Foo Fighters – Wasting Light (2011)

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El último reporte de Foo Fighters, se engendra en una temporada donde el rock and roll a la vena, escasea. En un minuto de la vida, los leñadores dejaron de escupir y cambiaron el gruñido de las motosierras por un vaso de Vodka tónica y una portada en Lookbook. Sin ánimos de querer pasar a llevar a nadie, pero… ¿Dónde está el rock a la vena, ese crudo y protestante? A falta de potencia directa “Wasting Light”, nuevo antecedente de la banda, resulta un resurgimiento revival, fragmentado en la mira de replicar sentimiento old school. Constante en riffs crudos, una batería estridente y un arsenal fluyendo en solamente una dirección: Solo querer mover molleras al son del rock directo, como el de antaño. Once segregaciones, al mando de David Ghrol.

La raíz de generar un paraje a las guitarras noventeras, gatilló en dos karmas latentes en David Grohl: El productor Butch Vig y Nirvana. Decidió alejarse del tranquilo In Your Honor y el experimentado Echoes, Silence, Patience & Grace, discos cercanos a un período consagrativo, para conmemorar una inyección de potencia, proyectando energía a lo Led Zepellin; rápidez a lo Motorhead y ensañando al ex drummer de Nirvana, en fuente de inspiración. Uniendo estos enfoques, creó una concepción temeraria de expandir potencia.

De uno en uno, progresivamente comienza el poderío en Bridge Burning, llamando a los instrumentos a juntarse y llenar espacios; Rope demuestra experiencia, con un coro pegadizo y representando la expresión insigne de los FF, tal cual también lo desmuestra Dear Rosmery, una especie de conmemoración al grande There Is Nothing Left to Lose. El primer quiebre lo resiste White Limo, un vértigo hevy, con una voz carraspeante y un remezón sonoro, tal cual Motorhead predica; Arlandria fluye en potencia, dura como el stoner y da pie para balancearse y tranquilizarse con These Days. Tras sulfurar en espíritu nostálgico, prosigue esta fina selección con Back & Forth y A Matter of Time. Tras el viaje rítmico, las señales de vieja escuela se ensañan con Miss the missery y I Should Have Known tejiendo la intensidad y la potencia, moviéndose por un puñado de coros. El último escalón de este eslabón, recae en Walk, un resumen tranversal del disco, sirviendo de levantamiento a recogimiento del sonido. Digno para cerrar un concierto.

Si bien, posee las virtudes y las bondades de antología rockera, queda y cumple como un esperado del año. Destaca por conmemorar actitud, demostración y la sencillez de componerse de elementos básicos, que la banda siempre ha sabido ejecutar. Un resumen de 15 años, pero no un imperdible que tardó 15 años. No resulta aspiracional, apunta a la intención de querer reunirse,  con mira de escandalizar a tus vecinos, salientes de ruidos