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Oneohtrix Point Never – Garden of Delete (2015)

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Daniel Lopatin, nombre de la persona tras el moniker Oneohtrix Point Never, no es alguien desconocido para la comunidad musical mundial. Precursor del vaporwave a través de una serie de mixtapes de eccojams, lanzadas bajo su otro pseudónimo Chuck Person, posteriormente fue metiéndose cada vez más en la manipulación sonora de loops, sin dejar de lado su sensibilidad por los sintetizadores. Sin embargo, esta era una sensibilidad indisciplinada, y Lopatin, una bestia indómita; de testigo queda su poco ortodoxa forma de componer y producir su música, registrados en abstractos y etéreos discos como R Plus Seven (2013), Returnal (2010) y Replica (2011), piezas con las cuales logró firmar un contrato discográfico con el coloso británico Warp Records.

El nuevo disco de Oneohtrix Point Never, Garden of Delete, se nutre de otras fuentes. Por una parte, la influencia de un sonido mucho más duro, industrial y violento se hace patente en el relato de GoD como un todo, y es que no es para menos. Durante el 2014, Nine Inch Nails se preparaban para salir de gira por los Estados Unidos junto a Soundgarden y Death Grips para promocionar su disco Hesitation Marks. Nadie vio venir la separación de Death Grips, lo que empujó a Trent Reznor a escoger a Lopatin para hacer el tour. Este acercamiento de primera mano a sonidos industriales y más rockeros conllevaron una tremenda introspección y regresión por parte de Lopatin, canalizándola en el nuevo material que luego se convertiría en el Garden of Delete. Es ahí, donde surge la otra parte de las influencias de Lopatin para grabar este disco: su propia pubertad. Viniendo de una familia de inmigrantes soviéticos profesionales de la música, (padre musicólogo, madre pianista y programadora), Lopatin siempre quiso formar parte de una banda durante sus años de secundaria, algo que le tomó tiempo desechar al darse cuenta que era demasiado ñoño para ser miembro de una banda de rock, así empezar a relacionarse más con las computadoras y con música como el free jazz.

Con estas dos influencias principales, Lopatin fue capaz de crear un relato coherente, no sólo dentro del disco como un todo, sino que también mediante las tácticas de promoción del mismo, contando una críptica historia acerca de una banda ficticia llamada Kaoss Edge, su fan nº1, un alienígena camuflado de adolescente llamado Ezra, que empezó a merodear el estudio de Lopatin, páginas de internet de geocities, posts en blogspot que datan del año 1998, un paper de la psicoanalista Julia Kristeva y un pendrive enviado por Ezra a través de FedEx con archivos MIDI que posteriormente serían parte de Garden of Delete.

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Garden of Delete, en su integridad, mantiene el sello personal de Oneohtrix Point Never, desarrollando un sonido ambiental, atmosférico, pero abstracto por sobre todo. No obstante, es tremendamente melódico, demostrando el gran bagaje musical de Lopatin a la hora de contar historias con la música. En él hay contrapuntos muy bien trabajados, melodías discernibles, marcadas, concretas y con timbres muy claros, desarrollando el devenir del disco de manera muy armónica, por muy caótico y glitch que se torna el panorama. De esa forma, a su vez, Lopatin hace un disco tremendamente autoconsciente en torno a los beats, sabiéndose falente en ciertas ocasiones pero compensando inmediatamente a través de la agresión, porque de eso se trata este disco: de reinterpretar la violencia y la agresión, algo tan propio de lo temperamental que se puede ser en una etapa como la pubertad o la adolescencia, pero sin un espíritu nostálgico detrás. Porque eso es lo que, precisamente, forja la identidad en una época como esa, y la pregunta por la identidad es la que se hace un disco como Garden of Delete, donde lo diluible de ésta se hace patente en abstractos sintetizadores y etéreas atmósferas, pero también en potentes guitarras procesadas, vocaloids japoneses tipo-Hatsune Miku, potentes y oscuros bajos; elementos que juegan entre la hiperactividad y la depresión, pero de forma provocativa, potente.

En ese sentido, la historia que cuenta Garden of Delete y el disco mismo se hacen conscientes, a su vez, de lo relevante que es hacerse esa pregunta en un mundo como el nuestro: insensible, grotesco, abúlico, indeciso y salvaje. Esas características dificultan un contacto con un mundo como éste, sin saber si acercarse a él con ternura, apertura y comprensión, (de esta manera se expresa en canciones como Child of Rage), depresión e insensibilidad, (como, por ejemplo, en Ezra) o ira y ataque, (como en Sticky Drama).

Así y todo, es este mundo el que nos ataca, y se lleva lo mejor que hay en nosotros. Nuestra reacción frente a eso, particularmente a la fascinación de ver lo nuestro así de cerca y de fuera de nuestros cuerpos, es de lo que se trata Garden of Delete: la fascinación frente a lo grotesco de lo propio.

Diego Herrera

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