Woodkid – The Golden Age (2013): El renacimiento de la magia

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Escrito por x Juan José

En una época dominada por el estridente sonido de guitarras a dúo, baterías compuestas por ritmos predominantes de la movida indie y el pop netamente comercial surge desde Francia, Yoann Lemoine bajo el seudónimo de Woodkid creando una estética totalmente distinta a lo que se estila en la actualidad.

Dentro de sus proyectos no sólo destaca la escena musical que ha levantado. Se ha dedicado a las artes en general, produciendo vídeos para artistas como Lana del Rey, Drake y Moby, además de una interacción entre las intervenciones visuales en conjunto con su música; una experiencia en vivo imposible de olvidar.

The Golden Age es su primera larga duración con el que se enfrenta en primera persona al mundo y la escena musical actual. La potencia del disco se ve reflejada en la capacidad sinestética de cada uno de los cortes; la imaginación es una parte fundamental al momento de escuchar cortes como Run, Boy Run y el tema que le da nombre al disco.

Lemoine destaca por su habilidad de unir tanto los paisajes que crean sus temas con la propia música; un viaje a través de lugares en los que perfectamente se podrían ambientar películas como The Lord of the Rings. Incluso los cortes que se desligan un tanto de la estética mágica logran evocar imágenes similares, tal es el caso de I Love You y Ghost Lights.

Todo el disco se encuentra en una mezcla de la voz grave de Lemoine junto a instrumentos de cuerda y acordes de piano que logran suavizar y transportar a sitios desconocidos, tal es el caso de Boat Song, The Shore y Shadows. No obstante, su capacidad para interactuar con aquellos elementos evita la posibilidad de una placa plana y monótona, cada corte presenta un carácter por si mismo que les otorga vida independiente y una capacidad para desarrollarse por sí mismos.

A momentos, logra crear la sensación de una épica batalla con cortes como Iron, The Other Side y Conquest of Spaces sin embargo su voz extrae lo mejor del tono para acoplarse de manera excepcional a luchas de acero, sangre y llantos. Una experiencia totalmente conceptual a un nuevo nivel; no es el tema del disco, es su capacidad de crear escenas en la mente del público apoyado por una impresionante puesta en escena en la cual, el músico se ve asignado a un costado para otorgarle el papel protagonista a sus composiciones y proyecciones visuales.