila “Channel Orange” que las masas no han dejado de besarlo y abrazarlo, pidiéndole un nuevo disco pronto. El resistirse en una generación que quiere todo de inmediato trae consecuencias arriesgadas, resultando una apuesta a la suerte. Frank y su equipo fueron conscientes del poder marca del artista y decidieron -sabiamente- transformar esa incertidumbre de olvido, en una resistencia de anhelo, aplicada a una experiencia 360, que tiene hoy un hype recorrido en su disco visual “Endless”, el álbum Blonde y el Fanzine “Boys Don’t Cry”.

Entendiendo Endless y Blonde

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El contexto de Channel Orange hablaba de un Frank Ocean revelando su sexualidad a través de sus miedos, inseguridades y prejuicios, siempre desde la analogía de un laberinto. Nada se revelaba por concreto. Lo anti-prosaico conecta mucho con una generación que va más allá de lo carnal, dándole importancia a lo espiritual y a vivir en paz. Bajo este prisma, Blonde resulta la invitación a poder bajarse de ese cuento anterior y vivir la dimensionalidad de la realidad; una compleja-nebulosa y confrontacional. Blonde deja de desahogar sus miedos desde el relato literario, para convertirse en un diario de vida de la superación.

Entendiendo esta idea, podemos ir desmembrando la relación entre Endless-Blonde y Boys Don’t Cry; una experiencia en 360 que te obliga a interactuar bajo estos tres medios, para recién entender el concepto. Aunque esto suena genial y seductor, también habla de como las personas detrás de su marca le están dando vida mayor al propósito, dejándolo en un estado metafísico y un peldaño experiencial mayor. Este estilo de vida llamado “Boys Don’t Cry” cruza por un proceso donde la música se está volviendo más orgánica, más viva y está creando un nexo obligado a compartir entre fans y creador. Boys Don’t Cry habla sobre una generación que construye estilos de vida desde los diálogos y crea necesidades desde lo que intentamos resolver solos y no podemos, desde ese modo, esta jerarquía triple viene a hablar de un artista con el interés de alivianar sus fantasmas interiores, y colateralmente, pegarle a esa infelicidad difusa que viven sus fans, a través de la nueva velocidad de la vida. Frank no es un ídolo, es alguien cercano que contrasta su forma de pensar y le pega a sus fans a decir: no estamos solos, nos está pasando lo mismo y Frank pudo resolverlo.

Si The Life of Pablo mediante sus polémicas, decisiones apresuradas, cambios durante y después del proceso, y su forma experiencial de consumo, experimentaba con una nueva fórmula de plantear el negocio musical; Beyoncé la perfeccionaba, creando un paralelo dimensional entre un disco que se debe vivir. Blonde está revelando la perfección de este proceso, donde nos cuestionamos si de verdad es suficiente solo la música, aunque parezca paradójico. ¿La gente está comprando más música? ¿Es suficiente solo hacer la música y no conectar con alguien?. Eso lo abordaremos en otro post que tenemos en desarrollo.

La receta que atrae a sus fans

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Frank Ocean, junto a Tyler The Creator, Earl y Yung Lean, vienen a dirigir marcos sinceros de como hoy la gente está viviendo la vida: Una era digital donde hemos perdido la vida por lo esencial, relegando la crítica, la abstracción y la falta de realidad, todo visto desde un cúmulo de información pensada por otros, transformada en una visión reflejada por una pantalla de televisión, un notebook o un celular. Las ventanas dejaron de mostrarnos lo denotativo, siendo un flujo connotativo. Aunque el sueco lo vea más como una talla, Tyler, Drake y Frank si abren ese escenario: Somos una generación que nos angustia vivir el presente, porque siempre pensamos en ese futuro que nos parece una mierda, y del cual, no estamos cambiando nada. Seguimos queriendo ser alguien que no somos por ser aceptado por los demás, dejando de lado quien deberíamos ser para nosotros mismos.

Ocean es un monólogo, pero uno que conecta y lo empatizas. Probablemente, tengas ese mismo fetiche por la nostalgia, convencida en Street Fighter, Playsation y Soul Calibur; ese amor por la sana envidia y el minimalismo Asiático; y esa relación carnal-intelectual de diferenciarte a través de lo físico. Y es así como nuestro Frank existe en cualquier lado: Una persona fan de lo Asiático, los juegos, la música de antaño y que proyecta su diferenciación emocional-física mediante un corte color de pelo, un poleron Supreme y unas zapatillas nike. Eso es lo que hace interesante a ese artista, su nivel de materializarse en alguien que formó su vida entre lo digital y lo real.

Cristian Poblete

I'm Danny Brown and Ryan Gosling. Primer Hokage en pueblo ruidoso