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LOUDClassic: Descendents – Milo Goes To College (1982)

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Nos remontamos a fines de los 70’s.  punk is dead.  Luego de una década de ascenso, desgaste y caída, el delirio de los marginados de la sociedad de EEUU e Inglaterra agrupados bajo el alero musical del punk rock estaba llegando a su fin, dadas sus características en su más alta pureza. Si el punk quería vivir, tenía que dejar de ser punk. Así surgiría la digievolución del punk de la más vieja escuela, originada en los Estados Unidos y que recrudecería todo lo anteriormente hecho por su similar entre los años 1974-1977. El heredero? El hardcore.

Apretando el acelerador en torno a todos los elementos sonoros y líricos punk (dejando de lado lo visual como algo verdaderamente shockeante), el hardcore radicaliza sus tesis políticas plasmadas en sus letras, pasando de un simple descontento a estrategias políticas concretas, surgimiento de ideologías como el DIY y temáticas en favor de los marginados sociales (los mismos músicos de hardcore eran rezagados de la sociedad, parias que intentaban ganarse la vida). Beats por minuto mayores a los del punk, baterías rápidas y guitarras strummeadas varias veces por segundo era la vanguardia punkera hacia el fin de la década de los ’70 y principios de los ’80. Por esa época surgiría lo que se conoce como hardcore melódico que pasaremos a caracterizar a continuación, al mismo tiempo que caracterizamos al disco arquetipo que trazó una línea que infinidad de bandas que vendrían después seguirían.

Milo Goes To College (llamado así en actitud de bullying al vocalista de la banda, Milo Aukerman, luego de comunicarle al grupo su decisión de ir a la universidad) es el LP debut de Descendents, probablemente la agrupación fundadora del hardcore melódico, estilo el cual tomó cierto tiempo desarrollar por parte de ellos, tal como se puede apreciar su carencia en su EP Fat. Apelando a un sector marginado de la sociedad más cercano como lo eran los nerds buleados por sus compañeros de clase y por las minas que nunca los iban a pescar, Milo Goes To College pone también la primera piedra en lo que después sería denominado como el emo-punk y el pop-punk, donde las letras con temáticas de corte más emocional son la característica principal.

No yerran las críticas especializadas al decir que el Milo Goes To College es el hardcore de ñoños, por ñoños y para ñoños. Los ritmos de la batería son rápidos, escuetos, como las manos de un nerd estadounidense promedio que se traba al hablar o mueve mucho las manos en señal de nerviosismo. Las melodías de guitarra son casi perfectamente equilibradas, complejas pero no aburridas, pegajosas pero no facilistas; dignas de alguien perfeccionista que se esmera en hacer las cosas bien, como cualquier nerd apasionado de las cosas que le gustan. Y los bajos, potentes y enrabiados a ratos, como si fueran los vigilantes de la ira acumulada hacia los matones del colegio que quitan almuerzos, copian tareas y roban minas, y hacia esas mismas minas, calientasopas, huecas, superficiales y esnob. Así es, Milo Goes To College plasma la ñoñería en su sonoridad, empapándose de su esencia y tomando su bandera de lucha como reivindicación del orden social estadounidense, que trasciende a escuelas, lugares de trabajo, vidas amorosas, etc, comprimido todo en canciones de 1 a 2 minutos, como cuando tienes muchos calcetines y un sólo cajón para guardarlos. La venganza de los nerds.

La victoria de Milo Goes To College es más sabrosa aún cuando se desentrampa la actitud musical detrás del disco. Éste es un álbum con falta de pretensiones, un hardcore pesimista, poco pomposo y con baja autoestima (qué más característico de los nerds que eso?), haciendo a Descendents personas que no esperan su impacto y que, incluso, parecen no tan conscientes de ello. Una adolescencia que puede ser perfectamente extendible a toda una vida, dirían los “especialistas”; pero que subliman en discos tan buenos como lo es MGTL.

Diego Herrera

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