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Planeta No – Odio (2015)

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Entre los cantos de cisne, que ligados al Noise y Shoegaze aparecieron este año en estas tierras, y los siempre buenos ejemplares que van renovando la escena nacional, un nombre sobresale, tanto por su ambición, como por su estética. Si bien, Chile nunca ha sido un país de grandes referentes ligados al Pop, existen ciertos casos en los que han aparecido verdaderas cumbres generacionales, las cuales y a su manera, le han dado un aire de frescura a los sonidos más acostumbrados que por estos lados se generan. Allí está el caso de Teleradio Donoso, mucho más cercano al Dance y el Rock, o Supernova, quienes surgieron en tiempos de boy/girlbands, destacando por sobre todos los demás grupos de sonido similar. Hoy, después de años, aparece Odio de Planeta No, un álbum que si bien venía precedido por el gran Ep Matucana, ha logrado trascender del común, encumbrandose como uno de los buenos nombres que ha dejado la música este año.

Ensamblando entre los habituales caprichos adolescentes, y una encrucijada de sonidos Pop con cuidados detalles en base a la guitarra, Odio de Planeta No (compuesto por Gonzalo García en voz y guitarra, Camilo Molina en bajo y Juan Pablo Garín en batería) remece desde un comienzo con la efervescencia de Odio, canción que da nombre al disco y que se sitúa dentro los potenciales clásicos que ofrece la banda en este álbum. Un comienzo cálido antes de que aparezca Sol a Sol, el que quizás es el tema más conocido de la banda. Tiene de todo, desde una fuerte simpatía con el típico single radial, hasta la naturalidad con que se mueven esos hits que funcionan tanto en la pista de baile, como en la micro; hasta para cantar en la ducha. Punto aparte es el videoclip, el cual condensa dentro de la canción, toda una puesta en escena ligada a la cultura Japonesa más freak, por así decirlo.

Así transcurre el álbum, a la vez que Ami, el niño de las estrellas descansa dentro de una melódica y pegadiza fantasía Pop, la cual alcanza altas cuotas de luminosidad en el coro, mientras que El Campo, acaricia los sonidos más oscuros que puede ofrecer este álbum. Dejando de lado la apuesta más personal, Maricon Zara trae de vuelta esos guiños de adolescencia de liceo, sonando movida y punzante, totalmente opuesta a 64, enfrascada dentro de una visión espacialmente ambiental, la cual evoluciona hacía una de las partes más atrapantes del disco. Un tema que remata con una frase absolutamente compenetrada con el lado más existencialista de Odio. Del “Vivir sólo es morir lentamente” de 64, pasamos a Ser y deshacer, mucho más profunda e introvertida, emparentada levemente con El Campo, resalta la buena sección rítmica utilizada en este trabajo.

Uno tras otro siguen esos himnos con vocación juvenil, sumergidos en felicidad, descubrimiento, excesos y depresión. El sabor a reflexión lo toma El camino natural, mucho más rutinaria dentro del espectro general del álbum, camina en dirección a otro de los puntos altos de Odio. Vacaciones de invierno es una postal borrosa pero objetiva, la cual nos sumerge dentro de un sinfín de memorias teñidas con cortes y precisos flashback, los cuales parecen haber sido sacados de una cámara super 8. Finalmente, Zapatillas con luces de color nos da una última probada de esa melancolía Pop totalmente necesaria en tiempos, en que la información vuela y los recuerdos parecen estar sujetos a una nube digital. Un álbum que perfectamente puede moldear de ánimos, la habitación de cualquier ser con un poco de sensibilidad generacional. Un canto juvenil, repleto de grandes canciones, el cual suena refinado y a la vez, extravagante; o mejor dicho “distinto”. Odio de Planeta No cuenta con todo el potencial, para transformarse en ese disco que siempre recordarás cuando tenías entre 14 y 17 años.

Felipe Martinez

Adicto al café, a la coca cola y al trabajo sin contrato