LOUDClassic: Rites of Spring – End on End (1991)

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La historia de cómo surgió el apelativo emo es bien simple. Ya se encontraba bien masificado el hardcore punk en EEUU durante la primera mitad de los ’80, después de haberse separado del punk por allá por fines de los ’70; con bandas como Black Flag, Bad Brains, Dead Kennedys, y los favoritos Minor Threat. Las letras eran eminentemente una radicalización de las posturas políticas plasmadas en la primera ola del punk británico, por lo tanto estaban orientadas a una canalización de un descontento de carácter social hacia una exteriorización de esta energía en un llamado a las armas. Sin embargo, a mediados de la década de 1980, ocurrió un quiebre en esta lógica de hardcore en dos bandas del círculo hxc de la escena musical de Washington DC: Embrace, banda comandada por Ian MacKaye, y Rites of Spring, liderada por Guy Picciotto, ambos próceres del post-hardcore y padres del emo que posteriormente formarían parte de los legendarios Fugazi el año 1987 y el resto sería otra historia.

Lo que nos convoca hoy es la compilación de Rites of Spring, el clásico End on End, que recoge todo el material original creado por el cuarteto, esto es, el larga duración homónimo y el EP All Through a Life, y que según la crítica sería el primer álbum de emo, o “emotional hardcore” de la historia. Vale la pena, por lo tanto, voltear la atención a la lírica y su articulación como relato, en tanto que interactúa con un hábitat instrumental que hace de puente entre el hardcore ochentero puro y duro y lo que después se ganaría el sello personal del emo.

Al ser el primer disco de un género, se comporta de una forma políticamente correcta entendiendo su rol en el mundo, al mostrarse como un álbum de transición, habiendo elementos de continuidad y de cambio y no siendo una brusca reinvención completa. Instrumental y melódicamente no parece haber un distanciamiento demasiado grande del hardcore de la época estructuralmente, pero en el sonido sí encontramos un cierto deje personal, un sello crujiente y cálido que complementa una composición que se muestra bastante a la altura, porque si bien la distancia con el hardcore común no es mucha, Rites of Spring sabe traer algo nuevo al mundo compositivamente, con una gran influencia del hardcore melódico, haciendo de la experiencia End on End llevadera, interesante y más popular, no de gusto tan adquirido y más universal. En torno a la calidad de grabación, que roza el límite entre lo-fi y mid-fi, nos encontramos con la forma de vida surgida alrededor de esa época, el DIY, que se ve plasmada en el sonido crudo, cercano y a mano quemada forjado por RoS, y en la voz poco procesada, nada comprimida y en bruto de la mente maestra detrás del disco, el vocalista y guitarrista Guy Picciotto.

Es en las letras donde se presenta el principal elemento de cambio con respecto a la tradición musical de la banda. Rompiendo con la usanza de letras volcadas hacia el mundo exterior, a la descarga de energía, a la toma del poder o al ejercicio de ciertos derechos; en el fondo, de la importancia de la acción, se pasa a una tradición lírica-poética de la reflexión por sobre la acción, donde el mundo “interno” cobra sentido. Interno así entre comillas porque lo que se exalta en las letras de End on End no es la propia subjetividad en un ejercicio posmoderno donde la sociedad no existe, sino que su magia reside precisamente en lo contrario: son reflexiones relevantes en tanto que somos humanos sujetos e insertos a determinados contextos compartidos, por lo que lo que se discute en las letras de emo, y en este caso, en las del End on End, son atingentes a cada uno de nosotros en tanto que miembros de determinada sociedad poscapitalista presa de la alienación y de la pérdida de esa “naturaleza y valor inherentemente humano” al que apelaba Marx en el primer volumen de Das Kapital  y que refería, según lecturas posmarxistas, principalmente a las cosas importantes de la vida como lo son las emociones, los sentimientos y las valoraciones. Tal como el marxista-lacaniano Slavoj Zizek nos diría, quizá hemos intentado cambiar el mundo muy rápido y lo que debemos hacer es pensar. Pensar en los estragos que dejan en la psique los gajes de la vida mundana poscapitalista, con su desensibilización, su desdén por lo humano per se y su enaltecimiento a lo material, sus problemas reales. Eso es lo que a gritos Picciotto nos intenta conversar en End on End: alcoholismo como vía de escape, desamor, engaño, discordancia entre el mundo interno y el mundo real, todo articulado en un antipoesía desesperada e impaciente, que, dadas nuestras condiciones societales, siguen vigentes 30 años después. Gracias por tanto, End on End.