[Crítica] Rocknrolla

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En los primeros minutos de una película se confirma el flechazo. Una invitación expectante para todo lo que se viene. En RockN’Rolla de Guy Ritchie el comienzo es vibrante a pesar de lo cliché. Mientras se define la masculinidad gánster deja en claro que ser un RockN’Rolla está por encima de la cadena alimenticia dejando al espectador esperando por la acción, que irónicamente, nunca llegará.

Un rockero vale más muerto que vivo, dice un personaje de la película mientras la cámara se desplaza por el cuerpo bien formado y desgastado de Johnny Quid, un músico drogadicto por definición que finge su muerte y es nada menos que el hijo despreciado de Lenny Cole, el gánster más importante (y quizás el ultimo) de la vieja escuela de Londres.  Mientras tanto, unos ladrones de poca monta -masculinos y ridiculizados- ayudan a la contadora sexy de un multimillonario ruso, a robarle el dinero que tiene destinado para la compra de terrenos ilegales, transacción que obviamente hará con Lenny Cole. Si este párrafo se les lee como historias entre cruzadas y llena de estereotipos, están en la correcta interpretación. RockN’Rolla se mueve en un vaivén donde el hilo conductor se rompe cada cierto tiempo. Un acontecimiento salta al otro sin grandes argumentos y te deja pensando si te perdiste alguna parte clave, pieza que jamás se encuentra.

En sus primeros 25 minutos la película es bastante plana, pero deja en claro la intención del filme, humor y  acción, cuando los dos compañeros, One Two (Gerard Butler, 300) y Handsome Bob (Tom Hardy) tienen una situación extraña porque Handsome Bob le confiesa que tiene sentimientos hacia él, lo cual en una película de supermachos es completamente improbable y se agradece porque le cambia todo el tono pareciéndonos una gran ironía.

Así la película avanza en su trama, la búsqueda del cuadro del multimillonario ruso, el dinero y la muerte fingida del rockero. Nada suele tener tanto sentido, dejando con la sensación de que la acción ya viene pero la verdad es que nunca llega.  La fotografía acompaña. El elenco de actores no es brillante pero funciona bien. La violencia no es apasionada. Incluso en el final sigue dando la impresión de pose, ya que en ningún momento llega la catarsis de balas que uno tanto espera. Ni el encontrar a Johnny Quid o la muerte de de Lenny Cole en manos de sus seguidores logran recuperar al espectador de la efervescencia tan prometida.

“Ahora soy un verdadero RockN’Rolla” asegura nuestro rockero al final, dando la premisa para lo que será la segunda parte de la película y  la última señal de esperanza. Dejando a la luz que el Guy Ritchie de “Lock and Stock” y “Snatch” se quedó dormido, y que seguirá en el mismo dilema que siempre. Como un director que da luces de mucho talento, pero no sabe manejarlo.

Nota: 4.5 de 10.