Pantha du Prince – The Triad (2016)

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Preguntarse por la influencia de Alemania en la música electrónica es como preguntarse por la influencia de la misma Alemania en la gastronomía chilena: es obvia. Músicos de la nación germana han aportado a lo largo de la historia de forma inconmensurable a la música electrónica, tanto en materias de producción, técnica, composición, etc. Eso hace que sea un país muy rico en esta cultura electrónica, donde diversas escuelas o “formas de sonar” emergen, pudiendo ser tanto contrarias como complementarias entre sí. Y desde principios de los ’90, post-caída del muro de Berlín, es que los músicos electrónicos alemanes saben cómo hacer convivir premisas tanto convivientes como contradictorias.

De testigo quedan géneros como el breakcore o noisecore, que, a pesar de haberse originado en países como Inglaterra u Holanda, un sello alemán fue marcado a fuego para siempre en el breakcore de origen germano, haciendo gala de rápidos beats por sobre los 180 BPM pero, a su vez, de complejos acordes atmosféricos, sintetizadores etéreos y espaciales.

Esa tradición de hacer convivir tradiciones está viva en el LP que revisaremos hoy, The Triad, primer disco después de 6 años de silencio del productor electrónico nacido en Hesse, Alemania Occidental, Hendrik Weber, conocido principalmente bajo el pseudónimo de Pantha Du Prince. Este lanzamiento nos recuerda cómo dos propuestas tan sencillas y, a la vez, tan diferentes, pueden ponerse en común, al menos, ponerse de acuerdo en no estar de acuerdo, tal como dos personas con diferentes trasfondos y visiones de mundo se sientan en una habitación a hablar. Musicalmente de eso se trata The Triad, lo cual no es extraño para Weber, pero no por eso este nuevo esfuerzo discográfico no representa un desafío o es éste un disco de confort music.

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Primeramente, si bien estamos frente a un disco de minimal techno, la mezcla y masterización no lo hace sonar minimal para nada. The Triad es texturizado, suena con un gran cuerpo y probablemente pueda llenar toda la habitación en la que estás de lo opulento y colosal que se muestra, incluso escuchándolo con audífonos. Cuando un disco tiene personalidad y actitud, se agradece bastante. Eso sumado a la melodicidad no tan instrumentada, sino que más percusiva que podemos escuchar en el disco, le da a la obra en su totalidad un sonido que, si bien es sintetizado y generado por computadoras, se hace tremendamente orgánico y natural, mostrando la capacidad de combinatoria que Weber tiene de sus propios recursos musicales al saber optimizarlos al máximo.

Ahora, de lo que expusimos en la introducción, se hace muy importante hablar de esta tradición de hacer convivir tradiciones. Weber no es un sujeto que apareció en la Tierra y sin bagaje ni conocimiento de nada se sentó frente a un computador y lanzó el Diamond Daze el año 2004. Está asociado a la historia de la música de donde proviene y Weber se hace cargo de forma tremenda en este lanzamiento. Podemos encontrar en The Triad un gran énfasis en lo atmosférico y lo más etéreo de la música electrónica, algo que se viene haciendo en la elektronische musik alemana desde sus inicios en el s. XX cuando Karlheinz Stockhausen trabajó brevemente con Pierre Schaeffer en su estudio. Y a su vez, esa atmosfericidad no pierde de vista lo rítmico, más visceral y basado en patrones que es este disco; de lo que deriva una gran base de influencias del techno, house y en general, la cultura de rave y de club de baile más popular arraigada en Alemania. De esa forma, lo meramente minimal en el descriptivo minimal techno pareciera quedarle chico a The Triad, donde lo house, lo downtempo e incluso lo noise (develando el antiguo affair de amor que Weber tuvo por el shoegaze) es hecho convivir bajo el mismo techo por el pater Pantha du Prince, bajo una ley basada en la tradición musical alemana donde, si dos ideas se muestran irreconciliables, no las reconcilies: concílialas.