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Videamos: Generation Kill

Siempre que se habla de series de guerra sale a relucir el mismo nombre: HBO. Personalmente creo que es porque solo ellos pueden hacer un show televisivo interesante dramáticamente sobre la guerra y porque nadie más podría darse el lujo de financiar los costos de producción de recrear un enfrentamiento bélico. La historia de HBO con la guerra es larga y comenzó en un lejano y hermoso 2001 con Band of Brothers, prolongándose hasta la actualidad con The Pacific, otra serie de la segunda guerra mundial. Si bien la WWII es el tópico fetiche de todos los audiovisualistas-belico-maniacos, en 2008 la Home Box Office se animó a hablar sobre la “reciente” guerra de Irak realizando uno de los relatos más objetivos del último enfrentamiento bélico en gran escala de nuestros tiempos: Generation Kill.

Pensada desde el comienzo como una mini-serie, Generation Kill cuenta con siete capítulos de sesenta minutos en los cuales seguimos los pasos del primer batallón del cuerpo de Marines desde su entrenamiento en Kuwait hasta el supuesto “fin” de la guerra, cuando Bagdad es tomada por las fuerzas norteamericanas. Todo esto basado en el libro del mismo nombre cuyo autor es Evan Wright, enclenque periodista de la popular Rolling Stone que acompañó, sin entrenamiento previo, al batallón desde Kuwait hasta Bagdad. En la serie incluso aparece un personaje que representa a Evan, referido simplemente como “The reporter”.

La serie es rebosante en personajes libres de estereotipos gringos, no están los clásicos soldados cabrones que no le entran balas, ni el ultranacionalista psicótico, ni el “novato” al que le hacen bullying, en ese sentido la serie agrada bastante ya que se aleja de los típicos personajes de películas bélicas y permite que el espectador empatice con un gran número de marines debido a la simpleza de cada uno de ellos. Algo similar a lo que sucede con la ya mencionada Band of Brothers solo que aquí no tenemos entrevistas ni un abuso excesivo de la emotividad.

 Las escenas de acción no son muchas, la serie se aleja un poco de los combates y se centra principalmente en la vida de estos soldados modernos, completamente alejados de ideales y que solo quieren un futuro mejor en sus vidas. Lo que si, las escenas que hay son bastante buenas, realistas, crudas y sobretodo cargadas de balazos, explosiones e insultos sobre masturbación y sexo. Es que estos marines, a diferencia de los clásicos soldados que combatían el fascismo allá en los años cuarenta, no pelean por ideales políticos y han sido criados bajo la cultura pop americana de principios del 2000; MTV, comida chatarra y Avril Lavigne.

 Un punto a destacar de la serie es la cantidad de población civil que asesinan, casi todas las veces por error. El programa nos muestra sin pelos en la lengua como a causa de las malas órdenes de los superiores y los descuidos el batallón, se asesina desde niños hasta ancianos. Así mismo, somos testigos de la poca impresión que esto genera en los soldados y como, progresivamente, cada vez son menos los que se sienten conmovidos al ver a civiles morir, llegando al punto en que ya a nadie le importa e incluso hacen bromas al respecto. SPOILER ALERT Un “gran” momento sucede cuando un puñado de marines está vigilando una pequeña y humilde aldea donde solo ven niños y mujeres, ningún tipo de amenaza, y dicha aldea es bombardeada hasta los cimientos, volviéndose el chiste del día FIN DEL SPOILER. Como dice uno de los soldados “Un sacerdote me dijo que asesinar es pecado cuando se disfruta. Yo no lo disfruto, de hecho no siento nada al respecto”.

 La serie tuvo buena recibida y cumplió con su propósito, ser una visión objetiva, cruda y realista que la primera etapa de la invasión a Irak desde el punto de vista de quienes la vivieron, de quienes la realizaron. Denota una guerra mal organizada, mal planeada y muy mal perfilada, carente de equipamiento y con objetivos difusos e ideales invisibles. La serie triunfa en que, apesar de dejar de manifiesto lo dicho antes, no obliga ningún mensaje moralista, ninguna crítica a Bush ni nada panfletario. No se abandera con ninguna postura si no que solo se limita a los hechos, dejándole al espectador la información clara y precisa para poder emitir juicios propios. La libertad de pensar, una buena cantidad de balazos, canciones malas a acapela y una renovada visión de los conflictos bélicos hacen que Generation Kill sea, por lejos, la mejor serie de guerra de los últimos tiempos; ideal para ver en estos días extraños y anárquicos donde una balacera a la vuelta de la casa parece más próxima que una amistad entre países hermanos.-

Rob P.

Calvo de lentes, hipocondriaco y maniático. Si han visto ese cerebro por ahí por favor no lo devuelvan y tírenlo al río.