Morrissey en Chile @ 11 de Noviembre, Movistar Arena: Recuperando el tiempo perdido

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Fotos de Ignacio Galvez

Pocos son los conciertos que dejan resacas tan grandes en estos tiempos, siendo temas tocados una y otra vez en el transcurso de los días. Si bien han pasado solo unas horas desde que Morrissey descargó su artillería de clásicos en un repleto Movistar Arena, se perfila perfectamente como un claro ejemplo de ser uno de los shows más comentados del año. Sea bueno, fome o regular, todo lo que hace el Británico genera una importante reacción y opinión obligada, lo que en definitiva termina por alzarlo aún más en ese particular trono que ha sabido sostener por más de tres décadas, y claro, ésta no fue la excepción. Aunque el mal sabor que nos dejó con sus cancelaciones el año 2013 todavía se hacía sentir, tal era la euforia por recuperar el tiempo perdido que su público, devoto hasta las últimas consecuencias, navegaba en un mar de ansiedades tremendo; como si fuese la primera vez.

Luego de media hora de variados videos (sí, media hora) en el que desfilaron nombres como Ramones, Ike & Tina Turner y los clásicos New York Dolls, la paciencia comenzaba a agotarse para cierto público, que irrumpía con abucheos, los cuales no hacían otra cosa más que expresar las ansias a alto volumen por ver al artista. Hacía solo unos meses atrás que Johnny Marr había estado a unos cuantos metros de distancia, tocando en la Cúpula del Parque O’higgins; ahora lo hacía Morrissey, quien despachó ese clásico inmediato que apareció luego del quiebre de The Smiths llamado Suedehead. Precisamente veníamos a ver a esa leyenda conflictiva que alcanzó el estatus de estrella con ese monumental registro de 1988 llamado Viva Hate. El Británico en escena y la muerte del concierto de Rock & Roll se apoderó cuando gran parte del público (casi la mitad) tomó sus celulares de última tecnología para registrar el momento. Alma Matters no hizo más que aumentar la obsesión por captar esos registros que nadie en el mundo quiere ver, solo quienes lo grabaron. ¿Libertad personal? Nada importaba, pues Morrissey desprendía un aura exorbitante que lo mostraba en plena forma.

Orgasmo monumental o Fan service, la cosa es que luego de esa dupla soñada con Suedehead y Alma Matters, apareció la gran sorpresa de la noche, y por qué no, el regreso (y triunfo) del concierto de Rock & Roll. Morrissey hizo honor a su corazón Punk y lanzó como una bomba This Charming Man. Una versión cruda que no muchos reconocieron hasta que Mozz pronunciase las primeras palabras, momento en el que todo se volvió un caos controlado. Speedway mostró lo bien que suena la banda que acompaña al Británico (y lo bueno que es Vauxhall and I) al igual que Ganglord, la cual rozó la perfección, más allá de los videos de abuso policial que se vieron proyectados atrás, los cuales generaron un amargo (pero necesario) impacto en varios espectadores.

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Si bien los clásicos caian y caian, el verdadero motivo de la visita debía justificarse. World Peace Is None of Your Business abrió esa ronda dedicada al álbum nuevo, el cual integraba de alguna manera sonidos más universales, a la compacta y probada categoría que alcanzaron las composiciones del ex-Smiths con su “nuevo” comienzo de mediados de la década pasada. Así pasaron de una tirada temas como Kiss Me A Lot, uno de los singles más populares de su último registro discográfico, I’m Throwing My Arms Around Paris del Years of Refusal de 2009 y Earth Is the Loneliest Planet, que removió nuevamente el piso del lugar. Precisamente es aquí cuando se da uno de los momentos más recordados y comentados de la noche, en el que Mozz señala el nulo interés que existe por parte de las discográficas en Inglaterra y Estados Unidos por ficharlo, por lo que se mudaría a Chile. Vaya uno a saber si esto es verdad, quizás después lo veamos tocando con Ases Falsos y Gepe (mal sueño).

Continuando con las sorpresas, Morrissey sacó a relucir su fascinación por la cultura Pop de los años 50 y 60 con un cover de Elvis Presley llamado You’ll Be Gone, el cual dejó preparado el camino para que se cayera el techo con una sobrecargada interpretación de How Soon Is Now? Es en estos momentos en los que uno entiende lo importante que fueron The Smiths. Si bien Mozz tiene la voz y el carisma, las guitarras nunca sonarán tan bien como con Johnny Marr, quien nos regaló meses antes, una versión genial de este clásico. Las luces fueron otro factor importante casi al final del tema, generando uno de los momentos más atrapantes del show. Era el momento perfecto para First of the Gang to Die, la cual careció de toda la potencia habitual de este registro, pero que de todas formas hizo corear a todos en el lugar. La siguió Oboe Concerto y The Bullfighter Dies, ambas de su nueva placa, siendo esta última el elemento inflamable necesario para que hiciese su aparición Meat Is Murder. A oscuras, con una escasa presencia por parte de los músicos (excepto Morrissey), la legendaria canción de los Smiths generó uno de los momentos de mayor impacto. El Británico se movía por el escenario, encargándose de presidir la brutal muestra de videos que no hacía otra cosa más que mostrar el trasfondo macabro, tras la industria alimentaria de los productos animales. “La carne es asesinato ¿Cuál es tu excusa?” fue el mensaje escogido para no dejar a nadie indiferente.

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Los últimos momentos fueron un regalo tras otro, partiendo por Will Never Marry, la cual inundó de emoción a los fanáticos más acérrimos del artista, a la vez que I Will See You In Far-Off Places reiteró la excelente calidad que tienen los temas del álbum Ringleader of the Tormentors. Pero si hubo una joya que brillará mucho más que las otras, fue Jack The Ripper, interpretada por primera vez desde el año 2008, generando ovación absoluta por parte del público. De los hits más fuertes de Morrissey, Everyday Is Like Sunday fue la que al parecer mejor se escuchó. Siendo coreada desde cada rincón del recinto, la canción resaltó nuevamente las grandes cualidades que tiene el Inglés como maestro de ceremonia, siendo un pilar para que los mismos músicos desenvolvieron sus mejores tácticas sonoras.

Luego de una pequeña ausencia, los miembros de la banda volvieron liderados por Mozz, el cual sacó a relucir su eterna juventud con What She Said, otra gran oda a los Smiths que se escuchó tan revoltosa como enérgica. Los ánimos se encendieron rápidamente, pero todo se esfumó cuando los músicos nuevamente abandonaron el escenario, esta vez sin volver. Morrissey se había retirado, a su manera, calentandonos la sopa sin regalarnos otra de sus joyas, que tan bien han resistido el paso de los años. Actitud Punk para un final que lamentablemente no tuvo otra canción, pero que en definitiva, resaltó los aspectos más notables de una entidad repleta de melodramas novelescos y ácidos comentarios morales. Siempre fue Morrissey siendo él mismo, aquel personaje que puede enamorarte y romperte el corazón en tan solo dos versos. Habrá que esperar lo del sábado, pues si bien el concierto estuvo cargado de grandes momentos, nos quedamos con gusto a poco, o más bien con ganas de más.