Perfect Pussy – Say Yes To Love (2014): Suficiente ruido como para constatar un punk creíble

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La prueba de fuego ha sido lanzada. La vida de Meredith Graves con sus Coños perfectos está sometida a prueba en ese torbellino llamado hype, donde con canciones como “3”, Pitchfork nos ha querido vender el envoltorio de “Revelación del punk”, como la salvación de una nueva era de poco ruido. En cierto modo han tenido buen ojo con bandas como Fucked Up o Deafheaven, que a pesar de pagar el cuestionamiento del lugar de donde fueron promocionados, han sabido dar clase y dar vueltas tuercas en los movimientos de donde se han alimentado musicalmente.

Si quisiera tratar de meter a Perfect Pussy en un contexto claro, simple y de ejemplo de manzanas, atendería al contexto de ese rollo rocker de actitud de”Savages”, pero con un dejo de ruido ambiental que tanto hacen gala por hoy bandas como Japandroids y No Age; con una pisca del Refused del The Shape Punk To Come y el simil visceral que alcanza Eva Spence en Rolo Tomassi. Vale decir que no estamos ante una nueva Kathleen Hanna en cuanto a discurso feminista; no obstante la imagen de Meredith cae de plano en la voz del feminismo ante la postura de acompañarse en un ambiente punk, donde conversa por sobre un dramatismo totalmente creíble, que se le ve en el semblante de angustia.

Este trabajo es un huracán de distorsión, de aspecto transgresor, eso sí, con un denominador reflector de lo-fi y una cavidad de Art Punk. No se puede evitar consignar que acá lo áspero de la voz y esos riffs copulan bajo la finalidad del ambiente y no de esa actitud opresora por cavar un hoyo y hacerlo mierda. Las siete canciones del disco van al grano, acogiendo al ruido como melodía, donde cada speech resulta una recitada de pura poesía, que quiere transmitir una carga emocional enorme. 7 Canciones de avance incendiario, de aceleración e intensidad y rasgaduras de guitarras que caen como razones para ponerte en frente e interiorizar la contención de lo poderoso del mensaje.

A pesar de que este álbum consigna esa característica del “riff que reconoce de primer impresión a la banda”, donde ya intuyes de que tratará y cómo sonará, hay sorpresas en tracks como “VII”, donde el sintetizador juega a orgánico y desfilar en un trance visceral, cómo si quiciera ser una canción de los Death Grips; o el ejemplo de “Bells” y “Big Stars”, que a pesar de tener el chirrido intenso/extremo son capaces de tener capas complementarias como en el shoegaze. Ya “Driver”, “I”, “III” o “Advance Upon The Real” son incisivas, penetrantes, con tanta marea que en algún momento se pierde el punto en el caos; son de esas canciones dignas para dejarte llevar por el impulso.

Un disco bien básico, simple y que sólo hace explotar ese sentimiento de entrañeza que tenemos por bandas como Pavement o Big Black; dos tipos de estructuras que recaen en lo pulcro, lo DIY y la contención de la fuerza, en post de recrear una armonía. Puede que “Say Yes To Love” te llegue a saturar por esa excesiva toneladas de acoples y disonancias, pero será capaz de forjarte ganas buscar un par de otros discos similares. Nada que no haya hecho Iceage. No todo el noise pop sintético del futuro viene de la mano de Alice Glass.