El Diario de Eva era la sensación más cercana de ver los Gremlins o de palpar un pokédex

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Siempre dicen que la juventud tiene las ideas más frescas y la capacidad de  manejar un empoderamiento que permita cambiar los paradigmas de entretenimiento que nuestra generaciones mayores no tienen desarrolladas. No queríamos más jóvenes bailando axe, reggaeton y la Yincana durante la tarde, con tipos preocupados más de su cuerpo que de su inteligencia y que iban a realizar notas a la piscina, al Buin Zoo o someterse a sensaciones extremas del tipo “Tirarse en benji” o meter las manos en una caja con puras cosas creepys mientras tenían los ojos vendados.

Estaba la gente Normcore (o normalmente fome) que consumía este tipo de programas y realmente no necesitaban llamar la atención con ropa extrafalaria. Y claro, mucha tribu alternativa estaba fuera del margen de esta parilla de entretención, encerrados en la casa con sus discos de Malice Mizer, L’arc en  Ciel, Bring me The Horizon, Ladytron, Pxndx, Shaila y toda una intención de imitar a sus ídolos de juventud. Muchos querían empaparse de masoquistas térmicos y hacer cosplayer de Lacrimosa por las calles de Ahumada, hacer la previa en el Carrera, para luego tomar en el bandejón de la Alameda y meterse a la Blondie. La cosa es que ese tipo de público empezó a mezclarse con el tipo normcore y cacharon que la mejor forma de obtener atención, rendir tributos y además poder comerte un par de minos y minas, era estar en la onda de ser parte incluida de una tribu urbana.

La era de los pokémon resultaba surrealista y del todo inclasificable. Era más fácil explicarle a tu abuela que tipo de música hace Aphex Twin o Flying Lotus, que darle razones de peso para comentarle que tal vestimenta pretendía demostrar algo. Eran químeras mezcladas entre fan del J-music, el punk-pop que te lo metían como Emo o simplemente fans del reggaeton, el ponceo y el bellaqueo, que tenían pinta de vieja pastera fea o de pavo real con gonorrea. Ni Roberro Matta ni Magritte podrían consumir este desborde de surrealismo, e inclusive, doy por pagado que Lucio Fulci y George Romero se querrían a estos locos en vez de sus zombies maquillados.

No sé si fue una época oscura, pues claro, ser absolutistas en conductas pasajeras y rodeadas en la era juvenil donde siempre te caes, te equívocas y no te duele, sería ser majadero. Probablemente muchos hayan vendido la alisadora de pelo, no usen más gel, vendieron sus chapitas, no sean amigos de Blade Zeta, de Eva Gómez, Sidharta, Eichiro, o el reformado Mente Enferma y ni porsiacaso, se junten a curarse en el Parque Forestal, en el Borja o atrás del Costanera Center. Yo sé que mataste tu fotolog, y tus amigos en carretes aún se ríen de tu corte hecho por Edward Manos de tijera pero son anécdotas, tallas y cosas de las cuales hoy recuerdas entre un revoltijo de vergüenza ajena y risa.

¿Por qué esta explicación tan banal y fuera de foco? Para estirar el concepto y poder entender la permanencia del diario de eva, pues claro, era la luz diaria para empatizar o definitivamenre reirte de aquellos personajes acusados por sus amigos, inquietos, cuestionados o realmente que necesitaban ayuda. Eva era una especie de sanadora e interpréte de las 5 dimensiones de Interstellar y podía mantenerse seria en todo el programa y echarle una mano a quien más lo necesitaba.

Recopilamos 5 videos de aquella época, directamente protagonizados por todo ese híbrido entre Gerard Way, Daddy Yankee y Gackt.

1. Amiga vuelve a ser perna 

Se entiende que el fan de la J music haya cambiado al Coreano, si en esa época todo se deducía al Oshare-rapidshare-zippyshare y todo parecía un collage arriesgado y rupturista de decoración. Un árbolito de Pascua realmente raro le recrimina a su amiga que vuelva a ser perna y deje de ser poncia. Un viaje casi psicótropico la trajo de vuelta a Santiago y la volvió una persona canchera. Mejor vean el video.

2. Mamá quiere ser hardcore

Su mamá no lo quería dejar ser yute y le prohibía ir a conciertos de La Miseria en tu rostro, Marcel Duchamp o xasuntox. Probablemente se haya hecho una cuenta en Santiago Hardcore o Chilexcore y se haya bajado escondido toda la discografía de Earth Crisis, Converge, Refused o Sub-zero. Muchos reales odiaban este tipo de cosas, incrementando una imagen negativa de los mosh como violencia radical o que la misma música solo apoyaba causas vándalicas (e inclusive satánicas)

¿Habrá sido hardcore al final? Dicen que se convirtió en pokémon y se compró unas Emérica. La mamá al final ganó.

3. Amiga acepta mi estilo

Lo de las tribus urbanas era algo de vida o muerte. Si ambos no coincidian en sus gustos, eso podía causar el fin de la amistad. Un Oshare y un punkie era cero compatibilidad en lo absoluto, así que su objetivo era cambiarle su mentalidad para poder ser amigos nuevamente y hacerle sentir que estaba equívocada. Una clase magistral de como la vergüenza ajena era alimentado por una juventud desprejuiciada.

¿Alguién baila para para actualmente?.

4. “Hermano no te hagas más tatuajes”

Estos “emos” rudos eran quienes se conversaban como “los mejores poseros de la escena”. También fueron quienes ayudaron a desvirtuar el concepto de “emo” y “screamo”, dejando a bandas tipo Mineral o Saetia en el mismo saco de Pxndx o Paramore.

Su hermano encuentra que es contraproducente tener tatuajes, y claro, quizás lo insano era tratar de pararse el pelo por 2 horas.

5. Soy pokémon ¿y qué?

Estos eran los más fáciles de identificar. Gold camera, fans de ir al Rapa, cercanos al reggaeton de la vieja escuela y tratar de hablar a lo choro. Emulaban todo una imagen entre un skater cargado al tolueno.

Su vieja no lo deja ser, así que lo acusa a todo el mundo.