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Chini and The Technicians: “La clave para ser genuinos es nunca hablar de qué somos”.

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LOUD aprovechó estos días para conversar con la dupla folk que la está llevando en la escena emergente musical chilensis: Chini & the technicians, formada por los artistas visuales María José (“Chini”) Ayarza y Roberto González. Qué hicieron, qué hacen y qué harán es sólo una pizca de todo lo que nos contaron en esta nutritiva entrevista que incluye trenzas, performance y un fuerte hálito de juventud.

Por: Amparo Saona R.

Fotos: Lorna Remmele

Amparo: Háblenme de su performance

Chini: ¿a qué te refieres con nuestra performance?

A.: Dada su formación en las artes visuales, que yo creo que inevitablemente hay algo de eso, y luego… su forma de cantar las canciones, veo, y hay una intención de comunicar algo. Eso los hace performar sus canciones, ¿no?

Chini: Aaah, sí. Yo creo que se divide en dos cosas: la primera es algo meramente visual. Como artistas, entendemos que el cómo nos presentemos, incidirá en lo que se lea de nosotros y en lo que queremos proyectar (si es que queremos proyectar algo). Yo creo que tiene que ver con algo lúdico: nos gusta disfrazarnos, los dos trabajamos en el medio audiovisual y nos gusta jugar con eso, también en vivo estamos siempre cambiandonos los instrumentos para no tener un formato tan pegado. Además de eso, buscamos lograr comunicar las letras, porque somos una banda que se preocupa por lo irreverente y lo irónico, y creemos que eso sólo se puede entender a través de la interpretación, dicción, etc.

A.: ¿Y esa ironía e irreverencia contra qué va?

Chini: Depende. Algunas canciones tienen una cualidad de rebelión contra el sexismo, otras son una rebelión más “hacia el formato canción”, los lugares comunes en las letras o a cómo debería sonar una banda. Por ejemplo, no usamos batería, sino bombo leguero. Quizás no preguntan demasiado por qué no tocamos con batería…

Roberto: Eso, pensando en las referencias a las cuales aludimos. Porque tampoco es algo notoriamente rebelde, sino que es por el estilo dentro del que estamos insertos.

Chini: claro, pero nunca nos vamos a obligar a hacer algo que no tenga que ver ni con nosotros, ni con nuestras capacidades. Tomamos lo que tenemos y vemos cómo potenciarlo. Por ejemplo: a veces sólo somos los dos, una guitarra y voz: “pero bueno, veamos qué pasa si dejamos la voz a capella en momentos de la letra que sean más vulnerables. O qué pasa si de repente grito, o canto bajito mientras tú (a Roberto) subes tal riff”, etc. Ir probando intensidades… Hay un trabajo con las intensidades en la interpretación que nos permite estar más concentrados y proyectar hacia el público algo más específico.

A.: ¿Cuáles son sus referentes?

Chini: musicales, yo creo que el trabajo con el loop –que es algo que tuvimos muy presente cuando solo éramos los dos, ahora somos cuatro- T.u.N.e.Y.a.R.d.S; su cantante trabaja con muchas capas de voces y muchas baterías simples, además del ukelele, entonces es un referente que calza con nosotros por partida triple.

A: es algo como minimal…

Chini: claro, en mi caso me cala más porque me es más sencillo trabajar por capas de guitarra y voz. O la suma de partes extrañas que, a partir de su resultado, genera canciones no tan típicas.

Rob.: a mí me suena la PJ Harvey igual…con ciertos riffs

Chini: sí, con ciertos riffs, y también con trabajar la intensidad de su voz. Muy bajito y de repente va subiendo, hasta que termina gritando. También tenemos gustos en común, pero que no sabemos si se logran traducir en lo que hacemos, porque son algo más general, como The waves o Vivian girls. Tienen varias capas de voces, harto reverb…

Rob.: encuentro que los Dirty projectors también son una referencia, porque ellos combinan harto canciones que a veces son guitarra-piano-voz y, a veces, meten percusiones, sonidos raros…

Chini: y usan la voz como un instrumento totalmente, en todo el sentido de la palabra. Arman cánones que pasan por distintos tonos, no te voy a decir que son dodecafónicos, pero hacen cosas bien locas con elementos súper simples. La canción “Beautiful mother” es un bello ejemplo de eso.

A.: Esa factura musical que ustedes observan en estos referentes es bien concreta, ¿no? ¿Qué es primero para ustedes: lo concreto que deriva en inspiración o la identidad de artista visual que se antepone a la elección de referentes?

Chini: viene de una escucha total y de, después, poder decir: “esto me gusta”. Algo mucho más instintivo… Nosotros ahora, después de haber hilado fino, nos damos cuenta de qué tenemos en común con eso que nos gustó; pero en el momento nos dedicamos a disfrutar, a apreciar texturas, intensidad y calidad de las letras si las hay. Por eso (por lo menos en mi caso) me gusta desde el noise hasta la música clásica, pero una o dos canciones por autor, siempre ahí con la pinza personal.

A.: ¿Por qué son tan importantes las letras para ustedes?

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Rob.: Son importantes, porque significan darle un sentido al trabajo; y está muy a flor de piel los intereses de la Chini, que es principalmente desde ahí de donde provienen nuestras temáticas. Son letras súper contingentes y que están en constante discusión por parte nuestra, ¿cachai? Temas que están ahí todo el tiempo, como la reivindicación de la mujer, por ejemplo.

Chini: tiene que ver con una capacidad de poder decir: “me gustaría hablar de tal y tal cosa, pero no sé cómo”. Yo creo que mi inhabilidad de expresar ciertas cosas en mi vida cotidiana brota a través de la música, porque por lo general, en mi vida soy más bien brutanteque, pareciera que no soy una persona de muchas capas (y de hecho no me siento así la mayoría del tiempo), pero en la música puedo desarrollarlas y mostrarlas al Roberto y, a partir de eso, él me dice: “esto es muy válido”, y así yo puedo proyectarlo hacia afuera.

Roberto: Igual, nace de una necesidad más íntima que algo como “hacer música por hacer”.

Chini: se combina lo divertido de hacer música –que es algo que proviene de los dos- con una urgencia más profunda por comunicar ciertos mensajes vinculados con creencias muy íntimas, que a la vez probablemente Roberto comparte, por algo somos amigos.

A.: eso es bacán, porque proyecta una preocupación política que, muchas veces, es rechazada por el público, en especial el joven. Y yo veo que en su trabajo esa preocupación se aborda desde un lado sensible, artístico…

Chini: o más humorístico…

A.: …claro, también. Porque la performance de ustedes igual contiene humor…

Chini: Yo creo que no es que me haya desencantado, sino que a partir del rechazo desde el potencial público, creo que quienes no quieren entender lo que pasa, nunca lo van a entender. En cambio, las personas que sí quieren entenderlo, están abiertas a encontrar nuevas maneras de abordarlo. Es decir, reformular los canales de comunicación. Decir las cosas que son políticamente correctas o aquellas en las que uno cree fervientemente de la manera más directa posible no sé si tiene el mismo impacto que tuvo antes, cuando había causas más fuertes que las que existen actualmente y formatos como la canción protesta que eran irrefutablemente necesarios. La música constantemente se está rebelando contra sus propios paradigmas de vinculación, lo cual es muy necesario si se piensa que el sonido no puede comunicar nada más que a sí mismo (sobre todo en las canciones o partes sin letra), y al igual que el arte depende de lo que cada persona sienta al relacionarse con él. En el caso del humor, a veces siento necesario vincular lo más terrible con lo más inocente, y en ese cruce nace la identificación de aquello que hemos naturalizado como gracioso y tomamos conciencia de que las puntas de los extremos generalmente se tocan.

A.: ¿Qué visión tienen ustedes de las prácticas políticas universitarias, cuando dentro de ellas se produce cierto rechazo a la multiplicidad de puntos de vista ante los sucesos?

Chini: Yo creo que nosotros somos políticos, pero de una manera que nos ayuda a entender nuestra propia cosmovisión del acontecer y nuestro propio desarrollo personal. Vivimos la política desde otro tipo de experiencias que no necesariamente coinciden con las formas tradicionales. Por ejemplo; tenemos rollos con la metafísica, el vegetarianismo o repensar políticas de género, y eso lo llevamos a nuestra vida cotidiana: de cómo, cuando uno ve una situación, determina que eso que ve no está bien, pero no necesariamente llevando un estandarte todo el tiempo de carácter confrontacional, porque eso es muy desgastante. No es que yo no sea política, sino que he aprendido a elegir mis batallas. Hay un tema de ego metido en todo aquel que toma todas y cada una de las batallas de manera personal. Mi gran herida es que no haya igualdad (en casi ningún ámbito), y lo sé e intento revertirlo en el día a día, pero no por eso voy a andar agarrándome con cada pelafustán que me intenta enseñar a usar mis propias herramientas.

Roberto: Yo siento, con el rollo del posmodernismo y la escasez de compromiso, que eso se refleja en el arte ante el hecho de que todos tienen libertad de expresión. Y eso se traduce en un acto de inclusión: todo tiene la posibilidad de liberarse, pero hay una falta de entendimiento del sentido de eso que se libera…

Chini: y un individualismo acérrimo…

R: …Claro. Para mí, es una falta de conciencia de qué es el individualismo. Prefiero entender el individualismo no como un ser dividido, ¿cachai? Creo que está emergiendo otro lenguaje que hay que empezar a entenderlo desde otro punto de vista. Por eso, la manera de hacer política ya no se ajusta a ciertas necesidades que son más viscerales por parte del colectivo. Y eso igual es caótico, pero hay que tener paciencia para darse el trabajo de ir seleccionando todo lo que emerge e ir apreciando bien. Saber a dónde uno pertenece y tratar de construir cosas nuevas.

Ch: Por ejemplo, con respecto a lo que hablábamos del arte, el otro día hablaba con un profe sobre la existencia de personas que hoy en día no tienen interés por la factura en el arte y la consideran irrelevante… eso no puede ser, porque en el arte existen cosas bien hechas, cosas contrahechas –que puede llegar a ser algo positivo si se construye bien- y cosas derechamente mal hechas. Y lo mal hecho no es ético, por ende, no puede ser bello… porque no es ético, ¿cachai? Lo que uno hace tiene que tener un sentido comunicativo para los demás y tiene que venir del cariño por uno y por los demás, no del sobreanálisis para ser superior y aislarse y hacerse el bacán todo el tiempo.

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A.: Dentro de todo este amplísimo abanico de inquietudes, ¿les ha costado encontrar sentidos en común que quieran trabajar?

R.: No… O sea, somos dos personas muy distintas y convivimos en distintos mundos, por lo que nos integramos al proyecto de formas distintas. Eso forma una relación…

Ch.: y hay tantas aristas en esa relación, más allá de solo componer los temas. Viajamos juntos, carreteamos juntos, respondemos entrevistas juntos (ríe)

R.: Y en el fondo, el proyecto es abierto. No apunta hacia algo que tú digas: “la banda se va a tratar de esto, y esto es lo que vamos a trabajar”, sino que estamos construyendo a partir de algo que generó un canal y que, justamente, funciona… Hace que ese canal funcione, logra comunicar. Desde ahí, estamos constantemente descubriendo.

Ch.: Yo creo que la clave para ser genuinos es nunca hablar de qué somos. Sólo hacer, y hacer, y probar…y llegar a consensos.

R.: Eso es bonito, porque ahí uno empieza a entender qué es lo que está naciendo y cómo eso nos define en cuanto a nuestro trabajo.

A.: Es muy llamativo encontrar dos jóvenes que se juntan y hacen canciones que cargan con un mensaje como: yo, joven, me inserto en esta sociedad, pero no desde un lugar de la rebeldía furiosa, sino desde la fragilidad e inseguridad más auténticas que se pueden tener cuando se está transitando de la adolescencia a la adultez. Creo que esa fragilidad se cristaliza en su trabajo sin vergüenza.

Ch.: Sí… Es que tiene que ver con que pasada la adolescencia (si es que no seguimos en ella aún) miras hacia atrás y te das cuenta de qué procesos has llevado bien y cuáles no, e intentas integrar todo. Ya no estoy dividida entre mis contradicciones, las acepto y quiero ver adónde me llevan. Y a partir de esa autovalidación reciente, quiero generar cosas genuinas…

A.: háblenme ahora de su evolución…

R.: En la factura. El medio se ha ido afinando, tiene que ver con dónde nos estamos moviendo y cómo llegamos a la gente…

Ch.: …Incluimos a dos músicos nuevos (Sebastián Riffo en percusión y Gabriel Ardiles en bajo), lo que nos da a la vez un colchón sobre el cual nuestro dúo puede descansar e ir distribuyendo las capas musicales que se van mostrando y también elementos únicos que brillan con luz propia.

R.: Tocar con otras bandas también nos ha ayudado a entender qué hacemos nosotros. Eso facilita el componer y el crear nuevas canciones.

Ch.: Y el apoyo y la retroalimentación que tenemos con las otras bandas. Entender que, en el fondo, si quieres que te vaya bien, te tiene que importar qué está pasando en la música chilena actual: ir a las tocatas, escuchar lo que las otras bandas van sacando, etc.

A.: ¿Cómo dieron origen a Chini & the technicians?

Ch.: Estaba haciendo unas canciones y le pedí al Roberto que me apañara a una tocata a la que me habían invitado. Y después vino otra, y otra, y otra…y empezamos a juntarnos a ensayar y de ahí creamos temas juntos. De a poco, fuimos encontrando espacios comunes para crear y consolidarnos.

R.: Lo bacán es que el surgimiento del proyecto no fue bajo presión, ya que los dos salimos de Artes y hacíamos más cosas, entonces también surgió con una naturalidad que, de a poco, fue decantando en algo más maduro.

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A.: ¿Y en qué están ahora?

Ch.: Nos encontramos en preproducción para grabar nuestro LP de larga duración con el maestro de maestros: Cristián Heyne. Por mientras, planeamos grabar videoclips para las canciones “Igual” y “Cita a ciegas” de nuestro EP anterior y, en adición a eso, tendremos fechas este 17 de Marzo en Campus Oriente y el 31 en las Pasarelas de San Borja junto a Sweet Pomelo

A.: ¿Qué opinan sobre ser cool?

R.: no hay que concentrarse en esas hueás… (ríe).

Ch.: Yo tengo un pasado perno brígido, (ríe), pero es bueno, porque me hace no entender cuando la gente habla sobre eso, no buscar tanto “pertenecer” a la nueva escena y bajarle un pelo a la ansiedad que implica dedicarse a cualquiera de las artes, porque nunca sentí que perteneciera a nada. Creo que lo que más nos gusta es cuando la gente se acerca y podemos hablar con ellos sobre qué les gusta, o qué ven ellos en nuestra música y en qué se relaciona eso con lo que a ellos les gusta.

A.: ¿Lo cool es algo que distrae de la autenticidad o es algo pasajero?

Ch.: Es malo en la medida en que no es genuino. Si hacemos algo de lo que estamos orgullosos y de casualidad es cool, bacán, pero no debiese ser el eje sobre el cual uno trabaja. Creemos que lo más artesanal, infantil, ñoño o vulnerable es muchas veces más cool que algo muy premeditado o calculado.

R.: Para mí, pensar en lo ‘cool’ significa pensar en responder a un molde, al que se espera. Y uno constantemente está trabajando en eso en la propuesta estética o visual, entonces –frente a eso- nos mantenemos más bien al margen, pero siempre considerándolo.

Ch.: Más que cool, nos gusta ser pulcros. Suena nerd, pero es saber cómo mostrar la versión más genuina de uno en relación con lo que estamos haciendo.

A.: ¿Qué onda con el feminismo en tu trabajo, Chini?

Ch.: Creo que más que intentar explicar una ideología personal, puedo hablar de ejemplos concretos que representan esa ideología como algo transversal.

Por ejemplo “Carlita”, una canción que habla de un femicidio, pero que aborda el tema de manera más bien liviana -en términos musicales- mientras se habla de un tema macabro y triste; y que –a su vez- tiene mucha concordancia con cómo lo tratan los medios. Cuando a un hombre lo matan, dice: “aparece hombre asesinado”, en cambio, cuando a una mujer la matan, dice: “se encontró cuerpo de mujer”. Nunca se establece que a ese cuerpo lo mataron, se evita constantemente la palabra “asesinato”. Entonces, trato de evidenciar esa discriminación extremando esa paradoja de hablar de algo triste a través de una música alegre.

Otro ejemplo podría ser “Anónimo”: una canción que habla de los perfiles anónimos en Internet que, a través de ese medio, se empoderan y ejercen el machismo mediante la censura a las opiniones públicas vertidas por mujeres. Trato de ironizar situaciones como esa y empoderarme yo de esa injusticia.

A.: ¿Y podemos hablar de tu performance del “Vestido del duopolio”, por favor? ¿Qué era?

Ch.: la performance del “Vestido del duopolio” nació de un problema visual muy sintético: yo estaba mirando dos carteles de elecciones presidenciales: uno de Bachelet y el otro de Evelyn Matthei, y me di cuenta que los carteles los hacía la misma empresa. Entonces, me pregunté si podría hacerlos calzar entre sí, haciendo encajar la cara de la una con la de la otra, y resultó que el tamaño era idéntico. Así fue como me hice un vestido hecho de dos caras: la mitad de la Bachelet y la mitad de la Matthei. Luego, le pedí a mi mamá que me acompañara a votar vestida con mi creación y fue allí cuando pensé ese acto como una performance que merecía ser registrada (antes era como una talla interna que me quería hacer a mi misma). Me saqué una foto, la subí y la foto se viralizó un poco. También tengo unos videos, pero aún no los subo… Lo que más hacía en la fila de la votación era hablar por teléfono muy fuerte y quejándome de que quería votar rápido. Hubo gente que me sacaba fotos y abuelitas que creían que lo que estaba haciendo era incorrecto.

Para mí era una performance un poco derrotista, porque ninguna de las dos candidatas me entusiasmaba mucho, además que a ambas las sentía muy subyugadas a sus respectivos partidos.

A.: Y es, precisamente, esa visión la que se transmite en la música que ambos trabajan como dúo, ¿no?

Ch.: Sí, pero de manera más sutil. Yo creo que de a poco vamos a explotar más esas facetas, en la medida que haya más espacios para hacerlo.

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A.: Tírense un ranking con sus películas favoritas:

Ch.: Corre Lola, corre; Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, Ghost world…

R.: The waking life, Donnie Darko…

Ch.: La princesa Kaguya, de Studio Ghibli  

R.: qué bonita es…¡Ah, The fountain!

Ch.: Fight club

R.: ¡Fight club! Tengo una que me marca… No sé si es de mis favoritas, pero me marcó mucho… una película gringa-juvenil, Empire records. Se trata de una disquería que se va a la quiebra y los locos dueños hacen un carrete y una tocata para salvarla.

Ch.: a mí me marcó mucho una que se llama Who knows about the persian cats: se trata de lo mucho que cuesta hacer música en Irán. Es decir, si hay alguien aquí que se queja de cómo está el panorama musical, que vea esa película: ensayan a escondidas y hacen tocatas a riesgo de morir. Además; tiene un formato muy novedoso, que es el de documental mezclado con ficción, como Naomi Campell, documental en el que tuve la oportunidad de trabajar. Todas las bandas son reales, presentadas en los lugares donde más ensayan, pero se hila como una historia a través de tres personajes principales. Lo más lindo de la película es que muestran una banda por género (hay una metalera, una que suena como los Artic monkeys, otra de unos viejos blueseros y los protagonistas pertenecen a un dúo hombre-mujer de indie, ejem ejem) y, a pesar de sus diferencias, todos se hacen amigos y escuchan la música del otro. En el festival Woodstaco sentí algo parecido: fuimos de un escenario a otro después de tocar y los públicos se mezclaban, vi metaleros bailando trance o escuchando atentamente música indie y fue hermoso.

*Agradecimientos a: Lorna Remmele y su grandiosa cámara, que en un día de lluvia sacó las fotos más bacanes.

Equipo LOUD.cl

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