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Blú fotografía: “En general, la gente no sabe lo que hay detrás de una foto”

 

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Fotos x Valeria Soledad

Loreto Ortega, conocida como Blú, es una fotógrafa santiaguina que gusta moverse dentro del mundo del anime, el manga y el cosplay, con un estilo fotográfico y una estética muy particulares y presentes en su trabajo. Interesados en lo que hace, decidimos entrevistarla para conocer su trabajo y experiencia trabajando como fotógrafa, además de sus influencias e inspiraciones y parte de su proceso creativo.

Charlie: Partamos por lo más básico. ¿Cómo te iniciaste en la fotografía?

Loreto: En realidad, siempre había pensado estudiar un millón de carreras, así como teatro, biología marina, licenciatura en física… hasta estaba dispuesta a estudiar los 12 años de astronomía. Después me lo empecé a cranear bien y me di cuenta de que el arte y todo el tema humanista era lo que me movía más.

En Tercero Medio me metí a un concurso de fotografía del colegio. No gané ni nada, pero pusieron las fotos en un pasillo y pensé “Oh, qué bacán, qué entrete”. Justamente en ese entonces me habían regalado una cámara y siempre le tomaba fotos a mis compañeros, pero no eran las típicas fotos tipo “¡Pónganse todos!”. Recuerdo muy bien que un día un compañero estaba mirando por la ventana y tirando burbujas, y yo lo encontré tan bonito que le tomé una foto. Después llegaba a mi casa y editaba todas las fotos que había tomado; había aprendido a usar Photoshop haciendo firmas para foros de anime (risas).

Ahí me empezó a mover más el tema de la fotografía, de buscarle otro sentido al tomar fotos con mis amigos y ese tipo de cosas. Empecé con esa típica foto de una hueá muy de cerca; la primera foto que tomé y que puse para el concurso fue de una caja de tiza gigantesca pero muy de cerca. Se veía bonita, y eso que mi cámara era piñufla… aparte que le pegué una editada media vintage y quedó súper linda. Me sentí muy bien con el resultado, como que me di cuenta de que tenía dedos para el piano… me dije “ya, igual me la podría jugar”. De ahí me acordé que una amiga mía me había mencionado en Primero Medio que quería estudiar fotografía, y yo nunca me la había tomado como una carrera. La pensé bien y luego empecé a buscar información, encontré la Arcos que tenía buenas reseñas de fotografía y dije “ya po’, démosle”. Quedé al toque y me fue súper bien en la prueba de admisión al Instituto.

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C: O sea, fue un proceso más natural que pensar “Oh, me gustaría estudiar esto…”. Como que se dio.

L: Claro, se fue dando dentro de todas las opciones que tenía. Mis papás me apoyan ene, así que yo podía proponerles cualquier cosa… nunca sentí que tenía que limitarme a elegir ciertas carreras.

No vengo de una familia de fotógrafos, de hecho, soy la única fotógrafa; los demás son todos ingenieros, contadores y esas cosas. Por eso más de alguna vez me pregunté “¿Y de dónde mierda vinieron mis intenciones estéticas y tan humanistas?” Hasta que un día pillé, para un trabajo del instituto, el archivo de mi papá. Revisándolo me di cuenta de que era él el que tomaba fotos, y que además eran fotos con buenos encuadres, bonitas y bien preparadas. Ahí me dije “Ah, aquí está la cosa…”, y recordé que cuando chica solía fijarme harto en las fotos de mi papá. Él siempre viajaba, así que desde que tenía un año, como hasta los ocho, me acuerdo de haber visto fotos de mi papá en muchos países.

Yo creo que eso me mantuvo mucho en contacto con la fotografía física, no la teórica ni la práctica, sino que la atracción hacia el objeto fotográfico.

C: Fue algo que se te presentó desde chica.

L: Y yo no me di cuenta… ni siquiera me había fijado. Pensé que todo había empezado en Tercero Medio, con la cámara que me habían regalado.

C: Cuando tomas fotos, ¿qué es lo que normalmente te gusta capturar?

L: Dentro de lo que hago me gusta harto el retrato, trabajo mucho con gente, edificios y geometría. No me gusta el paisaje, la prensa ni la publicidad.

Cuando se trata de retrato, me gusta más que sea tirado para la moda, pero siempre reflejando la creatividad de la persona que sale en la foto. Me gusta la moda japonesa, por ende siempre busco a las personas más creativas. Igual soy discriminadora en ese sentido, o sea, si encuentro a alguien que no se ve bien, no le tomo la foto no más. Y no es de mala, es que uno es súper fijado en cuánto trabajo ves detrás. Yo no digo “oh, se ven mal porque son feos”, sino que porque no han trabajado bien su vestimenta o lo hicieron a la rápida.

Esto sobretodo en el cosplay. Mientras más trabajo veo de la persona que lo hizo, mejor, y me da lo mismo si son chicos, feos, gordos, o cómo se crea. Eso para mí es la parte importante: trato de mostrar el esfuerzo de la persona que sale, la creatividad que tiene, su esencia y autenticidad. Aunque estén detrás de un disfraz, la autenticidad entra en juego cuando se ve el trabajo que ellos ponen en lo que hacen. Y esto también cuando no es cosplay. Si le tomo fotos a una persona equis también me fijo harto en que se sienta natural y espontáneo. Si ellos quieren posar, la raja, yo los voy dirigiendo, pero siempre y cuando ellos lo hayan propuesto. Me gusta trabajar con gente espontánea.

C: Prefieres guiarlos antes que ponerles un patrón.

L: Claro, no llego y les digo “Oye, ponte así, de esta manera”. Si la persona se siente cómoda en cierta pose y yo me doy cuenta de que, por ejemplo, si no levantan la cabeza se les hará una sombra fea, ahí recién les digo “Levanta un poco el mentón, corre un poco la mano, etc.”. Pero siempre y cuando la persona se sienta cómoda en la posición que se está poniendo. Si le digo a la persona “Levanta el brazo, póntelo detrás de la cabeza” probablemente empiece a sentir incomodidad y no quiero eso.

Me interesa sacarle provecho a la esencia de cada persona, y que de a poco se vayan creyendo el cuento, agarren confianza y se vayan abriendo y mostrando. Eso para mí es lo interesante de trabajar con gente.

C: No te gustaría estar en una foto de moda con una persona equis que le pasaran ropa y se la pusiera para la foto.

L: No me molesta tanto, pero sí preferiría a la gente que se dedica por sí misma a su vestimenta.

Ahora último he guiado a mi mejor amigo a que se ponga cierta ropa, luego vamos a varios lugares y le tomo fotos. De a poco se ha ido soltando caleta para hacer las fotos y han funcionado la raja, parecen de moda, pero de una moda atípica. En ese sentido, si hablamos de fotos de moda yo igual soy un poco exigente. O sea, cuando se ofrecen este tipo de trabajos se pide un poco más de esteticidad; no necesariamente de cuerpo, sino más bien esteticidad de cara y de pelo, todo para hacer un book lindo y que refleje la creatividad de cada uno.

C: ¿Cómo te sueles preparar al momento de tomar fotos?

L: No me preparo mucho, de hecho, siento que soy sumamente desordenada. Como he agarrado técnicas y las he aprendido bien, aparte de haber estudiado mucho en el instituto, no necesito ordenarme tanto. De todas formas, siempre tengo cuidado con el lugar, no así como con la iluminación, porque en general ocupo poco flash. Depende mucho de la locación, y si bien a veces soy más ordenada, en general voy más a lo loco.

C: Pero funciona.

L: Pero funciona. Nunca he sentido que esté haciendo las cosas mal ni me ha afectado negativamente el ser desordenada. Como es mi manera de trabajar y ya le agarré el mote, me ha funcionado la raja.

C: De tus experiencias tomando fotos ¿cuál ha sido la que más te ha gustado?

L: En un trabajo tuvimos que hacer una exposición y se me ocurrió trabajar con los niños del INBA. Trabajé cuatro meses con ellos, y les tomé fotos con la intención de reflejar la adolescencia en sí, el que no supiesen pa’ dónde iba la micro y el que siempre estuvieran viviendo el momento. Encontraba bacán cómo vivían un día a la vez.

Mientras nos íbamos conociendo y ellos me agarraban más confianza, llegó un punto en que las fotos fueron dando una sensación real, como si el espectador estuviese ahí mirando. Además estaba ocupando un lente súper chiquitito, así que tenía que estar cerca de ellos para obtener detalle. Entonces nos hicimos amigos, la pasamos bien y nos reímos caleta. Tanto que fue terrible cuando no nos vimos más (risas). Es que prácticamente convivimos juntos, o sea, yo salía del instituto y me iba para allá todos los días, me autorizaron entrar al colegio y todo. Los chiquillos hasta me llevaron a carretear al Bustamante, cuando yo era más perna que la cresta en el colegio, no salía a ninguna parte y recién en Cuarto Medio llegué a hacer una cimarra. Fue entretenido, resultó ser la oportunidad de tener experiencias de colegio que nunca tuve en el mío.

Aprendí mucho de ellos, aparte que los chiquillos, al ser de un emblemático, se notaban distintos frente a cabros de otros colegios: eran más aterrizados, súper inteligentes y tenían un vocabulario amplio… realmente sorprendía escucharlos y ver que después de todo eran cabros chicos. Algunos eran inseguros, otros hueveaban todo el rato… Lo que más me gustó, y que por eso considero que fue la experiencia más la bacán, fue que finalmente logré capturar algo que debe ser muy difícil: la esencia de los chiquillos. Sentí que me alimenté de la experiencia.

C: O sea, al final, cumpliste con tu objetivo.

L: Completamente. De hecho, logré mucho más de lo que pensé iba a pasar. Empezó casi como un “experimento loco”, en un colegio de hombres, pero después me di cuenta de todas las cosas que van más allá de estudiar en uno, y que todo eso los convierte en cabros distintos.

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C: Ya que hablaste de que las locaciones son muy importantes para ti ¿tienes algún lugar favorito para tomar fotos?

L: La locación que vendría siendo mi favorita sería el museo que está en Manquehue, donde estuvo la exposición de Yayoi Kusama. He ido solo una vez a hacer unas fotos a un amigo y me gustó tanto el resultado… en definitiva ha sido el lugar que más me ha gustado hasta ahora. Los edificios que hay alrededor y los lugares de exposición en sí me encantaron.

En una de esas tardes medias rosadas usé el puente de los candados, porque justo ahí hay unas luces bien bonitas, y con el lente que ocupo que es bien luminoso, no necesité ocupar otras luces ni flash. Se ve súper lindo, me gustó mucho la sensación que da. Pega bien para varias de las fotos que me gustan, y además me acompañó mucho el día.

C: En cuanto al lugar, por lo que entendí, te gusta mucho relacionarlo a la arquitectura.

L: Sí, de cierta manera sí, me gusta mucho lo urbano. No he probado hacer fotos en un campo, por ejemplo, porque tampoco he encontrado ropa para hacer una sesión ahí. Ojalá me vaya luego a la playa este verano para intentar con shorts y guayabera (risas). Lo divertido es que voy con muchos amigos y aun así no tomo esas fotos de “¡Chiquillos, pónganse todos!”. Me gusta pillarlos en momentos espontáneos, jugando entre ellos, por ejemplo. Y siempre preocupándome de que les llegue una luz bonita y que también el encuadre sea bonito. Después veo las fotos y me siento súper orgullosa porque parecen sacadas de una película (risas). Me gusta darles esas sensaciones.

Cuando se trata del trabajo en sí, me gusta moverme en la ciudad, prestándole atención a la arquitectura, porque me gusta la moda urbana. Pero sí me gustaría probar retratos en lugares más abiertos y con más vegetación.

C: La arquitectura, entonces, la ves en relación a la gente.

L: Claro, mucho. Me preocupo de que la ropa que tengan esté relacionada con el lugar donde están, o que también se salga mucho del lugar. Por ejemplo, si es un lugar muy gris, que la ropa sea muy colorinche, o dependiendo del fondo, que se mimetice también. Esos son como los dos extremos que suelo escoger. Y eso es porque se dan las ocasiones, a veces veo un lugar y digo “No, aquí necesito un hueón que esté vestido igual que este lugar”, porque sabes que va a funcionar bien. Así como también veo lugares cuáticos y digo “No, acá necesito un quiebre” y voy y pongo a un hueón lleno de colores o con algo bien llamativo.

Soy bien fijada en la estética, paletas de colores, encuadres bonitos… soy hasta como cuadrada para esas cosas, siento que ahí se me nota lo maniática (risas).

C: ¿Hay algún artista que te haya influenciado o inspirado de alguna forma? No que se trate necesariamente de un fotógrafo.

L: Pucha, Yayoi Kusama. Me gusta mucho su estilo tanto en fotografía como en pintura. Es súper maniática y la encuentro muy llamativa. De hecho, cuando supe que venía la exposición me quería morir, quedé súper impactada.

Araki, también. Araki es un fotógrafo japonés que hace fotos sumamente urbanas sobre el sexo y sobre cómo funcionan los antros en Japón y la vida sexual en general que se vive allí. Lo expone de una forma súper cochina, también los contrastes del B/N que tiene son súper cuáticos. Me gusta caleta también porque las situaciones donde se dan esas fotos son muy espontáneas. Además tiene su trabajo súper delicado que es el del bondage de mujeres, a veces vestidas con trajes tradicionales japoneses. También hizo unos macros a plantas, y todas parecen vaginas. Uno de sus trabajos más lindos, según yo, es el de su esposa, que murió de cáncer. El tipo retrató todo el proceso desde que se casaron hasta que ella murió. Me pareció un libro muy precioso.

Siento que Araki puede trabajar en muchas cosas, pero siempre manteniendo su esencia, y eso lo encuentro súper llamativo. La forma en la que trabaja me inspira mucho.

También hay muchos mangakas que me inspiran, onda, todas las cochinadas que hace Maruo que estéticamente son preciosas, y los colores que ocupa también son muy lindos. En el manga La Oruga, la parte de atrás tiene un dibujo precioso que me llama muchísimo la atención, y todos sus dibujos en general son muy correctos en términos de composición.

Evangelion también, todo lo que tiene que ver con las simbologías y el orden que le entregaron a los elementos de la serie… hay tanto equilibrio en todo lo que hacen y la estética que escogieron…

C: Como que te gusta el orden, pero también las cosas fuertes.

L: Sí. Es que soy súper desordenada, entonces me gusta todo lo que es estético dentro de un desorden. Por ejemplo, Maruo nunca ha tenido una línea muy clara de lo que está contando en sus historias, pero te va impactando con imágenes. Lo mismo Araki, se desenvuelve de forma súper desordenada, pero siempre tiene claro lo que está haciendo. Y Evangelion… para qué te digo. No entendí una mierda, pero yo veía que la serie era estéticamente muy correcta.

Me gusta el trabajo bien obsesivo pero desordenado. Así también trabajo yo, porque si bien me gusta que todo sea espontáneo, al momento de mostrar mis fotos se nota que soy maniática con que quede derecho o que se vea de cierta forma. En ese sentido soy como una extremista (risas).

C: Claro, como que nuevamente juntas contrastes.

L: Yo también pensaba que eran gustos muy diferentes, pero me di cuenta de que funcionaban, es extraño.

C: Preséntame tus trabajos y cuéntame un poco de cada uno.

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L: Este trabajo lo hice en el primer semestre de tercero, donde te dejaban escoger un profesor. Eso lo encontré muy la raja, me preocupé de tener a un profesor que tiene mucha relación con esto, uno que hace puras fotos de arquitectura y de harta composición. Ocupa cámaras de gran formato, y se da la paja de estar veinte minutos mirando el lugar y ajustando todas las cosas… por eso lo escogí.

Yo estoy obsesionada a muerte con las grúas pluma y con los cables, porque son puras líneas. Al principio empecé a sacar fotos de esas mismas cosas, a contraluz y a color. Esto daba la sensación de que estaban a B/N. Cuando el profe vio estas fotos me las separó y me dijo “Aquí tienes un trabajo, y aquí tienes otro. Vas a tener que escoger”. Empecé a mirarlas bien y decidí ocupar las de contraluz. Ahí dije “Ya, vamos a hacer un trabajo más gráfico”. La idea del libro es empezar desde lo que uno más nota, por ejemplo, que hay una construcción, que hay tíos de la construcción, y está la grúa. Pero yo después quería llegar a un punto, al estar tan cerca, donde se abstrajera todo, se dejara de ver la construcción y se empezaran a notar las líneas. Quería que se transformara en algo mucho más gráfico, que parecieran dibujos. Y así empezar a crear un caos dentro de un orden. Recuerdo que ahí ya ponía las fotos sobre la mesa, montaba una sobre otra, y me di cuenta de que sí se podía tener un orden dentro de un caos.

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Este trabajo fue como mi gran orgullo. Me fue súper bien, al profe le gustó mucho… junto con otro compañero quedamos como los mejores libros de la generación. Me hizo ganar harta confianza, también, y me dieron más ganas de seguir trabajando. Ese fue mi punto culmine con la arquitectura, porque ya había trabajado con ella el semestre pasado, así que ahí me dije que debía empezar a probar con más cosas. En parte, la arquitectura implicaba que debía quedarme sola mucho tiempo, no así como con el retrato, donde hay contacto con la gente. Y había empezado a perder eso, como que llegó el punto en que me asustaba pedir retratos. Por eso decidí cerrar la etapa arquitectura, que al final terminó culminando de forma muy satisfactoria.

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Este libro es mi proyecto de título. Aquí trabajé con mucha gente, varias personas me colaboraron con ilustraciones. La historia de este proyecto empezó cuando me dije “Yo no voy a hacer algo que tenga relación con lo japonés, que es lo que más me gusta, sin antes tener bien claro todo lo que tiene que ver con técnica”. Quería que este trabajo fuera el mejor. Para mí no lo fue (risas) porque ahora que las veo no me gustan tanto, pero sí fue rico en experiencias. Después de todo lo estaba pasando la raja: estaba yendo a eventos toda la semana, me juntaba con cosplayers y podía hablar con ellos de lo que más me gustaba… fue muy entretenido, no sentía nunca que estaba trabajando, porque era algo que me encantaba.

Me fue súper bien. Como proyecto propiamente tal, tuve que presentar una tesis que desarrollé en torno a Latinoamérica y estas modas que han ido agarrando vuelo, aún cuando provienen de muy lejos y de una cultura completamente diferente a la nuestra. Empecé a abarcar este asunto desde una perspectiva súper seria, desde la psicología. Fue súper entretenido entender los porqués, o sea, yo soy otaku y ñoña porque me nació un día y de ahí no paré más. O sea, nunca me cuestioné por qué me dio con los monos chinos y por qué no con los cómics, por ejemplo. Fue interesante plantearme respuestas ya después de diez años que empecé con esto.

No conocía a casi ninguna de las personas con quienes conversé para mi proyecto. Así que las contactaba por Facebook, y sin preguntarme demasiado me recibían en sus casas. Eso me sorprendía caleta, yo solo les contaba más o menos lo que quería hacer y ellos me recibían. Les tomaba fotos, conversaba con ellos, les preguntaba ciertas cosas y trataba de sacar el rollo al respecto para poder saber y empezar a ponerlo dentro de la tesis.

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C: ¿Como para contextualizar las fotos?

L: Claro, para poder saber a dónde iba esto. Finalmente me hice amigos de muchos de ellos, y muchos de los cosplayer ahora reconocen mi trabajo porque saben que hice un libro. Y lo lancé para una Harajuku Fashion Walk de Halloween, entonces fue mucha gente y vieron mi libro, me preguntaban si lo vendía… y me di cuenta de que el trabajo gustó. Y justamente yo quería que fuese dirigido a las personas que participan de esto; pero a su vez, como igual la circunstancia en la que estábamos era bastante llamativa, llegó gente que no formaba parte. Y ese era el otro grupo de gente a quienes dirigí el libro, a aquellos que no conocen de esto… a ese grupo que queda como perplejo cuando ve a una lolita o que cree que todos nosotros estamos vestidos de locos.

C: O sea, quisiste que funcionara como una puerta hacia este mundo que la gente no cacha.

L: Claro. Eso era lo que quería que pasara.

Igual lo he pensado, he hecho más fotos y he ido a casas de otras personas con otro lente, otra iluminación, y como que he logrado muchas mejores fotos de esto… pero estoy pensando en cómo desarrollarlo para llegar un punto en que logre sacar el libro y que se venda. Esa era mi intención principal, pero como ahora veo las fotos y no me dejan contenta, ahora me digo “ya, voy a hacer todo esto de nuevo”.

Entonces ahora tengo más material, he trabajado con otros cosplayer en sesiones particulares y todo se ve mejor trabajado. Se nota que aprendí más cosas y que tengo más técnica. O sea, comparo las fotos y las de ahora realmente me gustan, y eso que soy muy exigente conmigo misma. Trato de que cuando entrego un trabajo esté muy bien hecho y muy pulcro.

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No sé si es porque a la gente le falta mucha cultura de la fotografía, pero en general no saben lo que hay detrás de una foto. Varias veces me han dicho que es como solamente apretar un botón… o sea, yo no estuve estudiando cuatro años solo para apretar un botón. Estudié mucho, y hay trabajo detrás de eso. Entonces, por ejemplo, mi sesión más básica cuesta treinta lucas y son como entre cien y doscientas tomas en el lugar. Después escojo las mejores, las edito y entrego quince. Y a la gente como que le parece terrible pagar treinta lucas por quince fotos. No les puedo entregar cien fotos, porque tengo bien claro que de ahí solo quince serán buenas y el resto pura challa. Y a mí no me gusta mostrar challa. Para mí, entregar quince es un número justo para que no se vicie. Porque de otra forma entregaría lo mismo muchas veces.

C: ¿Qué proyectos o ideas tienes a futuro para tus trabajos?

L: Bueno, en realidad siempre estoy haciendo algo. Ahora estoy trabajando de cierta manera acompañada de los chiquillos de Camera Corp. en lo que respecta principalmente a cosplay. Si bien son ellos los que organizan todo, a veces hacen sesiones masivas y yo me consigo un par de cosplayers y ahí participó haciendo fotos. Somos una comunidad donde podemos hacer varias cosas juntos, pero cada uno va por separado. Nos conseguimos ciertos lugares y ciertos cosplayers, o vamos a eventos e improvisamos un estudio. Al final es como una comunidad hecha para poder tener el apoyo de otras personas, material y todo el tema, además de hacernos publicidad entre nosotros.

Por otro lado, estoy trabajando aquí con el Ian (amigo). Hacemos muchas fotos de él de estilo similar a la moda. Eso es lo que me está interesando más o menos ahora, y hemos sacado súper buenas fotos, han quedado buenas. La idea es tratar de presentarlas en tiendas de Instagram donde venden ropa, por ejemplo, y piden modelos. Nosotros empezamos a tirar fotos, mostrando lo que tenemos que ofrecer, y todo netamente para publicidad. Tengo entendido que igual pagan, pero a mí me interesa más para publicitar mi trabajo, que la gente lo conozca y lo vea, para mi eso es lo principal.

También quiero empezar a mover de nuevo el proyecto del libro, pero me lo voy a tomar con calma porque no veo por qué apurarme, porque sé que igual va a salir de alguna u otra manera. Yo creo que esas son las aspiraciones que tengo ahora. No sé si me gustaría trabajar netamente en lo que es fotografía. A mí me gusta más el tema freelance, hacer sesiones, pero no así como tener una pega de fotografía, porque siento que no hay un área aquí en Chile que me vaya a llenar por completo. Siento que en la publicidad uno puede ofrecer ciertas cosas, pero siempre va a haber una persona que igual va a influir mucho en tu trabajo. La prensa…soy un cero a la izquierda, porque no corro, no hago nada (soy como bien floja) entonces, estar persiguiendo a alguien, estar yendo de un lado a otro, no me interesa mucho. Documental me llama la atención, pero no hay como trabajar de eso. La moda alternativa, si bien está siendo más conocida, es medio apitutado el círculo. Yo sé que mi estilo es bien diferente y no me gustaría, por ejemplo, trabajar con modelos super exclusivos, si no elegir yo a mis modelos.

Entonces, que me empiecen a poner reglas es lo que me molesta. Yo preferiría trabajar en cualquier otra cosa, que me guste obviamente, que me de plata suficiente para gestionar mis proyectos, para comprarme más materiales, y trabajar en fotografía por separado, porque yo siento que si llega una pega que no me gusta tanto, va a llegar un punto en el que lo voy a hacer por obligación y yo no estudié esto por obligación ni hago fotos por obligación. Siempre lo hago porque me gusta de verdad y trato hacer fotos de lo que a me gusta, porque ya salí del instituto, ahí hice todo obligada, porque es la manera en que uno aprende, son las cosas que tú tienes que hacer para aprenderlo, debes regirte por eso, pero yo ya salí, ya hice todo lo que tenía que hacer, entonces este es el momento de hacer lo que a mí se me antoja, no quiero que un trabajo me empiece a limitar.

Yo tengo mis propios plazos y yo le digo a la gente cuál es el plazo en que yo entrego mis trabajos porque yo sé que los voy a hacer de esa manera. Soy veloz para entregar las fotos de repente, y cuando no me gustan tanto, claro, me tomo más tiempo porque trato de encontrar la foto correcta. Yo tengo mi manera de trabajar, no me siento muy inspirada a un trabajo fotográfico más “común”. O sea, si me ofrecen un proyecto relacionado con música, por ejemplo, bacán. Igual me gusta mucho ir a conciertos de distintos tipos y hacer mis propias fotos.

Esos tipos de proyectos me gustarían, por ejemplo; proyectos relacionados con los videojuegos, proyectos relacionados con el anime, y ese tipo de proyectos son super difíciles de encontrar.

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C: O sea, todo en cosas más o menos espontaneas.

L: Claro, y todo en cosas que por lo general no son muy conocidas o no generan muchos ingresos, entonces, podría intentar trabajar y, además, hacer ese tipo de cosas, pero en ocasiones más acotadas, para no agotarme tampoco, porque eso igual implica ciertas obligaciones, pero como es un ámbito que a mí me gusta, lo pasaría la raja. Por ejemplo, la última cosa que hice fue ir a la Super Japan Expo. Yo había comprado la entrada para un día, VIP, porque estoy enamorada de Asian Kung Fu Generation y estaba super feliz y todo, pero además postulé para estar en prensa n el evento y salí seleccionada. Me emocioné, era como la hueona más feliz del mundo, y pude ir gratis el domingo, pude conocer a la banda, conocí a la Misako Aoki, tengo el autógrafo de Goto, entonces fue muy bacán, no me importaba para nada que no me pagaran con todo esto. Entré al Maid Café y conocí a las maids, que eran super lindas, entonces pensé que no me importaba que no me pagaran con dinero, porque estaba haciendo lo que más me gusta, sobre el tema que más me gusta, en el lugar que más me gusta, esa era la paga para mí. Me gustaría harto tener una pega en relación a eso, pero es como un sueño, porque no es lo que genera ingresos aquí y la gente tampoco, a veces, está dispuesta a pagar esas cosas. Yo fui porque, claro, me encantaba la idea, pero si me ofrecían lo mismo de otro lado, les decía al tiro que no, que me tenían que pagar. Fue como la oportunidad, y por eso la tomé, pero siento que en otro tipo de evento no me hubiese dado gusto, como que la “no-paga” es un desprecio al trabajo de uno. Al final igual difunden tus fotos, tienes publicidad y es un tipo de pago, pero yo ya estoy fuera del instituto, ya tengo un título, yo ya estoy para generar plata y mi trabajo no vale cero, así que ahí se me genera cierta problemática.

C: Entonces tienes el problema de que necesitas un trabajo para generar dinero y otro para llenarte el alma.

L: Sí, claro, si al final sería lo mejor que me pagaran por hacer lo que más me gusta, pero por lo general en este ámbito no se suele pagar bien. Con los cosplayers a veces pasa, pero, por ejemplo, las lolitas suelen pagar mucho más, se preocupan harto porque ellas son un producto, se compran vestidos caros, zapatos hermosos, listones preciosos, y se arreglan el pelo, se maquillan y todo. Con eso, no pueden andar teniendo fotos mal hechas, necesitan tener una foto bien trabajada porque invierten harto en ellas mismas.


Una vez me invitaron a una tea party. Debo haberles cobrado cerca de 100 lucas y ellas sin ningún problema las pagaron. Yo sabía que iba a ser un precio alto, y se los ofrecí y les expliqué todo y me dijeron “ya” al tiro. Después me preguntaron cuanto cobraba por empezar a incluir a otras personas, porque al principio, creo, el precio había quedado como en 60, pero empezaron a incluir más niñas, y yo tampoco quería subirles estratosféricamente el precio, entonces les dije “Ya, 80, 100 lucas más o menos” y aceptaron al tiro. Nadie me había dicho que sí al tiro, sin ningún “asco”.


Pero a mí me dan mucha lata los cosplayers que se dan el trabajo de hacer algo muy bien logrado, un trabajo super bueno, un maquillaje bacán y de repente van y te preguntan “Oye, ¿cuánto cobras?” y yo les digo “30 lucas por 15 fotos” y les explico todo lo que ofrezco y cómo es el proceso y casi se mueren por el precio.  Es su producto, y se tiene que ver de buena manera. Yo me preocupo mucho de que impacte el cosplay que tienen. Por ejemplo, una vez llame al Felipe, el C-pher, a quién admiro mucho por su trabajo, porque el considera su cosplay un trabajo. Él se preocupa de sus trajes, se preocupa de su maquillaje, se preocupa de todo de una manera tan cuática, que cuando yo le tomé fotos traté de que saliera de una manera impactante, y eso fue lo que logré. Finalmente a mí me gustaron mucho esas fotos, porque realmente se nota el trabajo de él. Elegí un lugar bacán, que pegara con su cosplay. Esa es la hueá que pasa mucho. Yo veo fotos de cosplayers y veo que no están en un lugar relacionado con el personaje, no se ve bien el traje, la persona no se ve muy agraciada, las toman de un ángulo que no corresponde, la edición es pésima. Eso me sorprende caleta, como abusan del Photoshop. Y yo pienso “Hueón, podrías gastar un poco más de plata y tener fotos buenas, para mostrar que tu trabajo es la zorra”. Porque de eso se trata, ellos son un producto, esta hueá es tal cual como la publicidad. Si tu publicidad no es buena, entonces va a parecer que tu trabajo es deficiente.

El cosplay, básicamente, se forma de un todo. De repente tienes a alguien que te hace el traje, otra persona que te ve el tema del maquillaje, la fotografía, entonces son muchas cosas que finalmente acaban en un producto, que se tiene que ver bien si eres un cosplayer. Eso es lo que más me llama la atención al respecto, que claramente me pone ahí en un problema. Como yo ya estoy cobrando, claro, para mí es un problema, porque de repente veo cosplayers y digo “Ay, por qué no lo pueden pagar”, porque podría hacerles fotos la raja, y no es como por subirme el ego ni nada, pero yo realmente ya confío en mi trabajo.

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C: ¿Algo que quieras agregar para el cierre?

L: No sé…pucha, que revisen mi trabajo (risas), que lo vean y que tengan en cuenta, en general, para todos los fotógrafos, todo lo que significa, incluido los fotógrafos amateur.

Porque claro, yo estudie porque realmente era algo que me apasionaba mucho, mucho, mucho y yo realmente quería saber muchas cosas relacionadas con la fotografía y ver su teoría y todo el tema, pero hay personas que lo toman desde otro lado, desde la práctica. Por ejemplo, muchos de los chicos de Camera Corp no han estudiado formalmente fotografía (de hecho, creo que yo soy la única), pero los cabros se esfuerzan caleta, estudian, pescan los libros, averiguan sobre la iluminación, o sea integran mucho en lo que hacen, sin necesidad de meterse en un instituto. Por lo mismo yo encuentro que el esfuerzo igual está. Yo cobro de cierta manera porque a mí me enseñaron a cobrar, porque yo tengo que tener en consideración la educación que tuve al respecto y todo lo que implica, pero eso no quiere decir que los chiquillos no puedan también cobrar o hacer sus propios presupuestos. Muchos de ellos por ética creo que no cobran, pero de todas formas la gente debería respetar su trabajo y la del fotógrafo en general porque es mucho trabajo, más de lo que la gente cree.

Ese es como un mensaje que me gustaría dar, que la gente se dé cuenta de que no es solamente apretar un botón, que es muchísimo más que eso lo que va detrás, que hay una persona detrás cranéandose como trabajar y que son trabajos que se hacen con mucho cariño, porque finalmente, es lo que te gusta. Son gente que está haciendo algo que les gusta y que no es fácil. Sacarlo para adelante es más pega todavía, por eso consideran bien el tema. Uno no cobra cierta cantidad de plata porque sea cara de raja, sino porque eso es lo que realmente vale el trabajo.

Pueden revisar su trabajo en su página de Facebook.

Charlie Vásquez

Producción musical // Colecciono cosas // A veces toco en bandas