Los mejores discos de Cocteau Twins (En orden cronológico)

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Ahora que andamos muy shoegaze/dreampop en LOUD.cl, se nos hace imposible no prestarles atención a los emperadores de la atmósfera e indiscutidos soberanos del new wave. Y no sólo prestarles atención, dedicarles un post a su discografía completa se hace esencial y necesario para comprender las dinámicas de composición y arreglo de artistas de renombre cuya propuesta musical se ve tocada e influida por el halo sonoro dreampopeado oscuro de los Cocteau Twins, sea de la época que sea, como Mazzy Star, My Bloody Valentine, Ringo Deathstarr, Alcest, Slowdive, etcéteras.

En el post de hoy nos trataremos de centrar en los lanzamientos de larga duración de los muchachos de Escocia, así como también en los elementos emotivos diversos que, en su construcción compositiva de la mano de Robin Guthrie,  evocan cada uno de ellos como un universo discursivo único en comparación a los demás, intentando hacer una guía para encontrar emotivamente lo que buscas en Cocteau Twins, sin dejar de lado lo estrictamente sonoro.

Garlands (1982)

El brillo detrás de Garlands es, paradójicamente, su intensidad investida de una tremenda oscuridad. Es un disco que habla por sí mismo de forma sombría, a través de guitarras fracturadas muy influidas por la drone music y beats electrónicos que acompañan la expresiva, extraña y escalofriante voz de Elizabeth, que articula un escabroso relato de melancolía acechante, donde el eterno retorno de Nietzsche parece un ejercicio intelectual ambivalente. La atmósfera no es sinónimo de tranquilidad y este disco queda de testigo, dejando al público inquieto pero con ganas tremendas de darle otra vuelta para ver qué cositas nuevas encuentras.

Head Over Heels (1983)

Si Garlands era la tristeza en fonogramas, el ejercicio emocional que Cocteau Twins quieren realizar en Head Over Heels es una vuelta de tornillo, usando elementos sonoros similares, hacia una impresión y personalidad discursiva más optimista. Garlands es ínfimo y pretende ser instantáneo, porque el dolor que conlleva su actitud no quiere ser vivido, pero lo que pasa en Head Over Heels es todo lo contrario: es expansivo, extendido y, como evidencia el tremendo uso de eco y delay en la voz de Elizabeth, esa etereidad del dolor evidenciada en Garlands desaparece para que el optimismo quiera durar mucho más que su predecesor. Es un grito desde la oscuridad que se alza por su vida y autoconservación: lo gótico propiamente tal vive en este disco.

Treasure (1984)

Treasure marca un paso más allá en el eje emocional en el que se desenvolvían los discos de Cocteau Twins discursiva y sonoramente, estableciendo un carácter tremendamente épico, grandilocuente y barroco, con una personalidad única, capaz de otorgar poder al escucha de una forma casi sobrenatural. La capacidad atmosférica de los escoceses se hace notoriamente brillante, estando localizados desde cierto minimalismo o “precariedad”, siendo naïf sin querer serlo, lo que definitivamente aumenta el mérito del disco, haciéndolo discutiblemente uno de los mejores que la banda ha entregado en su historia.

Victorialand (1986)

Desplazando la centralidad de las percusiones que en sus anteriores lanzamientos había sido patente y notoria, Victorialand sonoramente se alza como el primer trabajo centrado en la ambientalidad como posición sonora principal en el sonido de Cocteau Twins. En esa misma línea y mismo sentido, los escoceses parecen intentar articular discursivamente un disco integrativo en torno a las emociones que buscan evocar, tratando de hacer más un disco holístico, versátil e íntimo que uno unidireccional, poderoso y autorreferente, que era la tónica de sus discos anteriores. Un disco menos confrontacional y que intenta abrir el gusto y la apelación de forma más generalizada, eso es Victorialand.

Blue Bell Knoll (1988)

Lo que pasa por Blue Bell Knoll son las influencias más duras de la música dance ochentera europea , que dicen “presente” a lo largo de todo el disco; sin embargo, la impresión que deja es de un disco aplanado, con poco sobresalto y momentos más bien homogéneos, haciendo de Blue Bell Knoll un disco maduro pero demasiado sobrio. Sin duda que el sonido protagonista de este disco es la voz de Elizabeth, que se toma ribetes más pop, juega con más melodías armonizadas, se hace presente la glosolalia a su máxima expresión y toma variados ribetes actitudinales, yendo del acecho y oscuridad  a la calma y brillantez de forma muy natural.

Heaven or Las Vegas (1990)

Heaven or Las Vegas es un nuevo campo de exploración sonora para Cocteau Twins. Lo que salta a la vista a la primera pasada es el asentamiento de un proto- trip hop amparado al calor de beats electrónicos ultra-pegados, atmósferas más disciplinadas y menos dreampopeadas, y una para poética-discursiva más separada de la realidad. Las letras y el desempeño vocal de Elizabeth suenan fuera de este mundo, pero como si conocieran este mundo muy bien y nos quisieran hablar secretos de él que somos incapaces de explorar epistemológicamente.

Four-Calendar Café (1993)

El disco para poner el pie en el freno sin duda es Four-Calendar Café. Retomando el estado anímico optimista del Head Over Heels, los chiquillos de Escocia se toman de las manos, cierran los ojos y deciden tomar elementos del pop para explotarlos con el cincel de su sello personal, abrazando técnicas de composición y ejecución más convencionales musicalmente, intentando ampliar el espectro de oyentes y en un proyecto de hacer música más oreja, similar al ejercicio que hizo The Mars Volta con su Octahedron. Porque al desacelerar un poco un ritmo rampante consiguiendo conservar la identidad y el sello personal, estamos frente a una banda única.

Milk & Kisses (1996)

Un disco de premeditada despedida que plasma un adiós entre sus acordes y melodías es Milk & Kisses. Recibe al oyente con una sonrisa aunque el disco tenga un nudo en la garganta de aguantarse el llanto, intentando abrazar al que escucha con la suavidad de la voz de Elizabeth y los acordes atmosféricos y precisos de Robin, cuyas guitarras tienen un reverb con un deje característico de la transición entre las décadas de los ’80 y ’90. Un adiós que intenta ser compuesto y digno, pero que al voltear la cabeza rompe en llanto y te corre a abrazar.