Una estrella oculta: Tatsuro Yamashita y el pop japonés

img

maxresdefault

Después de la segunda guerra mundial, Japón sufrió una gran reestructuración. Los paradigmas cambiaron y el país pasó por una gran occidentalización. Una enorme cantidad de avances tecnológicos se dieron de mano de los booms económicos milagrosos y la figura del salaryman, el hombre de negocios, aparece de manera dominante en la sociedad. En los 80, Japón era un lugar muy distinto al que fue a principios del siglo 20, y también su música.

Tatsuro Yamashita nace el 4 de febrero de 1953 y empieza su carrera musical 20 años después, con todos estos factores condicionando su situación, porque definitivamente su pop deudor del funk y el soul no hubiese podido nacer en otro momento. La tendencia reinante de los charts moldea la globalizada industria musical y el feedback entre tendencias internacionales es mucho mayor. Mucha música empezaba a ser creada con una visión de industria.

Yamashita inicia su carrera con la banda Sugar Babe junto a varios músicos, entre los cuales estaba Taeko Ohnuki (colaboradora de YMO), en 1973. El grupo alcanza a lanzar un álbum, Songs, y un EP, Down Town, conjuntamente en los sellos Elec Records y Niagara Records, este último subsidiario de Sony, en el año 1975. Tristemente, al año siguiente la banda decide separarse, pero varios miembros siguieron en el ámbito de la música. El disco en si nos ayuda a entender la base musical de la que viene el japonés, teniendo un aire similar en su afrontamiento pop, pero siendo mucho menos sólido que su trabajo como solista.

Siguiendo con el apoyo por parte de Sony, Tatsuro empieza su carrera solista el ’76 y lanza un par de discos bajo el alero de la multinacional RCA, incluyendo su debut, Circus Town (1976), y también uno de sus mejores trabajos Spacy (1977). Éste último es gran ejemplo de su forma íntima de acercarse a las sonoridades occidentales, con tintes de jazz que muestran un pop que vacila entre la alegría extrema y la melancolía suave. Sus habilidades como productor y compositor brillan en las precisas canciones, que a pesar de la orquestación, jamás pierden el ambiente orgánico, que incluso contrasta con una época que se empieza a cargar de sintetizadores.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Su sonido es un espejo que refleja la cultura occidental y, sobretodo, la industria musical norteamericana. Él no busca mezclar en un nuevo ser Japón y el mundo anglo, como lo hace Akiko Yano en su debut Japanese Girl  de 1976, donde funde el jazz con el folclore de sus tierras, de un modo eficaz y fluido, o como Yellow Magic Orchestra, al utilizar melodías reminiscente de su país natal en su pop electrónico denso. Yamashita reversiona con su propia mirada el mundo anglo, al igual que el ciudadano medio que mira el exterior con deseo.

En 1978 saca sus últimos lanzamientos bajo RCA, Go Ahead e It’s a Poppin Time, un disco en vivo, pero su lanzamiento triunfal del año es el genial Pacific, disco en el que colabora con Haruomi Hosono de YMO y Shigeru Suzuki de Tin Pan Alley. El álbum tiene un sonido maduro, solido, bien trabajado, que recoge el trabajo de melodías y ambientes tropicales que Haruomi  desarrolló y probó en sus primeros discos solistas. La cohesión entre los músicos es absoluta. Pacific es un punto importante para entender la versatilidad de Yamashita. Tiene gran capacidad para extenderse libremente por varias áreas sonoras y melódicas de la música, pero, deliberadamente, prefiere ciertas zonas, casi estratégicamente.

Dos años después lanza Ride On Time, que es su primer álbum en alcanzar el lugar número uno en los charts japoneses. Al escuchar Silent Screamer  y Rainy Day, por ejemplo, entendemos el por qué, pues son de las canciones más sólidas de la carrera de Yamashita. El disco en general está bastante bien trabajado y nos muestra al músico de una forma quizá “más libre”, pero no en cuanto a ideas musicales, si no a la forma en que se expresa, casi a flor de piel, lo que se nota, sobre todo, en la energía del title track.

c-kyodo-christmas-song-a-20160401

En 1982 lanza su último disco en Air Records, For You, que resulta ser otro éxito, llegando al número uno nuevamente. Tatsuro se suaviza un poco, en comparación al Ride On Time, pero la calidad no baja. Hey Reporter! y Love Talkin’ (Honey It’s You) son sólidas canciones pop, bastante bien logradas. Ya en el año 1983, aparece Melodies en Moon Records, sello en el que permanece hasta la actualidad. Aquí escuchamos a un Tatsuro que se aleja un poco de los ritmos funk para abrazar más aún el pop con raíz soul. Entre los varios tracks, encontramos un cover a Guess I’m Dumb, canción que originalmente compuso Brian Wilson, y Christmas Eve¸ la cual no recibió mucha atención en su época, pero al ser utilizada a fines de los ochenta para un comercial, consiguió gran difusión, por lo que se relanzó el single. Ttuvo un éxito comercial rotundo en los siguientes años, durante los cuales fue relanzado numerosas veces, transformando a Melodies en su disco mejor vendido.

Durante el resto de los ’80, Tatsuro Yamashita no tiene mucho de lo que preocuparse, tenía su carrera más que establecida y era conocido en la industria y por el público como una de las figuras más brillantes de del llamado City Pop. Siguió lanzando discos y trabajó en discos de otros artistas, como Ryuichi Sakamoto, Taeko Ohnuki y Mariya Takeuchi, cantante, letrista y compositora que se transformaría en esposa de Tatsuro, con quién tendría una hija.

Si bien al final es solo una pequeña parte de la música de la época, Tatsuro Yamashita muestra un lado que era muy potente en ese momento y lo representa muy bien. A pesar de esto, no mucho se le recuerda en la actualidad. Se sabe que artistas vaporwave han usado sus canciones para tracks, como Saint Pepsi y マクロス Macross 82-99, y que Bruno Mars ha mencionado ser fan de él, pero pareciese no llegar más allá de lo anecdótico. Obviamente aquí hay miles de factores culturales que afectan. Por mucha occidentalización que haya, históricamente ha habido una cierta preferencia por lo que es anglo de nacimiento. Por lo menos, es bueno saber que hay gente dedicada a rescatar un trabajo de calidad y una historia musical ensombrecida. Quién sabe si ese riff de esa canción que tanto te gusta nació gracias a que el artista escuchó un fluido y resonante bajo de una canción de Tatsuro Yamashita.