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[Crítica] 127 Hours

La versatilidad de Danny Boyle no se conforma en revelarnos nuevos escenarios. Resulta difícil contrastar a ese Manchester, rodeado de drunkies y drogos (Trainspotting); aquel Holocausto Zombie con seres humanos infectados (28 Days Later) o las desventuras casi imposibles de Jammal por conseguir su libertad emocional (Slumdog Millionaire). Desde esa misma imposibilidad parte este director, la cual reúne a todos sus personajes en dificultades y dilemas absolutos. El hilo de viaje es el ser humano frente a la adversidad y la manera en que éste puede tomar una decisión y luego moverse por otra. El resultado siempre va a depender de él y es ahí en donde se mimetizan los pasos en el espacio físico, junto a ese recorrido espiritual de la decisión. El vértigo de mover neuronas, la inquietud de titubear y esa pisca de convertir detalles en historias titánicas, distingue al británico, de otros camaradas. Esa raíz conecta con esta nueva historia, en dónde el infierno está presente por 127 horas.

Basada en una historia real, es la anécdota de Aaron Rolston, un joven aventurero alpinista que decide por un fin de semana, escalar y recorrer montañas en Utah. Habitualmente decidía realizar actos sin avisar, lanzándose a viajes a todo terreno. Su ruta se embarcaba en un resultado diferente, ahora con un accidente que provoca el atasque de su brazo con una roca y la imposibilidad de poder liberarse. Los utensilios necesarios para sobrevivir los tiene, el dilema se plantea en esas herramientas emocionales que carece y entrelazan la dificultad de poder regresar a su vida real ¿Tendrá el ímpetu necesario para poder escapar?


Las murallas se vuelven un bloqueo en sus sentidos, y desde esa vertiente de dudas se gestionan nuestras primeras dudas: ¿Por qué no aviso de su salida a alguien? ¿Representa su espíritu aventurero una manera de formar autosuficiencia? En ese mismo enfoque, vamos sacando respuestas y logrando entender la personalidad del hombre. Esa mano atascada por una gran roca, se metaforiza con esos obstáculos que tiene con sus queridos. A medida que va conectando esas trancas, su ánimo va cambiando y la fuerza de querer realizar un movimiento universal se dispara a querer salir de ahí. Su desesperación desaparece y hará todo, pero todo por volver. Ese mismo corte que pretende ejecutar, dispondrá un fin, a ese estancamiento real y espiritual.

La versatilidad de plasmar el movimiento en sus pensamientos, caracteriza a Boyle como un buen conductor. Inyectar 127 horas en 90 minutos resulta tarea difícil para cualquier persona, menos sin tener un espíritu de psicomagia, alquimista o matemático. Racionalizar los alimentos para sobrevivir es una buena estrategia, la misma para poder saber distribuir espacios en una cinta con márgenes estáticos. Canal de este cúmulo de sensaciones es James Franco, persona en encarnar al heroico y factor desencadenante en desbordar una verborrea de angustias. Es esa misma empatía en querer solucionarle el momento a nuestro Aaron, que hace avanzar a la cinta, buscando opciones, esas mismas que Danny nos lanza y nos quita.

Cristian Poblete

I'm Danny Brown and Ryan Gosling. Primer Hokage en pueblo ruidoso