Shintaro Kago: Pincel de la muerte. Hambriento de lo sórdido

Shintaro Kago: Pincel de la muerte. Hambriento de lo sórdido

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Japón siempre provoca choques culturales bajo su idiosincrasia, que no tienen ni la mínima intención de empatizar con los canones occidentales. Muchos códigos de su normalidad para nosotros resultan ser una rareza; un frikismo bañado de tabús, que en una sociedad generalizada siembran encrucijadas moralistas, con asociaciones de ideas marcas hacia “patrones de lo correcto” y lo degenarativo. Mucho del Arte de época de Japón tiene fetiches sexuales desarrollados (Como los tentáculos)que caerían  como “enfermedades”, por vulnerar conductas típicas. No se tiene un sentido contemplativo agudo de abrazar arte, donde lo rico para ti puede ser lo grotesco, y lo vulgar ; así como para Boris o Merzbow el ruido puede ser el manjar, y el pop de Lady Gaga el ruido.

Junji Ito, Toshio Maeda, Waita Uziga y Suehiro Maruo (por nombrar algunos), recrean su espíritu sensorial sobre la muerte y lo trágico, en la desfiguración cruel y cercana de contemplar mutilaciones, orinas, enemas, siempre en una exageración. El Eroguro (Nada que ver Eichiro el visualin) vendría siendo la templanza de una cinta de tipo Violent Shit, en una calaña exorbitante de Snuff Japones de la talla de Guinea Pig. Es obvio, teniendo la destreza de poder traspasar en un lápiz toda tu imaginación, van a ceder tus interpretaciones de lo desconcertante y el impacto profundo. El humano vive inconsciente del morbo, siempre pululando la provocación de nuestros límites y alimentar su curiosidad, sabiendo que eso le causará terror o se van a mear.

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Kago experimenta en el cómic con monstruos amorfos, con recursos donde multiplica la manera geométrica del número de viñetas y es capaz de solventar en fábulas escabrosas un mundo de secretos y tesoros del pasado de cada personaje, que claro, vivieron una tormenta sórdida en vida. Su inventiva te deja sorprendido en su nivel de implementación y compenetración de lo erótico y grotesco, dejando boquiabierto a más de una persona. El hecho de tu asombro es su pago y el sabor que tanta fama le da.

Entre sus obras más conocidas se encuentra “Novia ante la estación”, “Fraction”, “Cuaderno de Masacres”, “El gran Funeral” y “Calle Paranoia”. Estas obras son participes de lo irónico y su arte de ser un fotógrafo malsano de la deshumanización. Es el titiritero que exuda  dramatismo a puntas de machaques a un nivel de chocolate impresionante, actos reflejos de hacerte tiritar y no dejarte indiferente.

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Las referencias de Kago son sabidas y maneja una adoración hacia el cine setentero Italiano, ese que ha dado referentes de la obra de Dario Argento, Lucio Fulci y Mario Bava, además de otros externos como Tod Browning y George Romero. Su fetiche oriental es “The Crippled Masters”, la cinta donde dos minusválidos reales practican artes marciales.

Kago a diferencia de Maruo, es menor preciosista en el detalle de sus dibujos. Esta alma es quien se come la caca, y habla sobre esas ideas que crees tonta y callas para no quedar como un insano enfermo. Mauro tiene un recurso para reflejar lo onírico de manera tan palpable, que te asombra siempre. Quedar perplejo es su naturaleza y recrear universos fuera de serie son su mejor trabajo.

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Si eres amante de la coprofagia este es tu autor. Acá nadie juzga a nadie, pero si vas a poner en praxis su liveaction de viñetas, mejor vive tu inquietud dentro de tu casa.