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The Body – No One Deserves Hapinnes [Review]

The Body es una banda que combina el sludge metal con el doom, pero siempre manteniéndose frescos con una buena dosis de experimentación. Empezaron el año 1999, pero no fue hasta el 2004 que sus primeras grabaciones vieron la luz para ser escuchadas de forma más masiva, fuera de un circuito de tocatas. El dúo, conformado por el baterista y programador Lee Buford junto al guitarrista y vocalista Chip King, hace continuamente un juego de contraste entre los tonos agudos y graves, siempre con una pared de fuzz envolviéndolos de manera feroz y caótica.

Han colaborado con músicos como Thou, Full Of Hell, entre otros, siempre buscando nuevas formas de desarrollar su sonido, interesados en progresar musicalmente, en aprender. Los miembros de la banda incluso admiten estar lejos del estereotipo del metalero promedio, ya que disfrutan bastante del pop en general y de la música electrónica (aunque con artistas como The Haxan Cloak, con quien han trabajado, comparten cierta densidad en cuanto a sonido). Esta apertura musical se refleja en su último disco No One Deserves Happines, lanzado en Thrill Jockey Records, que es definido por ellos como “El disco de pop más asqueroso”.

El álbum empieza con el beat pulsante, constante y electrónico de Wanderings, con una suavidad y sensibilidad pop, que poco a poco se va tornando obscura, desenvolviéndose lentamente para darle el pase a Shelter Is Illusory, que continúa con una fórmula similar, pero con un ritmo mucho más prehistórico, dándole la base perfecta a los desgarrados gritos agudos y el canto melódico casi eclesiástico. Las canciones se toman su tiempo para desarrollarse, lo que va generando un gran peso, como una roca que avanza lentamente, golpeando contra el suelo. Un sonido casi industrial, producido por el uso inteligente de la distorsión y una drum machine 808, es lo que se condensa en la esencia de estas canciones.

Cerramos el segundo track con un ruido que se expande para dar paso al tercero, For You. Desgarradores gritos desesperados, agónicos, adornan la pieza de noise rítmico, que es un paisaje desgastado de la decadencia, una mirada de un presente obscuro que nos recuerda a la experimentación industrial de bandas como, Genocide Organ (quienes sacaron un muy buen disco este año).

La pared de ruido sigue, algo más calmada, en Hallow / Hollow, que va creando poco a poco una atmósfera tensa, con la combinación de guitarra y trombón que nos anuncian la venida de algo que se acerca, pero se demora en llegar, dejándonos a la espera. Otra vez una voz angelical, pero profunda, se suma a los chillidos de King, para darle más carga al ambiente que crea la canción, que pareciese avanzar hacia la nada, produciendo una sensación claustrofóbica.

Si la intro de Two Snakes fuese lo primero que escucháramos de The Body, quedaríamos algo desconcertados, de seguro, si los asociamos sólo con el metal. Un bajo de sintetizador marca el ritmo, al que se le suman elementos electrónicos de a poco, con una fuerte batería saturada y el clásico hi-hat de la 808. Esta canción de pop distópica pronto es presa del contraste de gritos acuchillantes y voces de tono coral, que marcan gran parte del disco. La guitarra, con su gruesa distorsión, nos adentra en un mix visceral, que es hermosamente adornado con una melodía producida por un sample de voz.

Adamah hace que nos adentremos, con una base cercana al hip-hop, a un mundo de disonancias orquestadas. Sonidos de cuerdas, flujos de ruido, ambientes densos avanzan, se desenvuelven, mientras la potente voz Maralie Armstrong, colaboradora que ya ha trabajado antes con la banda, se hace dueña de la canción, que se desvanece en un sonido tensado.

A continuación, Starving Deserter nos pone los pies en la tierra con un clásico riff sludge, con un continuo golpeteo a los platos y nuevamente, la adición de un trombón. La voz de Chip se libera, luego de haber estado ausente en el track anterior, como una bestia. Un sonido de campanas corta y adorna una especie de coro mudo que se transforma hasta llegar a un puente de melodías vocales que se entrelazan, se desvanecen entre gritos y una nueva melodía.

Hasta ahora hemos visto cómo pacientemente el dúo se dedica a generar dos cosas, principalmente: contraste y tensión. Un disco de pop que nos hace sentir aprisionados en su búsqueda por la creatividad en dos géneros totalmente saturados: el pop y el metal.

The Fall and the Guilt es una balada con piano que es adornada con un constante drone de ruido y crescendos de cello. Una interesante bocanada de aire fresco para este disco, después de una arremetedora cantidad de collages sonoros que no dejan de estar presentes, pero sí cambian en intensidad e intención. Estamos ante un caótico trabajo que en realidad es sumamente minucioso  y no debe ser despreciado al escucharlo la primera vez.

Un sample nos da unos cuantos segundos de respiro, hasta que los primeros acordes, acompañados de voces haciendo una simple melodía, nos presentan el siguiente track: Prescience, que engloba un poco el aire de misticismo que a veces se atisba a lo largo del disco. El track prosigue, acercándonos al inminente fin.

El disco cierra con el sublime track The Myth Arc, uno de los mejores de este, y el cierre perfecto, lleno de quiebres intensos y marcados, progresiones pesadas y melodías que se desenvuelven como un loop que va siendo manipulado de a poco.

Este disco es, finalmente, un premio a la paciencia y la constancia. Un animal que acecha gruñendo, con la mandíbula abierta, en un lugar desolado. A la mente vienen imágenes de futuros erráticos, destruidos y futurísticos, asociados al cyber punk. Musicalmente, es uno de los mejores trabajos de la banda, superando incluso a la pulcra colaboración con la banda Thou. La producción maneja de una muy buena manera la mezcla de sonoridades, y la orquestación de estos sutiles collages sonoros nos entregan un álbum infaltable para los más atrevidos. Nos enfrentamos ante un disco que en cuanto a riffs no nos presenta grandes novedades, pero que pasan a segundo plano cuando los vemos sólo como una estructura que sostiene algo mucho mayor.

Charlie Vásquez

Producción musical // Colecciono cosas // A veces toco en bandas