LOUDClassic: Dog Faced Hermans – Those Deep Buds (1994)

img

CS427141-01A-BIG

Hay bandas desconocidas cuyo hipotético paso por el mainstream fácilmente nos cuestionaría completamente nuestra manera de entender y disfrutar la música tal como lo hacemos ahora. Y eso pasa con el último disco de la banda que revisaremos hoy, la cual estoy completamente convencido es la mejor banda de música del siglo XX. Estoy hablando de los escoceses Dog Faced Hermans, cuyo discurso artístico simple, con desplante, intenso y concreto pasó algo desapercibido durante sus 9 años de actividad, pero que ha sido gradualmente redescubierto en nuestra época.

Dog Faced Hermans fue una banda cuyo estilo no era autodefinido pomposamente ni con grandes pretensiones: era definido como lo que era y nada más (esa enfermedad mental de decir que un tema lento y atmosférico responde al dream pop, al post-rock, a la psicodelia de fines de los ’60 y al jazz negro de Billie Holiday y Nina Simone cuando no tuvo nada de eso jamás en la vida, quéchucha). Así es como el género de esta banda es definido como anarco-punk (letras anarquistas libertarias, baterías rápidas, guitarras incendiarias y bajos melódicos) con influencias del folk (arreglos de trompetas, cornos y violas) y del noise (efectos atmosféricos ruidosos de guitarra, trompetazos etéreos, metales raspados, etc). Estuvo formada por la vocalista y trompetista Marion Coutts, el bajista Colin McLean, el baterista y cornista de faro Wilf Plum y el guitarrista y violista Andy Moor. Sacando un puñado de EPs y LPs durante su vida en activo, hoy nos volcamos a su último lanzamiento, el cual se convirtió parte muy importante del setlist de su última gira, Those Deep Buds de 1994. Una mezcla entre lo convencional y la bizarriedad como nunca antes se había escuchado y que pasamos a revisar ahora.

Lo primero a tomarle atención a este disco son sus letras, lo cual usaremos como pauta para analizar cada canción. Éstas nos hablan más que en otros lanzamientos de Dog Faced Hermans acerca de liberación sexual y derrumbe del patriarcado, como en Keep Your Laws Off My Body (keep your laws off my body […] I will live in no dark ages) y en Les Femmes Et Le Filles Vont Danser, canción con guitarras preparadas y extraños sonidos que emergen de ellas, haciendo de atmósfera para una batería armada para hacerte bailar de la forma más demente posible, junto con cowbells y el sonido casi percusivo de las guitarras, que adquieren mucho más carácter bailable al acelerar el ritmo y entrar las trompetas, cual baile de tercera clase en el Titanic. La vida urbana, la cotidianeidad del proletariado industrial y una bella y desgarradora metáfora acerca del sol, la luna y los logos de marcas comerciales se dan en Volkswagen, canción que solía abrir sus setlist en los show de su gira del año 1994. Una canción de ritmo lento, algo acechante, con una melodía de bajo que conduce todo el tema rítmicamente y una melodía vocal muy influida por la danza interpretativa, fundiéndose con los recovecos más impensados de la canción. Momentos donde el acechar se convierte en atacar los hay, donde la batería y la guitarra se funden en ataques semicorcheados y el bajo se vuelve netamente punk, junto a la voz de Marion Coutts, que juega con escalas altas y medias cuando no está soplando la trompeta, cuya melodía toma independencia y personalidad cercano el final de la canción. Una crítica satírica, pintoresca y al hueso a los “presos” por violaciones a los DDHH puestos en libertad escuchamos en Calley, llamada así en honor a William Calley, responsable de la matanza de My Lai en Vietnam en 1968, donde en su mayoría fueron asesinados niños y mujeres, siendo indultado posteriormente por Richard Nixon y puesto en libertad el año 1974 después de pasar 3 años como el preso con más privilegios en la historia de los Estados Unidos. Especial cariño le tengo a esta canción, en tanto que se arma líricamente como un relato de una anécdota, la cual es a veces hablada, a veces cantada, pero cada palabra siempre parece perfectamente puesta en su lugar. Qué decir de la música, que ambienta el relato (que a estas alturas parece el director de orquesta de la banda) de manera perfecta, atmosférica e incómoda al principio, sin piedad, rápida y aggressor hacia el final.

Tópicos como la naturaleza de la humanidad, su relación con sus constructos y las consecuencias de esos constructos (más importantemente la pobreza) aparecen en H Tribe, con características sonoras más étnicas y enfocadas sobre todo en la percusión orquestada y una Marion Coutts cantando de una forma excesivamente burlona, muy a tono con la letra. Guitarras que cobran gradualmente protagonismo hasta el final, donde H Tribe se transforma en una canción influida por el blues de forma muy extraña y bizarra, con Marion susurrante y afilada y una trompeta muteada y con pretensiones de jazzera. No hemos hablado del tema que da inicio a Those Deep Buds, Blessed Are The Follies. Líricamente transgresor y poético, frenético y melódicamente simple en sus bases. Esquizofrénico, saltando entre momentos de ataque y repliegue, ofensiva y retirada, los trompetazos en armonía de Marion hacen su aparición de forma precisa. Momentos repartidos entre cohesión instrumental y etereidad absoluta, con Marion susurrando palabras ininteligibles, Andy Moor asesinando su guitarra y mucho cowbell cortesía de Wilf Plum. Más humorística que Blessed are the Follies es Lie And Swell, con una letra adolescentista y sexualmente ingenua, con harto quiebre de ritmo y melodía de trompeta, volviendo a la estética de música de baile antigua y de carácter más popular. Human Spark, partiendo tímidamente con un riff de guitarra muy poco ortodoxo, se destapa y dispara balas por doquier transcurrido poco tiempo, mostrando ciertas similaridades con el sonido punk de los artífices del post-hardcore autogestionado, Fugazi. Canción con diversos cambios de ritmo y riff que hacen ponerle oreja en todo el rato, matando el aburrimiento musical y llamando tu atención a cada rato, algo similar a lo que pasa con Virginia Fur, que, aunque no es tan frenético y rápido como lo es Human Spark, tiene sus pildoritas. Jugando con guitarreo inconvencional, Andy Moor crea un riff que conduce un solo de trompeta que parece ser continuado de manera complementadora por la voz de Coutts, para después sevo, dejar la patá. Finaliza el disco con una calmada improvisación libre influenciada por el jazz y el noise llamada Dream Forever.

De esas bandas que tienen todo bueno, que no se olvidan, que deberían conocerse más (por la chucha) y que siempre será bueno escuchar. Eso es Dog Faced Hermans. En LOUD.cl creemos fielmente que una de entre las varias preguntas que cualquier medio musical debería responder es cuál es el disco favorito de Dog Faced Hermans de su revista/magazine/blog/fanzine? Nosotros ya lo escogimos. Y eso que no hablamos de su puesta en escena, tenga usted.