Los mejores discos de Arctic Monkeys (De mejor a más mejor)

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Alex Turner era la ansiedad encarnada en persona. El ciudadano de  Sheffield  probó el desahogo de toda esa energía infinita que irradiaban sus conversaciones diarias, para transcribir diálogos de letras cercanas en base a sus juergas, el tipo de humor de su entorno y describir las situaciones más extrañas que le tocó vivir junto con Jamie Cook, Matt Helders y Andy Nicholson (Ya luego Nick O’Malley).

Los Monkeys dejaron en un principio un tímido legado, que se nutría de la practica diaria de un trazo bastante híbrido que concretaba proto-punk, algo de post-punk y cierto dejo de funk setentero, lo cual les daba una potencia rítmica bastante envidiable que les otorgaba manejar sus propios tiempos en forma de reloj Suizo. Su destreza por manipular la intensidad y la velocidad de ejecución en cada canción era un preponderante en sus dos primeros discos, gracias a esos quiebres álgidos y esos inicios adrenalínicos.

Myspace hizo su prueba de gracia y los reveló al mundo en una especie de Justicia Divina que cayó en su primer EP “Five Minutes with Arctic Monkeys”, dejándolo en la recepción dos perlas conocidas como “Fake Tales of San Francisco” y “From The Riz to the Rubble”; canciones incluidas en su disco debut, con la diferencia que en este EP exprimían una sensación pulcra y más lo-fi. Ya luego Itunes ayudó a la recolección y el Festival Reading & Leeds fue la prueba de fuego para comprobar de que material estaban hechos, siendo el punto de presión que  inmortalizó a la carne más sabrosa y fresca dejada en su disco debut, con resultados altamente satisfactorios que los dejaron en el segundo mejor debut vendido de la historia en Inglaterra.

 La tesis de que el revival estaba completado y saturado, parecía ser bastante una premisa bastante ambigua, entre tanto Franz, Strokes, The Killers, YYY’s. Había espacio aún para confeccionar material de rock contemporáneo que permitiese explorar diferencias sustanciales. Los Arctic tenían cosas distintas, partiendo por recorrer en su cuerpo  una sangre hipervitaminada, una estruenduosidad guitarresca que venía estipulada desde el juego de voces de su vocal, y la batería machacante que determinaba el impacto de cada canción. Eran una versión disminuida y tímida de MC’s5, pero con toda la cadencia de intentar superarse a si mismos, y claro, poder hacer especulaciones  sobre una banda de futuro reflexivo , que tanto cambio ha dado y favorecido su cosecha  con el pasar de cada álbum.

Cuando el joven quiere más y sabe que ya le salió bien algo a la primera, desafía sus límites y trata de captar algo mayor a pesar de que no tenga los implementos necesarios. Primeros son jóvenes inquietos, luego músicos trabajando. Sobre esta carga, revisamos los 5 mejores discos de Arctic Monkeys del mejor al más mejor.

5. Suck it and See (2011)

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Humbug había revuelto toda la onda de los dos primeros discos, trabajando desde la inmersión de un torrente más pantanoso, oscuro y que cambiaba la velocidad por intensidad álgida. Favourite Worst Nightmare tenía los últimos rastros de Acné de una banda que quería más, y que fue en la búsqueda de factores externos que pudiesen alterar su percepción. Ya con el compromiso de trabajar hacia la evolución y ser netamente personas duras, trabajaron con Josh Homme para dosificar lo pulcro. Primero se engancharon de riffs duros, luego con estribillos densos, para terminar en un hard rock que hacía intercambio a ese Proto-Punk de poros lo-fi. Suck it See es un sólido midtempo de disonancias esponjosas, que los acercaba entre la Black Rebel Motorcycle Club, Black Sabbath y Queens of the Stone.

Ahora cada canción se reforzaba mediante capas, alienándose con resultados que pudiesen alimentarse con lo melódico y lo armonioso. A pesar de abandonar la ligereza exorbitante de su órbita frénetica inicial, había un juego de homenaje  hacia Nick Cave y esa conjugación de empalarse dentro de un pop de tejido duro. ¿Qué podía perjudicarlos en esta ocasión? Esa definición media ambigua de dualidad pasiva que los hacía ser duros pero dudosos, queriendo abarcar dentro de sus pisadas algo de contención; pero no de contener como sabiduría, sino por miedo de crear un anticuerpo que se desvanecía ante la presión.

De cierta forma este disco habla de la versatibilidad de Turner por congeniar mixtura y ser el administrador de todas las piezas. La batería de Helder parece ser una nueva forma de manifestar su entereza, trabajando en post de la maximización de la ambientación, y dando una sensación ondulante de estar sumidos ante la ralentización ejercida por fuerza, Este trabajo es la recreación del virtuosis por desarrollar A y B, sin querer perder sus tótems antiguos, para ello proclaman estrategias en todas sus canciones. Queda de manifiesto en ejemplos como “That’s Where You’Re Wrong”, que con dos acordes pueden explorar mucha carga; otras del tipo “Love is a Laserquest”pueden sonar tan pop pero de barniz complejo; y  otras del estilo de “Don’t Sit Down ‘Cause I’ve Moved Your Chair”, realizan una versión stoner y de cabalgata lenta, capaz de arrollar con su presencia como si fueran un cambión de mucha carga.

4. Favourite Worst Nightmare (2007)

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¿Sería posible superar la energía imperiosa de su debut? ‘Favourite Worst Nightmare’ es la extensión vigorosa de su primer planteamiento, pero que esta vez iba buscando en todo momento el ritmo pegadizo y atractivo, cayendo en ese plan de abarcar a muchos espectros mediante diálogos menos complejos. La presunción de una banda mayormente pop rock  en esta ocasión les nutría como personas que podían negociar sus términos.

A medida que escuchas el disco vas notando que las fórmulas del debut siguen tornándose las leyes que mandan el mundo de los Arctic Monkey, eso sí, con margenes más ritmicos y menos complejos. Aún siguen teniendo esa facilidad de cambiar los parámetros estructurales de cada canción en el momento que lo quieran, lo cual los caracteriza en ser visceralmente potentes en una y exageradamente melosos en otra. “Brianstorm y “Teddy Picker” habla de ese lado bombeante que va creciendo desde la ligereza, hasta la explosión liberadora y otras del tipo “Only Ones Who Knows” caen en un folk salpicón para sacarse durante la melancolía.

Los Monkeys suenan reales, y no caen en los tópicos del rock británico de ser una radiación en forma de tributo. Hay temas que propician el baile, otros como “Fluorescent Adolescent” mantienen una apariencia de lentitud y francamente pomposos y melosos. Un disco que cae entre el fin de la adolescencia y el comienzo de la reflexión, momento donde las vueltas en tu cabeza se van intensificando y van diversificando las energías. Este disco marca el fin de una era.

3. AM (2013)

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AM afianzaba la oscuridad de Humbug y sacaba todo esa pintura de pop barniz que tenía Suck it and See, para ser la banda maduramente pulcra. AM tiene éxito por ser unos Monkeys convencidos, soberbios y encadenadamente perfeccionados mediante la ejecución de riffs envenenados, swings con mucha líbido y una batería que se marcaba como beat de rap. Atrás queda el rastro del post punk juguetón y acribillador de sus inicios, para definitivamente pulsar con un hard rock de entereza.

Mucha nutrición de influencias por Cream, QOTSA, Led Zepellin y Black Sabbath hay en esta tesis, con progresiones en la base rítmica que intensifican la energía hacia caminos expansivos. La banda manifiesta con seguridad dar pasos de gigante dejando de ser una banda de tiempos medios. Las guitarras no van de lento a rápido, sino de despacio a fuerte. No van acordes que acuerdan adrenalina, sino viajes con notas que recorren progresiones. Y definitivamente queda de manifiesto en  los tonos de Alex Turner, los cuales se van haciendo más graves para fecundar personalidad, con unos falsestes desarrollados.

Caso próximo se da en las baladas tipo “Mad Sounds que tienen color Lou Reed; ” I Want it All” esa pasividad dura de T. Rex y “Arabella” va gravitando con esos ecos como si fueran delays, con viajes cargados al riff. En otros casos como “I Want it All” y “One For The Road” se van experimentando la forma de la voz en forma de “blues” para dar énfasis cercano y prominente a la curvílinea canción.

AM es sensual, oscuro, siniestro, duro y con una capacidad de levantar polvaderas. Tiene el carácter de James Dean para ser duro, con clase y lascivo.

2. Humbug (2009)

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El disco más oscuro de las vivencias de la Alex Turner Crew. Josh Homme ponía control en tanta energía desparramada y hacía causar entregados en la profudización que le quería dar a la alegría juvenil de Alex Turner.

La veta más dura y sicódelica son el manifiesto de “Humbug”, implementando bajos radioactivos y ácidez perpertua dentro de esta piscina de arena movediza. El sonido elaborado dictaba de mayor pulcritud y de algo más compacto, para una banda que buscaba abrazar la dureza y la suciedad. Los Monkeys definitivamente mediante riffs desorientados a próposito, cambiaban los ritmos elaborados para verse salvajes.

Lo carrasposo venía ahora de influencias tipo Jimi Hendrix, The Doors, en canciones como “Humbug”, “My Propeller” y “Dangerous Animals”. En la excelente “Cornestone” es capaz de ser sonar minimalista dentro de un folk con forma de lija, para mandarse una de las mejores canciones de la carrera de los Arctic.

¿Qué lo hace tan diferente? Su expresión de crooner y esa sensación de búsqueda constante de reflejar una atmósfera ensoñadora que sea capaz de dibujar pesadillas y tremolos arenosos. La mixtura del disco es llevar la pausa hacia la turbiedad y zanjar esos tiempos venonosamente fantasmagóricos.

1. Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006)

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El post punk rápido de sus inicios es lo que más le retumba a uno en el colectivo referente a la imagen mental de los monos. Estamos claros que sus cambios han sido sustanciales, los cuales partieron con la banda que cortaba tiempos para armar otros, eso sí, siempre en favor de la rápidez.

Su debut olía a leche, una que tenía riffs tronadores, una voz dinámica y un manejo de los tiempos envidiables. La batería marcaba y detenía el clima y lo emergía en un subidón que alargaba esa sensación adrenalinica en modo orgasmo. La batería era incesante, los coros jugaban con las estructuras de las canciones, las cuales podían sentirse de una forma y al pestañeo tonarse hacia otra expresión. Tenían jugadas basadas en esa pulcritud de ligeramente furiosos sin la necesidad de estarlos, que suscitaban explosión tras explosión.

La sincronización en este trabajo es imperante, calzando el estribillo simple, los punteos y los coros que se sumergen en una cabidad que parece ser tímida, pero que al final solo trata de respiro necesario para contener y absorver tanto movimiento. El debut es verter la inquietud y el entusiasmo de estos jovenes que mataban con ese post punk directo y sin capas.

”Fake Tales Of San Francisco” y ”Dancing Shoes” demuestran la excelencia de Matt Helders por ir predominando el color y hacerlo parpadear hasta más no poder; ”The View From The Afternoon” y ”I Bet That You Look Good On The Dancefloor” es una batalla radioactiva de la misma banda por hacerte sentir que van a destrozar sus instrumentos y “Perhaps Vampires Is A But Strong But…” habla de una progresión galopante que se queda muda para arrojarte el grito hacia la batalla campal.

”A Certain Romance” es algo así como un resumen del disco, empieza sola la batería a la que se unen guitarras y bajo, la batería para, y vuelve marcando la parte siguiente, que abarca casi todo el tema, el más largo del disco, haciendo una pausa que deja al bajo solo para volver al mismo ritmo, con la voz intermitente en toda la canción, y un final instrumental que pone un gran punto final al disco.