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Ty Segall – Emotional Mugger: Explosión de locura

A finales de enero, el prolífico músico estadounidense Ty Segall, lanzó su octavo disco, Emotional Mugger, el cual fue lanzado en Drag City Records, antes de haber sido promocionado en sitios a través de VHS sobre-grabados, producido por él mismo y F. Bermudez, quien también ha trabajado con No Age. El disco, además, cuenta con la participación de músicos como Mikal Cronin, King Tuff y miembros de la banda Wand, que es parte de God? Records, sello perteneciente a Segall, quienes también lo apoyan en las fechas en vivo.

Teniendo un catálogo tan amplio y una gran cantidad de músicos que han hecho cosas similares, tanto a lo largo de la historia como contemporáneamente, la tarea de mantener un sonido fresco dentro del garage y el rock psicodélico es una tarea realmente complicada, que requiere de trabajar bien la estructura de las canciones y la producción de un disco.

Ty Segall ha tenido sus altos y bajos, teniendo como ejemplo la diferencia entre el primer disco de su banda paralela Fuzz, bastante destacable, y el segundo; pero en este caso, después de Manipulator (2014), que fue calificado como un disco blando, Ty vuelve a tomar las riendas con fuerza y lleva su música por un lado algo más libre, buscando realizar cosas más interesantes y potentes, contrastando totalmente y haciendo guiños a años de historia de garage rock.

En Emotional Mugger vemos una explosión de locura, un coqueteo con Captain Beefheart y The Residents, incluyendo su lado teatral, pero siempre manteniéndose en su propio espectro y sabiendo dónde se maneja mejor, dónde es más capaz. Esta octava entrega despliega ferocidad, instrumentos gruesos, potentes, una energía que se extrañaba en su música, una intencionalidad casi infantil, potenciada por sus actuaciones en vivo, dónde Ty Segall adopta el papel de un bebé gigante, con máscara y todo, que busca afecto desesperadamente, que busca adquirirlo gritando con locura, exigiendo y asaltando.

Canciones como las que abren el disco, Squealer y California Hills, están llenas de una Groove marcado y de guitarras filosas y distorsionadas. Los cambios en el tempo en el segundo track le dan un movimiento fluido e interesante, manteniéndonos en un cambio de sentimiento constante, entre la pausada calma rítmica y un choque frenético. Segall juega más con su voz y hace más variaciones de tono, a veces como si hablase consigo mismo o crease una conversación entre personajes en su historia.

En Emotional Mugger/Leopar Priest nos encontramos en una pregunta-respuesta constante, con líneas melódicas no muy complejas, pero que cumplen muy bien su función de hacer avanzar a la canción. Breakfast Eggs nos pone en el lado más psicodélico del disco, con un sonido de los 70’ haciendo presencia fuertemente, pero con un trabajo de producción moderno.

Diversion nos presenta una de las canciones más amigables del disco, pero no por eso deja de contar con una batería que no se detiene en ningún momento, con redobles bien marcados, y unos detalles agregados por el sintetizador que le dan un gran plus a la canción, dándole una buena ambientación. Es el mismo sintetizador quien nos introduce a la siguiente canción, Baby Big Man (I Want A Mommy), dónde podemos apreciar más el juego entre ese instrumento y los demás, y la importancia rítmica del bajo. El track pasa más como un interludio, que a diferencia del resto de las canciones, parece tener más una importancia sónica que melódica.

El séptimo track, Mandy Cream, cuenta con una batería de un tono más tribal, que sirve como un cuerpo que sostiene a la canción de una forma más fresca, agarrando fuerza, sobre todo, en el final. Candy Sam abre con la guitarra hablándonos e introduciéndonos al resto de la historia de Emotional Mugger y el personaje que Ty Segall adopta, Sloppo, siendo una de las canciones en las que más presencia tiene. Al final, la melodía de la voz se mantiene constante, infantil, alegre, mientras la guitarra soleá y termina todo entre silbidos, cánticos pueriles y una guitarra acústica.

Squealer Two es quizás uno de los puntos débiles del disco, no aportando nada nuevo al principio, pero a medida que acaba la canción, tomando un ritmo más pausado, se va desenredando y dando paso a un controlado caos de modulaciones en el sintetizador, distorsión radial y gritos confusos, casi como dando el espacio para la aparición de W.U.O.T.W.S, funcionando como una canción transicional para la bienvenida al ruido y la experimentación, en uno de los tracks más inesperados del disco, que funciona perfectamente como anuncio de que el fin se acerca.

Volvemos a la realidad, con el bajo y la batería poniéndonos los pies a tierra en The Magazine, cerrando la canción de una forma más lenta, con la voz más calmada y constante, con una sutil intervención del resto de los instrumentos, cerrando el disco con un “solo de ruido”, con un fuzz que se sale de control, pero que se acopla perfectamente a la canción y que cierra desvaneciéndose lentamente en su desorden.

En este disco, Ty se ha soltado completamente, y esto lo agradecemos enormemente. Si bien las estructuras de las canciones se basan, en su mayoría, en las del rock psicodélico y el garage más clásico, está la intención y el atrevimiento de romper con ciertos dogmas de esta música con tantos años de historia. Si a alguien piensa que este disco es más de lo mismo, es porque no se ha tomado el trabajo de disfrutar de los detalles que Segall planta en cada canción, en los quiebres y sintetizadores que refrescan riffs de antaño. Claramente, este disco es una invitación a ver las presentaciones en vivo, con The Muggers, para tener la experiencia completa de este álbum, para sentir la teatralidad ruidosa en su máxima expresión. Pero, de todas formas, por sí solo, este disco llega a ser interesante, siendo un llamado a sus músicos contemporáneos a excavar más profundo, a buscar expandirse por otros lados, a recorrer las amplias ramas del rock. No es precisamente un garage avant-garde, pero llega a ser un referente que debieran tomar los músicos que se quedan estancados en sonoridades sobre explotadas. Más allá del gusto que uno pueda tener por este disco en específico, el estudiarlo es interesante, por el atrevimiento del mismo. Si quieres revivir una época pasa de una forma totalmente nueva, situándote en un momento atemporal, ponle play a Emotional Mugger.

Charlie Vásquez

Producción musical // Colecciono cosas // A veces toco en bandas