Beyoncé – Beyoncé (2013): El Hedonismo retratado en una mujer de lujo

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Para poder lanzar un álbum conceptual como lo es el homónimo, se debía idealmente no caer en la filtración para matar el feeling. Como buena entendedora de la mercadotecnia, al igual que su esposo Jay Z, tenía claro que el impacto frente a la sorpresa y lo imprevisto cultivaría una enorme fuerza curiosa, por digerir esa noticia impensada y de estruendosa importancia como lo es un disco de unas de las cantantes de pop y R&B de renombre comercial. Beyoncé tiene su propio “Holy Carta Magna Grial”, entrando en esta dinastía del poder de las influencias.

La intención de asociar cada canción en cada hilo visual ya es un hecho, y un trabajo minucioso que concibió codo a codo con  Terry Richardson, Hype Williams o Jonas Akerlund en cada metraje, que dibuja su vida como la mujer responsable, trabajadora, de ejemplo moral en lo alto y un carácter de símbolo del feminismo, que exuda el espíritu del “Yes, We Can”. Porque la reina del R&B no sólo juega con baladas y hits bailables en su background, sino que su poder social detrás de cada acto es un precedente en el forja-miento de su imagen; el dinero dejó de ser el último eslabón de la importancia social, dando énfasis en la riqueza de poder tener una cartera en temas políticos, de la moda y artísticos, codeándose con las personas que dan el paso en la contingencia. ¿A qué viene esto? Este disco viene a ser una especie de retrato de una gran mujer, resolviendo cada vivencia en particular en modo de autoayuda y acrecentando los lazos en cada ritmo con una carga valórica. Tenemos a la madre, la esposa, la mujer inquieta y reflexiva, la que también tiene apreciaciones claras sobre el sexismo, el aborto y el erróneo culto al cuerpo; con canciones lascivas, y efectos cadenciosos llamados a prender en el garage, el trap, el deep house y el rap. ¿Contradictorio, cierto?.

Lejos de los hits “Crazy In Love”, “Halo” o los lentos de “Love On Top”, el pronóstico en los nuevos aires de Queen B tiene una linea editorial de mandar una media en cada eje del disco. No sorprende alguna canción en particular, pero si mantiene un ritmo por donde es interesante caminar; sobre todo si te encuentras con canciones misteriosas como “Haunted”, digna de indagar en las características de Burial; la intensa XO con un R&B optimista; la disco dance “Blow”; la íntima minimalista “Mine” con versos con un experto del tema “Drake”,  e incluso ratos para darle al Cloud R&B etéreo con un experto en la casa nueva como lo es Frank Ocean. Un disco de muchos colores que se sirve para tener diversas reacciones con el pasar de los minutos y cumple esa necesidad de satisfacer el hilo emocional, servido en un álbum que deja con sus sonidos la instancia de la reflexión. El disco es reflexión.

Arriesgado movimiento, pero que trae un buen rollo artístico detrás de esto. Sonará pretencioso a cagar o dignamente la inquietud de Beyoncé por delimitar su estado actual en la vida en un formato de alto impacto. Una mujer luchadora que ha crecido bajo los defectos del día a día, que ha levantado su omnipresencia en lo artístico y personal, tanto como reina de lujo y glamour. Los fans de Knowles saben que ella ataca siempre por la fibra personal, por la empatia directa a intensa, la que usa y sacrifica su imagen en redención hacia el hedonismo y lo moral. Defiende a la mujer sin caer en el feminismo y te da coraje sin romper murallas…ese placebo que se reproduce en 4 minutos de canción te llenan el ímpetu.