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Por Herman Allimant

La opera prima del cineasta argentino Ezequiel Acuña, se enmarca en un contexto, verdaderamente, nostálgico. Es uno de esos trabajos audiovisuales, que sorprenden por su simpleza, y no me refiero a lo básico de su temática sino al modo en que los recursos son utilizados. Pocas veces el cine argentino había tratado de tal manera, una temática adolescente con un protagonista creíble, que puede parecer tan real como ficticio.

Si camina con dirección al mar, es porque de seguro tiene muchísimo qué mirar y en qué pensar, porque está sólo en medio de una gran ciudad, sin el apoyo constante de parte de la gente que más quiere. Martín Cánepa (Nicolás Mateo) es un joven de 17 años de clase media, que no se cansa de caminar por las calles de Buenos Aires y que inmerso en la melancolía, parece disfrutar de los detalles que el resto pasa por alto. La relación con su familia y el mundo que lo rodea apenas existe. Su mejor amigo y compañero de curso, Guillermo Lucena (Santiago Pedrero), ya no es el mismo de antes; su banda de rock ya parece ser un proyecto estancado y las ansias por saber el paradero de su hermano, luego de dos años, tienen un punto de unión: la incertidumbre. En él se nota a simple vista, las ganas por compartir con quién sea, Martin parece rogar amistad y buscar afecto en quienes aparecen en las circunstancias más inesperadas, como ocurre con Luciana Tamborino (Antonella Costa), un amor inesperado, tan repleto de ilusión, que parece llenar por un momento el espacio vacío del protagonista. La lluvia y la humedad sobre Buenos Aires y otras ciudades que recorre, parecen brindarle a este film, la estética perfecta para comprender la historia como un cumulo de circunstancias reflexivas que ponen en jaque la estabilidad emocional de Cánepa.

Lo más probable es que al verla, intuyas que se trata de una historia contemporánea, pero te aseguro que será inevitable volver al pasado. A través de sus parajes sombríos, el oxido en las rejas del ante jardín y la mirada perdida de Martín, también comprenderás las enormes ganas del director por mostrarte algo más que un fiel reflejo de la juventud de la época, ésta alejada del apego a lo material, aquella que permanece horas mirando el cielo de su habitación.