LOUDClassic: Britney Spears – Blackout (2007)

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Siempre que me encuentro con Blackout, se asoma la importancia histórica de todo el rollo metido en la confección de este disco. El trabajo más duro de Britney no es una banal casualidad, alimentado por la época más hardcore y nefasta de su vida. Lo de raparse, la sumisión con la drogas y el estado paupérrimo con el que presentó “Gimmie More” en los MTV Awards, abrió el morbo en saber y colocarse en cualquier notición de la Spears. Si, antes que la Cyrus y sus attention whore casi pornográficos.

El quinto álbum de La Spears que sirvió de sucesor del “In The Zone” y que además profundizo el quiebre definitivo de la Britney virginal, inocente y retraída, por la mujer que ya estaba atascada en el limbo de la perdición de los excesos. En pocos casos recuerdo que la inspiración esté tan impregnada, adornado con beats gordos que le dan realce a la dureza y la crudeza. Los señor Bloodshy & Avant, Danja y Freescha ensuciaron lo angelical, potenciando lo álgido con la cabidad del techno y los golpes con las primeras dosis de bassline, casi bropsteras. El trabajo en su totalidad puede sonar hasta casi porno, pero sin explicitar algún rasgo de desnudes o morbo; en su buena ley su ambiente te retrae de revelación y de ser el soundtrack digno de un Cabaret de mala muerte.

Nada está acá al azar, menos esas 12 canciones que dieron escuela del vapuleado actualmente electropop. Un ensayo que le sirvió para desahogarse y enrostrarles lo lacra que son los paparazzis en canciones como “Piece of Me”; o en Radar o Gimmie More lleno de susurros, gemidos y gritos que erotizan el ambiente, sin desbordar los niveles. En otras como “Get I Naked” parecen ser una versión 2.0 de The Neptunes con un R&B dance futurista; o emular clase como la de Kylie Minogue en la ochentera “Heaven on Earth”. Hasta hay sucedáneos de rap en “Freakshow” y “Toy Soldier” con una princesa juguetona pero bien sucia; y para rematar hasta tiene aportes latinos en “Ohh ohh Baby”.

Insisto…Black Out peca de visionario, cosa que se nota en demasía cuando empiezas a compararlo con la nueva faceta de los Black Eyed Peas en The End o la estrategia de David Guetta por asociar su historia con voces del pop. Es más, debe ser de las primeras veces en que te detienes a escuchar un disco de carácter pop en su integridad y te resulte tan ligeramente progresivo, sin caer en lo denso y siendo escrito con una carga emocional tan grande, bajo un vacío tan llenador. Britney acercó los primeros indicios de integrar el bassline en un mundo donde el R&B estaba saturado el mercado. ¿Qué más se puede decir de este disco? Que es demasiado brillante, ya con ese sólo hecho de poder de jugar con todos los planos posibles en todos los sonidos posibles, hizo realidad que cualquiera pudiese digerir tamaña influencia en alta densidad.