[Revisión] El culto a la paciencia de Danny Boyle

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A Danny Boyle le gusta desafiar la fuerza de gravedad en el cine. La última película que lo puso en la cima una vez más fue 127 horas. Estrenada recientemente en Chile, la película es todo un desafío al sistema nervioso. Y hace muchísimos años que tiene la costumbre de ponernos al límite.

La historia es un poco de no-cenicienta. Boyle parte como un outsider de la industria del cine tipo hollywoodense. Partiendo por el hecho de ser de Manchester, ya significaba incluso un outsider en su propia zona geográfica. Despues de unos pequeños éxitos en la producción audiovisual, logró filmar Trainspotting (1996) que fue un ícono de toda una generación y una inspiración para las siguientes, dándole fama mundial. Irónicamente y siendo un director creativo y crudo, Boyle quería llegar a Estados Unidos a si que el judas de Mc Gregor lo convenció de filmar “La playa” (2000) zafándose del papel principal del filme y contratando sin que Boyle lo supiera a Leonardo Di Caprio, de ahí en adelante todo salió mal, y La Playa terminó siendo lo que todos supimos, cualquier cosa.

Con los años El American Dream aun no llegaba. Y no porque no se presentara la oportunidad, si no, porque Boyle tenía visualizado exactamente lo que quería hacer y no lo haría hasta que todos los factores estuvieran a su favor, por lo que hizo varias películas sin ningún gran éxito de taquilla entremedio como 28 días después (2000) Millons (2004), Sunshine (2007) hasta que llegó el oro. Slumdog Millionaire el 2008. La oportunidad que hizo que todo el cine de Boyle volviera a su curso normal, es decir, a toda esa rapidez esquizofrénica de su cine, donde los cortes van acorde con la música y todo tiene una tónica de corredor olímpico profesional. Colores fuertes y acentuados, películas en constante movimiento y una cruda realidad fueron los elementos claves para transformar ésta película en una de las más vistas el 2008 a pesar de su tónica extranjera y el Oscar a Mejor Director. La redención de Boyle.

A pesar de que aún hoy Danny Boyle es sinónimo de agujas infectadas, este gran visionario sigue impactando con su cine, lanzando este año 127 horas, todo un desafío a la gravedad, a los nervios y la angustia. Hoy un imperdible de los estrenos de verano.

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