Tyler, The Creator: Cruces invertidas, vandalismo y Swag

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La contradicción y el frenesí de las emociones, son síntomas de adaptación post moderna. Podemos ser veganos y patear animales; declarar el odio al género femenino por tu ex novia y asumir abiertamente que amas a tu madre; tener un repertorio de chistes homofóbicos y defender a tu hermano homosexual. Escupes ante lo mal que te lo estás pasando hoy en esta mierda de mundo, odiando…sin ver ni oír; sin diferencias y pasados reveladores. Te lo estás pasando pésimo y anhelas la desaparición de toda la existencia. Al otro día despiertas, te enteras de que todo ese problema se arregló y amas al universo en su  extensión. Bajo estas insinuaciones misóginas e impulsivas, se reencarna la imagen de Tyler the Creator. Un joven skater de 20 años que vive y se inunda de los matices. La perfección no va con él y no pretende ser una estrella que baña su maduración musical, por su corte de pelo o el cambio de actitud. Un bastardo con aspiraciones de incitar, provocar y olvidar que ayer te declaro su odio. Más allá de sus conductas del terror, su poder va en sus canciones y producciones…que desde ahora, te revelaremos. Si algo es Swag, es su culpa

Chaos is a reason

A lo largo de los años, el rap ha desfilado desde protesta suburbial, el calibre de las armas y la demuestra de quién tiene más bling bling. A grandes rasgos, imponer respeto a través del pleito fácil, la verborrea de insultos y las peleas a raz de la ira, supone al miedo, como parámetro de respeto. Condiciones que explotó NWA y Wu Tang Clan. Tras 20 años después, Tyler propone el caos, el terror, la herejía, la impulsividad y la destrucción del cuerpo a vista de las favoritas drogas, en ejes del nuevo rap. Tal cual Sid Vicious, Amy Winehouse o Peter Doherty levantaban carteles de irreverencia, frente al orden del sistema. Tyler es cruel, hiriente, lengua dura y queda claro en sus letras, arrojando palabras frente a violaciones, su amor a satanás y el juego de palabras a toda minoría existente. Perturba ese sentimiento de niño que vislumbra, como un joven que te insulta y luego cambia su carácter, al sentirse feliz con un dulce.

Es curioso afirmar que Tyler bebe de escuchar Best Coast, Wavves, T.I o gritar como niña por Pharell Williams y Eminem. Su sueño es inmiscuirse en feats con Kanye West o Jay Z y a la vez, eliminar el miedo de un negro con calibre 44 y desatar el desorden a través de la sobredosis de crack. De día quiere salir en MTV y de noche solo quiere ponerse un pasamontañas, insultar minorías y sembrar la insanidad con su mayor creación: El colectivo Odd Future.

Sus armas se inyectan en su característico sonido, que muchos denominan horrorcore. En palabras simples, una mezcla de sónidos tétricos, bañados con chelos, violines, degradaciones de beats y secuencias invertidas. Todo suena ralentizado, antiguo y espeso. Como si la paranoia se manifestara en una entidad y soplaran metáforas perturbadoras. Esa esencia tan callejera, se torna un menjunje de agonía urbana. Ya no tienes esa sensación de pelear en la calle, ahora te transmuta pensar que llegará un violador, te llevará a su casa y dejara caer todo lo malo del ser humano, por una noche. Espeso grosor de calibre y terror.

Odd Future sembrando pánico

No solo vive de sus dos discos “Bastard” y “Goblin”, su cruzada frenética se traduce en armar al colectivo Odd Future. 11 personas, entre raperos, productores, djs, compositores e ilustradores que siembran la maldad al límite. Al principio se relajaban con andar en skate, fumar ganja y gastar su tiempo en formar una revista, que entrevistaba expositores y artistas emergentes. Luego de no poder calmar sus inquietudes, se fueron a Tumblr y lanzaron su material anárquico. Increiblemente son 12 albums y 18 compilaciones a lo largo del tiempo y que tiene en sus arcas a veteranos como Frank Ocean, Mellowhype, Mike G y Earl.

Swag is fuckin’ Drag

Volvemos al génesis. Ese mar de contradicciones que avecina al enojo y lo mata con una sonrisa. Tyler se ve envuelto en un muro que gusta escalar y no gusta descender. Su fama y la de sus escuderos de la destrucción son tema de hoy en día. Se habla de él en pitchfork; Kanye West recomienda escuchar su segundo álbum y blogs como Playground y loud se ensañan en destacarlos como “Esa gran novedosa cosa” del 2011. Su legado se mezcla con el nuevo movimiento de rap que betunan Die Antwoord, Das Rascist y colaboran desde las tinieblas con esfuerzos polstergeists, llamados “Salem”. El rap dejó de ser una tendencia uniforme y se manifiesta en una exquisita evolución, que procrea y arroja al cielo, una infinidad de nuevas posibilidades. Rick Ross, Wiz Khalifa y Lil Wayne, ya no serán lo mismo a manos de LIl B, Gucci Mane, Kreayshawn y Soulja Boy. La onda Swag vino a quedarse. Ya no se dice cool, pulento o bakan, el fraseo final es Swag y Tyler estampo ese sello, que más que una palabra, refleja una nueva tendencia.

Tyler, desde aquí, te rezamos, odiamos y amamos. Por tu culpa, los búhos colgantes ya no estarán de moda y las cruces invertidas serán la nueva moda. Calaste tanto, que terminé dibujando 60 cruces y escribiendo 5 veces fuck. Eso sí es Swag, niggas.

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