LOUDClassic: Supersordo – Supersórdido (1992)

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La década de los ’90 para Chile fue rara. Los cambios políticos y los procesos orientados a la democracia y a repensar la sociedad chilena fueron los temas de la década, en pos de intentar reorganizar una nación atravesada por la tragedia, la violencia, el miedo, la desinformación y la incertidumbre, que reinaron por 17 años de forma institucional bajo la mano de un poder borracho y asesino. Era dejar de vivir de una forma para empezar de otra, por lo que el proceso de acostumbramiento de la vida chilena a la democracia era largo y, debido a sus características de transición institucional rápida, el beneficio de la duda y de la desconfianza de parte del pueblo chileno era grande. Mucho tiempo pasaría para que la nación tuviera la confianza de hablar en público acerca de sus ideas políticas, hacer valer su voz, organizarse de nuevo.

Enmarcado en esto, la música en dictadura vivió un proceso similar al de la política. La gran mayoría de los grandes compositores nacionales (Luis Advis, Víctor Jara y Patricio Manns, por citar algunos) y bandas asociadas a la UP o a ideas de izquierda (que encarnaban la vanguardia musical de los años ’70) fueron asolados por la persecución y el exilio, obligando a algunos grupos a optar por desechar el elemento político en sus creaciones (como los Jaivas, los Prisioneros y Congreso) y dejando a los demás artistas nacionales que se quedaron en Chile en un letargo compositivo e intelectual que significó un retroceso para la cultura nacional (en tal sentido, los Electrodomésticos, y los Pinochet Boys representan más la excepción a la regla que la regla). Por eso los años ’90 musicalmente se caracterizaron en los circuitos underground por una gran exasperación por la experimentación con ritmos que durante la borrachera militar hubiese sido riesgoso aventurarse. Supersórdido, aunque un hijo forzoso de su tiempo, muestra lo que cierto circuito musical no pudo decir nunca durante 17 años.

Como un todo, Supersórdido intenta disparar para varios frentes, y lo hace con una muy buena puntería. El metal y el hardcore durante dictadura no eran masivos ni estaban en una etapa experimental elevada, era más la excepción que la regla, incluso en los círculos underground donde se rozaba el borde de la legalidad. Es por esto también que Supersordo como agrupación nace: un grupo de músicos con calle y carrete en el rubro, ya en democracia, tienen ciertas inquietudes musicales que contextualizadamente en Chile no han sido exploradas. Los sonidos que son transversales a Supersórdido coquetean con las guitarras con harta distorsión y fuzz, tan típicas del metal un poco más alternativo, pero insertas en ritmos incendiarios, que beben de las fuentes del hardcore de la costa oeste como Black Flag, Dead Kennedys, e incluso con un cariz más radical y tremendamente stoner o sludge, con mucha influencia de The Melvins y que después daría origen a la nueva ola de sludge rock o sludge metal, con representantes como Queens of the Stone Age o incluso Mastodon.

Sin embargo, Supersordo puede pasar de desenfreno a lentitud y pesadez, como si el fluir del disco de un momento a otro pasara como un río de agua clara a uno completamente contaminado con petróleo y deshechos orgánicos. De esto se aprovechan también para hacerse cargo de influencias musicales nacionales más milenarias y espirituales, como lo son los aportes culturales mapuches, que se incorporan de forma importante en los imaginarios de las canciones y en la mística y atmósfera de ciertas canciones, donde escenarios de mapuches resistiendo en sus tierras se apoderan de los parlantes a través de voces raspadas y batallantes, como si fueran gritos de guerra; haciendo de Supersórdido un disco de hardcore tremendamente consciente en su determinación latinoamericana y, sobre todo, chilena. Es un disco hecho a mano, a mano quemada, de calidad mid-fi que traspasa y trasciende sus limitaciones técnicas gracias a su consistencia como sonoridad y como discurso, de esos destinados a pasar a la historia musical de este país por las buenas o por las malas, cuya mixtura de influencias extranjeras y nacionales / territoriales resultan en un engendro tan interesante de análisis o de simple degustación que habla a suficientes niveles como para mantener la atención del oyente.