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Swervedriver y Velódromo @ Club Subterráneo: Las entretenidas partes instrumentales con tintes de psicodelia

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El Club Subterráneo estaba repleto de gente. Unas 600 persona se reunían ese día para presenciar el debut de Swervedriver en Chile, legendaria banda británica que lleva desde finales de los años 80’s haciendo ruido y que teníamos suerte de presenciar de manera gratuita gracias a Coverse Rubber Tracks. La fecha, de la cual también participaba la banda chilena Velódromo, prometía bastante y estábamos ahí para recibir todo lo que nos tenían para ofrecer.

 Habiendo lanzado hace poco una nueva canción, Petra, Velódromo tenía cosas nuevas que mostrar ante el amplio público, con varias personas que quizás no los conocían, pero se acercaron a escucharlos tomando a Swervedriver como oportunidad. La banda tocó un set ni corto ni largo, durante el cual aprovecharon de hacer sonar su EP debut y su nueva canción, mostrando que, a pesar de lo que se pueda pensar, la acústica del lugar es bastante decente. Se apoyaron con algunas pistas que aportaron al ambiente denso del grupo, con sus guitarras totalmente etéreas, el bajo firme y la voz espaciada que sonaba como nunca por el reverb que se le había puesto, que no siempre resulta bien. La gente se movía y parecía recibir bien el sonido que entregaba la banda ese día, mucho más brumoso y menos claro en comparación al sonido de la banda británica que venía a continuación.

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Swervedriver ha tenido una larga carrera, llena de altibajos, ruido y también completo silencio, pero hoy estaba ante el público chileno para presentar su historia sonora en todo su esplendor noventero. Aunque la banda es asociada con la escena shoegaze y tuvo relación con Creation Records, su sonido es más cercano al rock alternativo y al indie rock, que fue lo que principalmente escuchamos aquella noche. Gracias a las varias propuestas compositivas que se han hecho los miembros de la banda a lo largo de su carrera, incluyendo también un par de cambios de miembros, el set fue variado y consistente.  No hubo una monotonía marcada y se escucharon canciones tanto de su primer disco, Raise, como del último, I Wasn’t Born To Lose You, del año pasado. Durante todo el show se notaron los años de experiencia detrás de los cuatro miembros, comportándose de una forma natural, amigable y profesional. A pesar de que cerca del final del show los olores corporales se acumulaban en el aire densamente, se podía olvidar eso por un momento al quedar atrapado en las entretenidas partes instrumentales con tintes de psicodelia que acompañaban a algunas canciones. Después de tocar un preciso set de 13 canciones, abriendo con Autodidact, cerrando con I Wonder, y retirarse, el público asistente se quedó un rato en silencio, hasta que pidió a gritos la vuelta de la banda, que se plantó nuevamente en el escenario presentando cuatro canciones más para la gente que pensaba que aún quedaba mucho que disfrutar en aquella noche.

Olvidando el pequeño retraso que tuvo el show al principio, todo transcurrió con precisión y se sintió la energía colectiva en la noche. Sería difícil pensar que alguien la pasó mal durante el transcurso del show. Fue interesante recorrer la carrera de una banda en tan sólo un set, que sintetizó bastante bien su historia y el reflejo de una época, además de poder hacer el contaste con una banda actual que rescata sonidos pasados. Además de un poster y una foto, alegría es lo que no llevamos a la casa (y cansancio).

Charlie Vásquez

Producción musical // Colecciono cosas // A veces toco en bandas